Jiro Dreams of Sushi: las maravillas ocultas detrás del pescado y el arroz

Por S. Bobenstein

Todos los seres humanos requerimos alimentarnos invariablemente, necesitamos elementos externos para proporcionar energía y sustancias indispensables a nuestro cuerpo con el fin de mantener su correcto funcionamiento y, por lo tanto, continuar con vida. Esto es fácilmente asequible, la buena naturaleza nos ha provisto de una prodigiosa variedad de alimentos en infinidad de formas, colores y sabores, en diferentes climas y en diferentes regiones, cada uno adecuado para la estación en curso y los modos de vida de las personas.

Efectivamente, podemos nutrirnos de formas bastante simples, es fácil llevarnos una manzana a la boca, mascar un pedazo de carne o beber el jugo de una naranja, pero, los seres humanos, somos todo menos simples, siempre buscamos ir más allá, disfrutamos de transformar lo que nos rodea y de encontrar nuevas y emocionantes formas de expresar nuestro agrado (o desagrado) hacia las experiencias al comer. No obstante, el mundo material no es lo único que podemos transformar y expresar, sino también nuestros pensamientos, nuestras ideas y las memorias que creamos a partir de nuestras experiencias emocionales.

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La suspensión de la incredulidad: un esfuerzo (in)voluntario para creer lo improbable

Por S. Bobenstein

Imaginemos que es la noche de Halloween (de hecho, esta noche) y te dispones a ver (o volver a ver, si eres un fanático de la película, como un servidor) “El aro” (Gore Verbinski, 2002), el remake de la película japonesa de 1998. Inicias la reproducción y rápidamente te empapas de la premisa: un video maldito está circulando entre grupos de jóvenes, quienes dicen que provocará que mueras siete días después de verlo, no sin antes recibir una llamada con la voz de una niña diciendo: “siete días”. La leyenda del video se conecta con la muerte de la sobrina de una periodista, quien se da a la tarea de investigar a fondo lo sucedido, eventualmente encontrando dicha grabación en un VHS. Haciendo caso omiso de los rumores, la periodista mira las perturbadoras y caóticas imágenes del video y, justo en el momento en que la reproducción se detiene, su teléfono timbra… y el tuyo también. Saltas en tu asiento, miras en dirección a ese aparato aparentemente inofensivo y un escalofrío te recorre la espalda. También viste el video y la leyenda decía que el teléfono sonaría al terminarlo, pero no sólo eso… Dudas, los segundos parecen minutos, mantienes la mirada fija en el auricular y te debates entre contestar o no. Finalmente, te armas de valor, tomas el auricular, atiendes la llamada, esperas escuchar a una niña y… es tu mamá diciéndote que ya le regreses los “tuppers” que te llevaste la semana pasada. Respiras con alivio, no sin cierta vergüenza por tu credulidad, y le dices que se los darás mañana. Al colgar, regresas a tu asiento y a volver a creer que en verdad existe la maldición del video… aunque sea por las casi dos horas que dura la película.

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Invasor Zim y el poder de una serie de culto

Por S. Bobenstein

Cuando la serie animada “Invasor Zim” (“Invader Zim”, en inglés) vio la luz en el 2001, a través de Nickelodeon, sorprendió a propios y extraños, y es que el estilo de su creador, Jhonen Vasquez, tanto en narrativa como en dibujo, distaba mucho de ser el esperado para las animaciones que tradicionalmente se transmitían en el canal. Oscuro, mórbido, grotesco y con una grandísima dosis de humor negro, el mundo del invasor irken Zim, GIR, Dib, Gaz y todos los demás personajes de la serie, dividió a las audiencias entre los que consideraban que la caricatura era repulsiva y no apta para los niños asiduos al canal (salvo que se viera sometida a una implacable censura) y los que la aclamaron como una de las mejores producidas hasta la fecha.

Sea cual sea la postura que uno tenga con respecto a la animación, “Invasor Zim” se convirtió en una serie de culto pese a su corto paso por televisión, alcanzando un lugar en el panteón de Nickelodeon y dando origen a tres ediciones de la convención de fans “InvaderCON”, las cuales contaron con más de diez mil participantes, así como a una serie de cómics que continúa con la historia de la caricatura y se sigue publicando mensualmente hasta el día de hoy. Dado el nivel de éxito y aceptación que la serie finalmente se ganó entre el público, Vasquez y Netflix, en 2019, presentaron al mundo “Invasor Zim y el poder del florpus” (“Invader Zim: Enter the Florpus!”, como título original), película que funge como secuela de la animación, con el beneplácito de críticos y audiencia por igual.

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El único problema es la elección: Una mirada a “El huésped” de Camus

Por S. Bobenstein

Albert Camus se sorprendía tanto como el mismo Jean-Paul Sartre cuando los ponían a ambos en el mismo saco, el de los existencialistas. Si bien Camus negó rotundamente su adherencia a esta corriente filosófica, es innegable que su obra literaria está impregnada de ideas que, cuando menos, coinciden en ocasiones con las expuestas por Sartre y los precursores del existencialismo, más específicamente el “absurdismo” que el Premio Nobel de Literatura de 1957 enarbolaba como estandarte.

El cuento “El huésped”, publicado como parte de la colección “El exilio y el reino” en 1957, puede ser usado para ejemplificar la “confusión” de encasillar a Camus como un existencialista, puesto que el tema de la obra, además de las alusiones hacia las posturas que él tenía sobre los conflictos de la época, se centra en la elección, la única forma de tomar alguna clase de control sobre la aterradora inevitabilidad de la existencia.

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La batalla de Point Pleasant

Por S. Bobenstein

Ya no faltaba mucho para que la rotación nocturna de la doctora Amelia Callahan terminara. La unidad de urgencias médicas del pequeño hospital general de Point Pleasant no recibió ninguna eventualidad esa noche, como casi todas las demás, aunque el personal de guardia hubiera agradecido algo de acción para que las horas pasaran con mayor rapidez en aquel ambiente aséptico, monocromático y monótono. Amelia, ataviada con bata blanca y traje quirúrgico azul marino, con su largo cabello oscuro recogido, se encontraba en su cubículo/consultorio inmersa en una antología de Camus, sentada con las piernas extendidas apoyadas sobre un banquillo para exploración, ya había dormido un par de horas luego de la medianoche y no le gustaba que el «amanecer hospitalario» la encontrara todavía inconsciente en un charco de su propia saliva, debido a su costumbre de mantener la boca abierta durante el sueño profundo. A través de las persianas de la pequeña ventana rectangular del cubículo, la oscuridad del cielo nocturno aún no era perturbada por el alba, ya no se veía la luna, pero las estrellas refulgían en todo su esplendor por encima de la vegetación boscosa que rodeaba a aquel pueblo de Virginia Occidental.

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Drácula: el espíritu de la época a finales del siglo XIX

Por S. Bobenstein

La luna llena imperaba en el cielo nocturno, su luz, tan penetrante como fantasmal, apenas era opacada por las sombras de unos cuantos jirones de nubes que se desplazaban parsimoniosamente al ritmo del silbido del frío viento del este. Bañada por la fuente plateada del astro, en la cima de una colina escarpada, la silueta de un magnífico y derruido castillo coronaba un paraje desolado, poblado por rocas puntiagudas, cadáveres de árboles que otrora fueron frondosos y el tenue sonido de las criaturas de la noche a lo lejos. Un viajero incauto, imprudente al haberse dejado sorprender por la noche durante su viaje, se acercaba por el sendero principal de la entrada del castillo en busca de refugio contra los peligros de la intemperie, no sin cierta reserva, temeroso de esa sensación detrás de su cabeza y dentro de su abdomen, esa certeza de que “algo no está bien”, mas era preferible la protección de los muros y la oscuridad a la merced de las bestias y el clima.

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El sonido de la oscuridad del cosmos: La música de Erich Zann

Por S. Bobenstein

La música es uno de los lenguajes universalmente entendidos por todos en el planeta Tierra, capaz de evocar ideas, emociones, imágenes e intenciones tanto o más como todas las otras expresiones artísticas. Podríamos dar la vuelta al globo y, en cada rincón donde habitan humanos, encontraremos desde los más rudimentarios ritmos de percusión hasta las más complejas y cautivadoras sinfonías, pasando por todos los géneros autóctonos de cada región y país, incluso de cada época y grupo sociocultural; existe música tan variada como cuantos humanos han existido y ritmo, melodía y armonía son tan parte de nosotros que podemos encontrarlos hasta en nuestro propio cuerpo, en los latidos del corazón y en la acompasada respiración.

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“Eso es arte… ¿verdad?”: Avelina Lésper y el fraude del arte contemporáneo

Por S. Bobenstein

Desde la época de las cavernas, los seres humanos hemos tenido la necesidad de expresarnos artísticamente, puesto que dentro de todos existe un universo de ideas y experiencias, entremezcladas con sentimientos y emociones, que bullen y luchan por pasar al mundo real y por expandirse a otras mentes afines… o porque, simplemente, necesitan ser expresadas por el bien del alma del artista. Si revisamos la historia y evolución del arte, desde las pinturas rupestres hasta las obras generadas por medios digitales, podemos encontrar grandes ejemplos de lo que algunos alcanzaron gracias a su genialidad, obras insignia de la potencialidad humana y prueba inmutable de la riqueza mental y espiritual del artista, sin embargo, si la estética existe como rama de la filosofía es porque tenemos un gran problema: cada uno tiene su propia y muy particular definición de “arte”, de lo “hermoso”, de lo “horrible”, de lo que nos gusta y nos disgusta, de lo que nos hace reflexionar al contemplarlo o nos pone a bostezar. Y es que, finalmente, todos sabemos qué es lo que nos agrada y qué nos disgusta, todos tenemos derecho a ello, pero, parafraseando a Hume, aunque todos podamos admitir con honestidad lo que nos gusta (y no podemos equivocarnos en ello, puesto que se trata de algo meramente subjetivo) debemos tener cuidado en no confundir “me gusta” con “está bien hecho”.

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La herramienta adecuada para el trabajo adecuado: recomendaciones para iniciar(se) en el hábito de la lectura

Por S. Bobenstein

Infortunadamente, muchas personas consideran la lectura como algo monótono, aburrido y prescindible, más una obligación escolar que cualquier otra cosa para la que sirva. Por una parte, esto está basado en la ausencia de estímulos familiares que den importancia a la lectura, optando por favorecer cualquier otro tipo de frivolidad antes que ella, puesto que se trata de algo que “no es necesario”; por otra parte, tenemos la imposición de la lectura en las escuelas y centros de estudio, casi siempre con textos que, pudiendo ser obras respetables, no conectan con la idiosincrasia de los estudiantes y se convierten en otra tarea obligatoria más, eliminando así los conceptos de “diversión” y “entretenimiento” en la lectura de su mente, posiblemente para siempre.

Por lo anterior, tengo la “osadía” de recomendar algunos libros que, a mi juicio, son ideales para introducir a los “neófitos” a la lectura, a la aventura de vivir mil vidas diferentes en mil épocas distintas a través de mil mundos diversos.

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Scary Stories to Tell in the Dark: cuéntame un cuento de terror

Por Oscar Valentín Bernal

A todos les gusta una buena historia, pero todos reverencian una buena historia de terror. Ya seamos asustadizos o valientes, cualquiera puede recordar por lo menos una historia escuchada bajo el velo de la noche durante la infancia o la juventud temprana, acompañado de amigos, que lo ha hecho mirar sobre sus hombros, ahí en las esquinas oscuras y detrás de las sombras, en busca de criaturas horribles acechando, esperando el momento exacto en que baje la guardia para llevarlo a un mundo de miedo y pesadillas. Todos podemos visualizar el momento exacto en que sentimos miedo al dejar volar la imaginación con las historias de terror, ya sea alrededor de una fogata o aluzados por una linterna, pero eso no bastó para purgar de nosotros la fascinación que nos mantenía con los oídos muy abiertos, siendo partícipes de algo fantástico, oculto y terrible. Quizá algunos trataron de convencerse de que lo que escuchaban eran sólo patrañas, pero, creyentes o no, todos llegamos a temer que el delgado velo entre la realidad y la ficción no fuera lo suficientemente resistente para contener aquellos horrores. Esa es la experiencia que todos nosotros hemos vivido y eso es lo que “Scary Stories to Tell in the Dark” se esfuerza por evocar.

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