“Cold War”: Una historia que habla de mucho más que sólo amor

Director: Pawel Pawlikowski
Año: 2018 

La guerra y la posguerra son periodos históricos que afloran la inspiración de los creadores de historias. Ya sea de manera ficticia o biográfica, hemos conocido, a través de los ojos de los artistas, las diferentes percepciones de estas épocas. Pawlikowski no se queda atrás en su misión de contarnos su versión de lo que la guerra puede traer consigo aun después de haber terminado.

Y es que no se basa sólo en la evidente ficción que asegura las identidades en las que fueron inspirados los protagonistas de “Cold War”, sino que usa el contexto histórico para desarrollar sus peculiaridades y para justificar las decisiones que los encaminaron a cada una de sus tragedias y victorias.

Originada desde las propias memorias de su infancia, Pawlikowski cuenta la historia de Zula y Wiktor, dos personajes polacos que se conocen en un periodo de convalecencia bélica. Polonia está en la transición del desastre ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial y la sanación de la posguerra. El comunismo alza su estandarte desde Rusia y las ideologías políticas dividen los pueblos en dos lugares que se mezclan tan mal como el agua y el aceite. Zula y Wiktor se enamoran dentro de una atmósfera colmada de inestabilidad social y, de forma brillante, Pawlikowski crea una sinonimia entre el romance de ellos y este hecho.

Así mismo, el amor de Zula y Wiktor se conjuga en medio del dramatismo propio del mundo artístico y las imposiciones políticas de su época.

A la vez que intentan expresar su arte lejos de la represión, aspiran mantenerse fieles a ellos mismos, y al otro. De este modo, después de verse obligado a recrear la forma en cómo dirigía su academia artística, todo por complacer los deseos de los dirigentes de Stalin, Wiktor decide huir a Francia. Al tomar esta decisión, se consagra el preludio de un amor trágico. Mientras él se ha marchado de Polonia, Zula ha elegido quedarse atrás.

La película se desarrolla así, en una eterna despedida y, después, un inmortal reencuentro. Y con cada confluencia, la relación se vuelve cada vez más pasional, pero también más destructiva.

Wiktor y Zula se aman, desean más que otra cosa estar juntos, pero existen en un tiempo donde no les es posible ser enteramente libres y viven de una forma en la que sus pasados no logran conciliarse con sus presentes. 

Pawlikowski utiliza estos elementos para elaborar una historia repleta de simbolismos. Se apoya de la música que se va transformando a la par de los personajes y la fotografía en blanco y negro logra captar la melancolía y oscuridad de la época. 

En esta historia se vuelve evidente que el amor es también amor aunque sea imperfecto. Que es más real cuando se miran de frente los desperfectos y no sólo se enaltecen las virtudes. Al final de cuentas, son los primeros los que conquistan la trama en “Cold War” y la llevan de la mano a un final agridulce. Un desenlace que grita a los cuatro vientos que la victoria en los grandes amores trágicos no ocurre sin traer consigo sacrificios de la misma talla.

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