Onryo

Por S. Bobenstein

¿Qué es eso? Algo me despertó, aunque, ¿estoy despierta? Todo luce muy oscuro… No puedo ver nada. Estoy segura que algo me despertó, puedo sentirlo, aunque no sé si sigo soñando. ¿Soñando? ¿Con qué soñaba? Recuerdo algo… Se me escapa. Todo luce muy oscuro, hace mucho frío, pero quema. Algo se incendia dentro de mí y no puedo evitar temblar. Duele mucho, detesto esta sensación, la odio. ¿Por qué me pasa esto? Quiero llorar, gritar, arrancarme la cabeza. Quiero que esto termine, por favor…

Hay una luz, es muy brillante, es cálida, es agradable, hace que ignore por un momento el dolor. Voy hacia ella y la oscuridad a mi alrededor se disipa, aparecen paredes, ventanas, escaleras, pisos, todo se ve borroso, como cubierto por un velo gris. Estoy de pie en la cima de las escaleras, puedo ver el origen de la luz: una puerta. En el umbral hay algo, una sombra, alguien… La luz es muy brillante pero estoy segura que hay alguien ahí. Mis pies se mueven como si flotaran entre las nubes, apenas y puedo sentir la dureza de las escaleras mientras bajo, pero mi cuerpo se siente muy pesado, como plomo, me siento torpe, viscosa. El velo grisáceo se ondula a mi paso pero no hay viento, ni una brisa, ni un susurro de aire; me siento oprimida, las ganas de gritar regresan, el dolor…

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Una visión de “¡Diles que no me maten!” de Juan Rulfo

Por S. Bobenstein

Publicada en 1953, “El llano en llamas”, recopilación de cuentos del escritor Juan Rulfo, es un pilar fundamental e inmutable de las letras mexicanas y latinoamericanas, leída y apreciada en todos los círculos académicos, desde los elementales hasta los superiores, y es un referente internacional acerca de la belleza que el arte de la literatura puede alcanzar cuando se tiene maestría en el uso de la lengua vernácula, la erudita y la expresión de ideas y emociones. A lo largo de los diecisiete cuentos que componen la recopilación, Rulfo nos presenta las realidades y la idiosincrasia del México de la primera mitad del siglo XX, en toda su cruda e implacable verdad; penurias, cansancio, sufrimiento, tristeza, brutalidad, escasez, superstición y los efímeros remansos de esperanza y felicidad que son los elementos comunes en todas las historias que nos describen una condición de existencia que, por decir lo menos, no es en absoluto fácil, pero “es lo que hay”.

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El curioso caso de One-Punch Man

Por S. Bobenstein

En 2009, el misterioso mangaka conocido como “One” creó el webcomic “One-Punch Man”, cuya historia nos habla acerca de Saitama, un hombre de apariencia anodina que, en realidad, es un superhéroe con un poder tal que puede derrotar a cualquier oponente de un solo golpe. Uno pensaría que la vida de Saitama está resuelta, sin embargo, su casi omnipotencia no ha hecho más que dejarlo con una crisis existencial, puesto que ya nada representa un reto para él y, por consiguiente, las emociones de su vida se han vuelto increíblemente escasas. Bajo esta premisa, One nos introduce a un mundo de extraños y variopintos personajes, entre superhéroes y supervillanos, que, de una u otra manera, se ven atraídos hacia el inconmensurable poder de Saitama, el “One-Punch Man”.

La historia de Saitama, que ha trascendido del webcomic al manga formal y al animé, goza de extensa popularidad a nivel mundial, y es que la tragicomedia de “One-Punch Man” es un respiro de aire fresco entre las series japonesas de “héroes superpoderosos” gracias al tratamiento satírico que One le da a los estereotipos encontrados tradicionalmente en el género.

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Jiro Dreams of Sushi: las maravillas ocultas detrás del pescado y el arroz

Por S. Bobenstein

Todos los seres humanos requerimos alimentarnos invariablemente, necesitamos elementos externos para proporcionar energía y sustancias indispensables a nuestro cuerpo con el fin de mantener su correcto funcionamiento y, por lo tanto, continuar con vida. Esto es fácilmente asequible, la buena naturaleza nos ha provisto de una prodigiosa variedad de alimentos en infinidad de formas, colores y sabores, en diferentes climas y en diferentes regiones, cada uno adecuado para la estación en curso y los modos de vida de las personas.

Efectivamente, podemos nutrirnos de formas bastante simples, es fácil llevarnos una manzana a la boca, mascar un pedazo de carne o beber el jugo de una naranja, pero, los seres humanos, somos todo menos simples, siempre buscamos ir más allá, disfrutamos de transformar lo que nos rodea y de encontrar nuevas y emocionantes formas de expresar nuestro agrado (o desagrado) hacia las experiencias al comer. No obstante, el mundo material no es lo único que podemos transformar y expresar, sino también nuestros pensamientos, nuestras ideas y las memorias que creamos a partir de nuestras experiencias emocionales.

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La suspensión de la incredulidad: un esfuerzo (in)voluntario para creer lo improbable

Por S. Bobenstein

Imaginemos que es la noche de Halloween (de hecho, esta noche) y te dispones a ver (o volver a ver, si eres un fanático de la película, como un servidor) “El aro” (Gore Verbinski, 2002), el remake de la película japonesa de 1998. Inicias la reproducción y rápidamente te empapas de la premisa: un video maldito está circulando entre grupos de jóvenes, quienes dicen que provocará que mueras siete días después de verlo, no sin antes recibir una llamada con la voz de una niña diciendo: “siete días”. La leyenda del video se conecta con la muerte de la sobrina de una periodista, quien se da a la tarea de investigar a fondo lo sucedido, eventualmente encontrando dicha grabación en un VHS. Haciendo caso omiso de los rumores, la periodista mira las perturbadoras y caóticas imágenes del video y, justo en el momento en que la reproducción se detiene, su teléfono timbra… y el tuyo también. Saltas en tu asiento, miras en dirección a ese aparato aparentemente inofensivo y un escalofrío te recorre la espalda. También viste el video y la leyenda decía que el teléfono sonaría al terminarlo, pero no sólo eso… Dudas, los segundos parecen minutos, mantienes la mirada fija en el auricular y te debates entre contestar o no. Finalmente, te armas de valor, tomas el auricular, atiendes la llamada, esperas escuchar a una niña y… es tu mamá diciéndote que ya le regreses los “tuppers” que te llevaste la semana pasada. Respiras con alivio, no sin cierta vergüenza por tu credulidad, y le dices que se los darás mañana. Al colgar, regresas a tu asiento y a volver a creer que en verdad existe la maldición del video… aunque sea por las casi dos horas que dura la película.

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Invasor Zim y el poder de una serie de culto

Por S. Bobenstein

Cuando la serie animada “Invasor Zim” (“Invader Zim”, en inglés) vio la luz en el 2001, a través de Nickelodeon, sorprendió a propios y extraños, y es que el estilo de su creador, Jhonen Vasquez, tanto en narrativa como en dibujo, distaba mucho de ser el esperado para las animaciones que tradicionalmente se transmitían en el canal. Oscuro, mórbido, grotesco y con una grandísima dosis de humor negro, el mundo del invasor irken Zim, GIR, Dib, Gaz y todos los demás personajes de la serie, dividió a las audiencias entre los que consideraban que la caricatura era repulsiva y no apta para los niños asiduos al canal (salvo que se viera sometida a una implacable censura) y los que la aclamaron como una de las mejores producidas hasta la fecha.

Sea cual sea la postura que uno tenga con respecto a la animación, “Invasor Zim” se convirtió en una serie de culto pese a su corto paso por televisión, alcanzando un lugar en el panteón de Nickelodeon y dando origen a tres ediciones de la convención de fans “InvaderCON”, las cuales contaron con más de diez mil participantes, así como a una serie de cómics que continúa con la historia de la caricatura y se sigue publicando mensualmente hasta el día de hoy. Dado el nivel de éxito y aceptación que la serie finalmente se ganó entre el público, Vasquez y Netflix, en 2019, presentaron al mundo “Invasor Zim y el poder del florpus” (“Invader Zim: Enter the Florpus!”, como título original), película que funge como secuela de la animación, con el beneplácito de críticos y audiencia por igual.

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El único problema es la elección: Una mirada a “El huésped” de Camus

Por S. Bobenstein

Albert Camus se sorprendía tanto como el mismo Jean-Paul Sartre cuando los ponían a ambos en el mismo saco, el de los existencialistas. Si bien Camus negó rotundamente su adherencia a esta corriente filosófica, es innegable que su obra literaria está impregnada de ideas que, cuando menos, coinciden en ocasiones con las expuestas por Sartre y los precursores del existencialismo, más específicamente el “absurdismo” que el Premio Nobel de Literatura de 1957 enarbolaba como estandarte.

El cuento “El huésped”, publicado como parte de la colección “El exilio y el reino” en 1957, puede ser usado para ejemplificar la “confusión” de encasillar a Camus como un existencialista, puesto que el tema de la obra, además de las alusiones hacia las posturas que él tenía sobre los conflictos de la época, se centra en la elección, la única forma de tomar alguna clase de control sobre la aterradora inevitabilidad de la existencia.

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La batalla de Point Pleasant

Por S. Bobenstein

Ya no faltaba mucho para que la rotación nocturna de la doctora Amelia Callahan terminara. La unidad de urgencias médicas del pequeño hospital general de Point Pleasant no recibió ninguna eventualidad esa noche, como casi todas las demás, aunque el personal de guardia hubiera agradecido algo de acción para que las horas pasaran con mayor rapidez en aquel ambiente aséptico, monocromático y monótono. Amelia, ataviada con bata blanca y traje quirúrgico azul marino, con su largo cabello oscuro recogido, se encontraba en su cubículo/consultorio inmersa en una antología de Camus, sentada con las piernas extendidas apoyadas sobre un banquillo para exploración, ya había dormido un par de horas luego de la medianoche y no le gustaba que el «amanecer hospitalario» la encontrara todavía inconsciente en un charco de su propia saliva, debido a su costumbre de mantener la boca abierta durante el sueño profundo. A través de las persianas de la pequeña ventana rectangular del cubículo, la oscuridad del cielo nocturno aún no era perturbada por el alba, ya no se veía la luna, pero las estrellas refulgían en todo su esplendor por encima de la vegetación boscosa que rodeaba a aquel pueblo de Virginia Occidental.

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Joker: Las peculiaridades que la vuelven una película sobresaliente y la clave en su escena final

Por Aledith Coulddy
Asesoría de S. Bobenstein

CONTIENE SPOILERS MAYORES

Hablar del Joker es hablar de lo incognoscible. Es saltar a una piscina de desechos tóxicos y esperar a que, al salir de ésta, el resultado nos de una pista del qué o el cómo y aun así terminar sorprendidos.

Hablar del Joker supone un encuentro con la misma fuerza de la naturaleza que oculta la sanidad para dar paso a la incongruencia y la manía. No se debe tratar de entender el fenómeno que lo representa sino simplemente contemplarlo.

¿Cómo es entonces que una película sobre el mismo origen del Joker es tan atractiva y poco a poco se convierte, en la opinión general, en un referente en el cine de películas basadas en cómics?

Porque no lo es. 

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Drácula: el espíritu de la época a finales del siglo XIX

Por S. Bobenstein

La luna llena imperaba en el cielo nocturno, su luz, tan penetrante como fantasmal, apenas era opacada por las sombras de unos cuantos jirones de nubes que se desplazaban parsimoniosamente al ritmo del silbido del frío viento del este. Bañada por la fuente plateada del astro, en la cima de una colina escarpada, la silueta de un magnífico y derruido castillo coronaba un paraje desolado, poblado por rocas puntiagudas, cadáveres de árboles que otrora fueron frondosos y el tenue sonido de las criaturas de la noche a lo lejos. Un viajero incauto, imprudente al haberse dejado sorprender por la noche durante su viaje, se acercaba por el sendero principal de la entrada del castillo en busca de refugio contra los peligros de la intemperie, no sin cierta reserva, temeroso de esa sensación detrás de su cabeza y dentro de su abdomen, esa certeza de que “algo no está bien”, mas era preferible la protección de los muros y la oscuridad a la merced de las bestias y el clima.

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