El negocio de los Vrah

Por Jonathan Novak

«Nuestro negocio no es menos artístico que la danza o la música, pero, al igual que a las putas de burdel, al hombre le cuesta apreciar la belleza cuando ésta le recuerda que después de todo, aún es un animal».

-Robert Ernest Walter-

A Robert Ernest Walter, nuestro líder, le gusta describir a los Vrah como un mal necesario. Por un lado, a nosotros los desafortunados huérfanos de las grandes urbes del mundo, nos provee de un oficio, hogar, comida, y de algo muy parecido a una familia. Por el otro, los Vrah nos encargamos de deshacernos de los indeseables de la sociedad. Esto significa matar por igual al hombre con millones en algún paraíso fiscal, como matar al hombre cuyo único pecado es darle una mala imagen a la ciudad.

Mi hermana Liska, cuatro años menor que yo, es un Enfield; casi un sinónimo de parásito. Dentro de los Vrah existe una división por niveles, cada uno describe la labor que realizan sus miembros dentro de la organización. El Enfield es el nivel más bajo, todo joven que entra a los Vrah lo hace como un Enfield y escala a Fénix con el krest, su primer trabajo.
Hace dos semanas, justo en su cumpleaños catorce, Liska recibió del Kirin, jefe de los Vrah en la ciudad, la órden de ejecutar el krest sobre el dueño de una empresa multinacional de energéticos, un tal Philippe Marly. Al parecer, a Arthur Ferrec, el autor del actual monopolio energético en el país, no le agradó la idea de tener competencia. Esa fue la razón para contactarnos y como siempre, los Vrah estamos contentos de ayudar por el precio justo.
Como un Habrok, mi labor consiste en asegurar que los menos experimentados cumplan con sus trabajos. Por eso no fue sorpresa saber que estaría encargado de guiar a Liska durante su krest.
El trabajo era fácil en esencia, Philippe develaría un pequeño monumento en la plaza mayor, un acto que presentaba la amistad entre PM Energetics y el gobierno de la ciudad. Dada la naturaleza del evento, la seguridad no debería ser un problema, el alcalde rara vez invertía en guardias personales y Philippe era conocido por ser un hombre pacífico y liberal. Que el evento fuera en la plaza mayor solo hacía todo más sencillo, el templete fue colocado a unos treinta metros de la calle más cercana, éste veía directamente al oeste, desde donde Liska tendría un tiro libre de unos doscientos cuarenta metros, a una altura aproximada de cuatro pisos, un tiro que estaba seguro Liska no tendría problema en realizar.
Llegó el día y Liska estaba nerviosa, algo normal en cualquier krest, no importa la práctica que los Vrah te hayan dado, nada te prepara para arrebatar la vida.

—¿Preparada? —le pregunto a Liska, ella se limita a asentir sin dejar de abrazar la maleta donde guarda el MSG90.
—¿Qué pasa si fallo Volk? —No me mira, su atención se encuentra ahí donde las personas se están juntando de a pocos.
—Un Vrah nunca falla. —Ambos llevamos años en la organización, ella debe saber a estas alturas que no se nos permite fallar.

Liska Coloca el bípode del rifle sobre el grueso parapeto del edificio donde nos encontramos, yo hago lo propio con mi PSG1, no tengo intenciones de hacer el trabajo de Liska; sin embargo, errar no es un opción.
El alcalde sube al templete, Liska suelta un bufido penoso.
—Tranquila —susurro para intentar calmar sus nervios.
Ahora sube Philippe, le da la mano al alcalde, la respiración de Liska se vuelve errática.
—No puedes permanecer como un Enfield toda la vida, no haré…
Un tiro se le escapa a Liska, este va a dar al hombro de Philippe.
—¡Mierda Liska! —exclamo al tiempo que la gente empieza a correr cubriendo sus cabezas, la poca seguridad se acerca frenética al lugar—. No está muerto, no aún, debes hacer otro tiro.
Liska obedece y descarga los nueve disparos restantes, cinco de ellos impactan sobre el torso de Philippe, éste cae, otros dos contra los guardias que se acercaban a ayudar, los últimos sobre cuello y sien de Philippe. Aún cuando no quedan balas en el cargador, Liska sigue jalando del gatillo provocando un clic rítmico. Le arrebato el rifle.
—Nos vamos. —La seguridad ya sabe dónde estamos, determinar la procedencia de un tiro aislado es difícil pero esa fue una ráfaga completa, el cuerpo de seguridad avanza seguro hacia nuestra posición. Liska, que aún asoma su rostro tímidamente sobre el parapeto, tiene la mirada fija en el infinito. Mi krest no fue tan diferente cinco personas muertas, cuatro más de las necesarias, las pesadillas vuelven en ocasiones. Luego te acostumbras, ya no es una persona, es un trabajo, un problema que debe ser removido.
Habiendo guardado ambos rifles, tomo a Liska del brazo, ella como si fuera de trapo se deja arrastrar por mí. La llevo hasta la planta baja, el edificio cuenta con una entrada al viejo sistema de alcantarillado de la ciudad, muchos de los viejos ductos están clausurados, pero aunque no encontremos una salida, será más seguro que salir a la superficie donde todo el cuerpo de seguridad de la ciudad estará buscando en unos momentos.
Duramos al menos veinte minutos caminando, dando traspiés de vez en cuando. Aún llevo a Liska tomada del brazo, su respiración ya se ha calmado. Alcanzo a divisar una entrada de luz, al llegar a la salida tapiada, el revuelo en el exterior me dice que no es buen momento para salir. Liska y yo nos sentamos cerca de la entrada. Guardamos silencio durante horas hasta que la luz de la luna se cuela por las rendijas entre los maderos que bloquean la salida.
—Solo dos víctimas —rompo el silencio—, no estuvo mal.
—No fueron víctimas, lo hubieran auxiliado. —Su voz suena sombría.
—Le metiste cinco balazos en el pecho, no habría sobrevivido.
—Eso no lo sabes Volk. —Tiene razón, yo mismo hubiera hecho ese último tiro en la cabeza si Liska no hubiera atinado al final.
Permanecemos en silencio un par de horas más, ya pasa de medianoche y las patrullas han dejado de pasar.
—Vamonos, Fénix. —Liska sonríe de mala gana al escuchar su nuevo cargo.
—No te corresponde a ti el nombramiento, Volk.

Una semana después Liska recibe una carta del Kirin, «…se confirma la muerte de Philippe Marly la tarde del sábado 17 de septiembre […] registradas dos muertes innecesarias […] Se acepta el krest de la joven Liska Misto, hoy nuevo miembro de los Fenix del Vrah, enhorabuena…».

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