Deus ex machina: la puñalada por la espalda de la creatividad

Por S. Bobenstein

El héroe yace tendido en el suelo, su espada rota y su armadura deshecha. Tanto él como todos sus aliados fueron derrotados por el Señor Oscuro, quien se acerca ominosamente hacia el herido blandiendo su gran hacha negra; se regodea ante su victoria inminente, el último de sus adversarios está a punto de morir por su mano, no hay nada ni nadie que pueda detenerlo. El arma del Señor Oscuro desciende con velocidad vertiginosa sobre la cabeza del héroe, él cierra los ojos en espera del golpe final… Pero, de pronto, el hacha se detiene en seco a centímetros del rostro del héroe, quien abre los ojos para ver la estupefacción del enemigo. El héroe se da cuenta de que ha desarrollado poderes telequinéticos, habilidad de la que nunca había dado indicios en toda su travesía, derivado de su deseo de sobrevivir y vencer. Con ellos, destruye hasta la última partícula del Señor Oscuro y regresa la salud a sus compañeros y a él mismo. Finalmente se logró librar al mundo de su más grande enemigo.

Esta manera de resolver un problema en narrativa es algo que debe evitarse a toda costa al momento de crear una historia si uno no quiere caer en la vulgaridad. Esto es el infame deus ex machina.

El término latino deus ex machina es un calco semántico del griego que literalmente significa “dios desde la máquina”; hace referencia al teatro de la antigua Grecia en el que actores caracterizados como dioses aparecían en el escenario mediante una grúa (mechane) o una trampilla, usualmente para resolver los conflictos y dar conclusión satisfactoria a la historia, independientemente de los sucesos ocurridos con anterioridad. Esta idea fue introducida por Esquilo y afianzada por Eurípides en el siglo V a.C.

Desde tiempos de la Grecia antigua hasta la actualidad, se considera al deus ex machina como un elemento narrativo en extremo simplista, inverosímil, mediocre e incluso vergonzoso, puesto que el autor ignora completamente la trama, los sucesos y la coherencia interna de la historia, y propone un evento “milagroso” que la fuerza a un determinado desenlace; esto casi siempre denota a un autor torpe, prosaico y falto de creatividad, quien no sabe manejar las complicaciones de su propia historia.

Una de las formas de evitarlo es usando las técnicas narrativas llamadas planting (planteamiento) y pay-off (recompensa), en las que previamente se establece un elemento que se irá desarrollando durante la trama y cuya finalidad es descubierta en un punto futuro de la misma, en otras palabras, todo lo que sucede en la historia tiene una causa específica que guarda coherencia con todos los sucesos narrados. Otra manera de evitarlo es reconociendo explícitamente en la trama lo improbable que el evento resulta, comúnmente para propósitos cómicos o satíricos, como una especie de metaficción.

Como ejemplos recientes de deus ex machina pueden encontrarse el salto olímpico de Arya Stark para matar al Rey de la Noche en Game of Thrones (David Benioff & D. B. Weiss, 2019), el poder de Superman de “retroceder el tiempo” para salvar a Lois Lane haciendo que la Tierra gire al revés en su película homónima (Richard Donner, 1978), la hipersensibilidad al agua de los extraterrestres de Signs (M. Night Shyamalan, 2002) o, en el contexto latinoamericano, cualquier episodio de La rosa de Guadalupe (Carlos Mercado Orduña, 2008-).

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