Documento MKO 19/768/87/AU-T

Por S. Bobenstein

Proyecto MKObsidian
Agencia:
CLASIFICADO
Locación:
CLASIFICADO
Fecha:
CLASIFICADO
Directores responsables: Dra. M***** y Dr. B*****
Descripción: Transcripción del archivo de audio narrado por el sujeto MKO-19/768, recuperado el día
CLASIFICADO de CLASIFICADO de CLASIFICADO de los archivos electrónicos personales de CLASIFICADO (neutralizado) luego de la infiltración en las instalaciones.
[INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN]

¿Alguna vez has tenido un sueño tan bueno que quisiste volver a dormir sólo para tratar de regresar a él? Estoy seguro que sí, todos hemos tenido sueños así alguna vez, pero este sueño… Este sueño era otra cosa. Te lo juro… no recuerdo haber estado más feliz en toda mi vida. ¿El Cielo? Pfff… Quédense con su Cielo, yo tenía mi sueño, yo tenía la vida perfecta que quería tener… pero sólo duró una noche. Viví toda una vida en una noche, una vida plena, feliz, rodeado de amor, de belleza, de la risa de los niños, con manos cálidas que tomaban las mías, con besos apasionados que me electrizaban hasta el último rincón, con noches en brazos que me apretaban para no dejarme ir… Nunca conocí eso hasta esa noche. Decir que al despertar estaba decepcionado es poco, casi me daba un colapso mental cuando lloré de la frustración al darme cuenta de que todo era un simple sueño, una vil alucinación de mi subconsciente. Inmediatamente quise volver a dormir, a pesar de que el sol estaba ya alto, pero me fue imposible, corrí a la farmacia a comprar pastillas para dormir, pero lo único que conseguí con ellas fue caer en la inconsciencia hasta que su efecto pasó, sólo un abrir y cerrar de ojos en el que se me fueron horas enteras. Lloré el resto del día y la noche hasta la salida del sol.

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Disueltos en la Música

Foto de Oscar

Por Oscar Valentín Bernal

I

Después de meses de viaje sin tomarse un solo descanso, los tres llegaron a una pequeña ciudad en medio de alguna parte. El maestro condujo el drakkar a través de una bahía en cuyas aguas acababa de aparecer el reflejo de una luna joven. Observaron las sombras de los grandes barcos anclados a lo largo de los muelles industriales, y siguieron de largo mientras las primeras gotas de una leve llovizna de invierno comenzaba a venirse abajo. Pasaron los embarcaderos y alcanzaron un área alejada, donde el maestro, mediante algunas de sus artimañas, ocultó el barco, demasiado anticuado para la época.

Algún tiempo después, la chica y el jinete avanzaban tras el maestro. Por las húmedas calles nocturnas veían las nubes de vaho alzarse delante de sus bocas. Los carros que corrían por el asfalto, levantaban el agua de los charcos en torrentes oscuros. Tenían hambre, el viaje a través del océano fue duro, sabían que, al día siguiente deberían reparar las velas de su embarcación, pero ahora era tiempo de buscar algo con qué llenar sus ardientes estómagos. 

—Es tarde, no creo que podamos encontrar ningún restaurante abierto, si es que los hay en esta ciudad. Sólo veo almacenes y muelles de carga con olor a pescado.

—Deja de quejarte —contestó el maestro a la chica—. Seguro hallaremos algo, de lo contrario, no te pasará nada por esperar hasta la mañana.

—Después de tantos días, supongo que no… 

Los transeúntes eran pocos y, a pesar de las extrañas ropas de los tres, apenas y llamaban la atención en aquella ciudad gris, en donde todo parecía dormir. Continuaron su avance hacia el norte del malecón, hasta que el jinete habló:

—¿Oyen eso?

—¿Qué? ¿Mi estómago? —se burló la chica.

—No seas tonta, escucha…

Guardaron silencio y, entre el murmullo de la lluvia que a momentos parecía arreciar, percibió aquél sonido apagado pero inconfundible:

—Parece una guitarra… y una bastante buena.

—Donde se toca una guitarra a estas horas de la noche, seguro habrá comida —concedió el maestro. 

—Y donde haya comida allí iré yo  —aseguró la chica. 

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Un vistazo a “El homúnculo” de Robert Bloch

Por Jonathan Novak

El homúnculo es una historia corta escrita por Robert Bloch, en ella nos cuenta la historia de Simon Maglore a través de un narrador testigo el cual observa el horrendo destino de nuestro protagonista.

En este cuento podemos observar inmediatamente la influencia de Lovecraft sobre Bloch, no sólo en la mención de seres de la mitología Lovecraftiana, sino en la estructura general del cuento, éste comienza con un diálogo directo con el lector donde nos deja ver a un personaje a punto de caer en la locura, debido a un destino cruel que lo ha llevado a encontrarse con los horrores que esconde nuestro mundo. Este elemento es muy utilizado en las narraciones de Lovecraft. En ambos casos el objetivo es introducirnos a esta atmósfera de horror a la cual se llega desde la más mundana cotidianeidad.

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Otra vida

Imagen de Enrique Meseguer en Pixabay

Por Jonathan Novak

Edel había abandonado la iglesia hacía años, perdió la fe, aunque sus compañeros decían que lo extraviado era su camino. Cualquiera que fuera la realidad, Edel tornó la espalda a la vocación que un día muy atrás lo llamó con tanta intensidad. 

Ahora parecía pagar un precio exagerado, luego de su vida como sacerdote, Edel se dedicó a la bebida, a las apuestas, a los pleitos en las callejuelas escondidas, a los préstamos jamás pagados, a los cobradores malencarados y a las golpizas.

La mala vida, sin embargo, no lo preparó para aquel momento, No había razones para vivir, ya no y luego del bote de píldoras, creyó que todo terminaría.

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El Charlatán y Jack, un divertido relato sobrenatural

jack_y_el_diablo

Por Oscar Valentín Bernal

Clive Barker es uno de los autores contemporáneos más alabados en el género del terror, su estilo se caracteriza por no poseer límites a la hora de contar sus historias y como él mismo ha expresado: “no teme llegar hasta las últimas consecuencias”, un hecho que se refleja de manera intangible en su famosa antología de historias “Los Libros de Sangre”. Leer más “El Charlatán y Jack, un divertido relato sobrenatural”

EL ENCARGADO

Por Oscar Valentín Bernal

«I laughed and shook his hand,
and made my way back home.
I searched for form and land,
for years and years I roamed.
I gazed a gazeless stare.
We walked a million hills,
I must have died alone,
a long, long time ago.

Who knows?
Not me.
I never lost control.
You’re face to face,
with the man who sold the world… ».

David Bowie

I

Thomas McMurdock casi se quedaba dormido, con la frente sobre la fría ventanilla del asiento trasero del coche familiar, mientras veía los árboles del bosque de Gethurlem pasar veloces frente a él, cada vez más sombríos a medida que el sol descendía hasta perderse tras la franja montañosa que bordeaba el horizonte. El murmullo de «The Man Who Sold The World» le llegaba apagado desde un auricular que pendía medio flojo de su oído. El bajo volumen, aunado al sonido de la carretera dotaban a la voz de David Bowie de un efecto hueco, como si el tipo cantara bajo el agua. Los ojos de Thomas estaban casi cerrados cuando la voz de su padre, Erick, lo hizo espabilar:

—¿El límite de Grigsyard ha quedado atrás? No vi el letrero.

—No hemos pasado ninguno —aseguró Sandra, la madre de Thomas, desde el asiento del copiloto.  

—Pero debimos hacerlo, esa montaña ya ha quedado muy hacia el norte, no recuerdo esta parte del camino.

—Pues quizá no vimos el letrero por la… plática de hace rato. Pero no hemos pasado ninguna bifurcación, solo estas curvas que terminarán por volverme loca.

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Fitzgerald y el curioso caso de Benjamin Button

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Por Oscar Valentín Bernal

Francis Scott Fitzgerald fue un escritor norteamericano, considerado uno de los grandes exponentes de la literatura en la denominada “Era del Jazz”. Contemporáneo y amigo de Ernest Hemingway, Fitzgerald inició su carrera como escritor del mismo modo que muchos otros, con publicaciones de relatos cortos en revistas. Más tarde, sus novelas alcanzarían un éxito notable y lo colocarían entre los escritores estadounidenses más importantes del siglo XX.

Un dato curioso es que Hemingway culpaba a la esposa de su amigo, Fitzgerald, de ser un constante obstáculo para la escritura de su esposo, ya que ella quería que este se dedicara sólo a la escritura de relatos cortos, los cuales se vendían mejor, y se oponía a que perdiera el tiempo al escribir novelas. Leer más “Fitzgerald y el curioso caso de Benjamin Button”

El salto de Mandela

Por Jonathan Novak

Le invito a considerar la imagen de un árbol, el inicio del tiempo correspondería al tronco, pero, a medida que éste avanza y la aleatoriedad se apodera del rumbo del universo, el tiempo, inevitablemente, se ramifica. Es aquí donde encontramos la llamada compatibilidad universal. Dos universos jamás serán iguales, la existencia de ambos es, por sí misma,una prueba inequívoca de diferencia, sin embargo, la elección de desayuno de un hombre aunque es una clara diferencia, no representa un cambio tan significativo como lo podría ser la muerte de una persona, este último evento, aunque más relevante, seguirá siendo mínimo, finalmente, la variación de una ley física haría incompatibles dos universos. Habiendo entendido la compatibilidad universal, podemos hablar del salto de Mandela, Hace algunos años, podríamos haber confundido estos eventos con malos entendidos, problemas de memoria o incluso con el conocido “deja vu”. La realidad resulta más interesante, se ha demostrado que estas eventualidades pueden ser atribuidas a saltos inter-universales, es decir, dos individuos de dos universos compatibles intercambian lugares debido a una anomalía aún imposible de explicar. Ambos individuos experimentarán los efectos del salto. En principio, el concepto puede sonar aterrador, ¿quiere decir esto que las personas que conozco no serán las mismas? todo lo contrario, el cambio suele ser tan minúsculo, que cualquiera  puede seguir con su vida, sus amigos y familiares, aunque pertenecientes a otro universo, en esencia, los mismos…

Así empezaba mi primera plática acerca del salto de Mandela, en esos momentos creíamos entender las reglas de este fenómeno, pero entonces, el caso 304 apareció. Adrian, de treinta años, llegó a mi oficina en un deplorable estado, llevaba meses asistiendo a terapia, una terapia que demostró ser poco útil ante su situación.

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EL AZOR

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Por Oscar Valentín Bernal

 

Verano

Sobre su atalaya aguarda el azor, otea el campo en silencio con su mirada roja, como hizo siempre, invisible para las demás criaturas, poderoso y gris, igual que lo es el bosque en ese corto lapso cuando el sol ha caído, pero sus últimos brillos se aferran al mundo. 

El azor es del bosque, como el bosque es del azor y, a pesar de que este bosque ha sido invadido por bestias de dos pies, que han abierto en él caminos iguales a cicatrices, no ha dejado de ser el reino del azor. 

Cuando el azor mira las cosas pareciera descifrarlas, no se mueve a menos que la acción lleve implícito un acto de supervivencia, por eso, el azor es silencio y, siendo silencio, es también espectador invisible de las verdades ocultas del campo y del hombre.

Fue así que vio el azor por vez primera a aquellos dos debajo de su árbol, los observó atento y escuchó incómodo sus voces burdas, como burdas suelen ser las cosas de aquellos seres. Si el azor pudiera entenderlos, habría conocido su impío negocio, pero el azor no entiende los ruidos de esas bestias torpes y lentas, llamadas hombres. Así que observa, se acicala detrás del ala y levanta una pata.

Cuando el sol está ya en lo alto y el calor aprieta, el azor contempla desde el refugio de la sombra a los dos que se alejan, sin la menor sospecha de haber tenido al bosque por testigo.
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La “Parábola del trueque” de Juan José Arreola: Un juego entre lo moral e inmoral

Por Aledith Coulddy

Al grito de “Cambio esposas viejas por nuevas”, Juan José Arreola, mexicano de nacimiento, inicia este relato publicado en el Confabulario en 1952.

El cuento corto posee una premisa bastante sencilla, un mercader acude a un pueblo remoto para intercambiar las esposas de los habitantes por otras hechas de oro, perfectas en apariencia física, poseedoras de características que todo hombre estereotipado desearía en una mujer.

Y es que “Parábola del trueque” es eso: un juego de arquetipos casi obsceno en donde, mediante la construcción de cada personaje, se muestra una realidad considerada inmoral pero con aires de verídica.

Tenemos, así, a los hombres del relato quienes, en en su afán de satisfacer sus deseos primitivos, no se la piensan dos veces para hacer el cambio de sus mujeres “desgastadas” por el paso de los años y la vida por otras que luzcan hermosas, perfectas y llenas de una vitalidad que les sabe necesaria e imperiosa.

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