La Cadena Cósmica

Por Oscar Valentín Bernal

I

La vida no es otra cosa que una cadena de eventos, cada acontecimiento actúa como un eslabón que tira del anterior y se aferra al siguiente, para así avanzar de forma constante e ininterrumpida, hacia un futuro que, en realidad es otro tramo de la cadena que aún no ha sido forjado. Existen eslabones grandes y eslabones pequeños, algunos son casi nuevos y despiden destellos alegres bajo el sol del tiempo. Pero también los hay herrumbrosos, tan carcomidos por los eones que casi se han roto, y cuando eso ocurra, la cadena saltará en pedazos, y los eventos se disolverán en la fría oscuridad del infinito, donde nadie más será capaz de recordarlos. 

No obstante, hablando de los eslabones, de sus formas, tamaños y detalles, podemos pensar que el tramo de la cadena que corresponde a Fjälland, está plagado de eslabones extraños, algunos de ellos lo son tanto que su sola vista confundía al Gran Guardián del Tiempo. Los eslabones de Fjälland se bifurcan, se tuercen y se elongan de maneras horribles hasta tocar cadenas distantes, se entrelazan con ellas y crean las puertas por las que cruzan las bestias.

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Documento MKO 19/768/87/AU-T

Por S. Bobenstein

Proyecto MKObsidian
Agencia:
CLASIFICADO
Locación:
CLASIFICADO
Fecha:
CLASIFICADO
Directores responsables: Dra. M***** y Dr. B*****
Descripción: Transcripción del archivo de audio narrado por el sujeto MKO-19/768, recuperado el día
CLASIFICADO de CLASIFICADO de CLASIFICADO de los archivos electrónicos personales de CLASIFICADO (neutralizado) luego de la infiltración en las instalaciones.
[INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN]

¿Alguna vez has tenido un sueño tan bueno que quisiste volver a dormir sólo para tratar de regresar a él? Estoy seguro que sí, todos hemos tenido sueños así alguna vez, pero este sueño… Este sueño era otra cosa. Te lo juro… no recuerdo haber estado más feliz en toda mi vida. ¿El Cielo? Pfff… Quédense con su Cielo, yo tenía mi sueño, yo tenía la vida perfecta que quería tener… pero sólo duró una noche. Viví toda una vida en una noche, una vida plena, feliz, rodeado de amor, de belleza, de la risa de los niños, con manos cálidas que tomaban las mías, con besos apasionados que me electrizaban hasta el último rincón, con noches en brazos que me apretaban para no dejarme ir… Nunca conocí eso hasta esa noche. Decir que al despertar estaba decepcionado es poco, casi me daba un colapso mental cuando lloré de la frustración al darme cuenta de que todo era un simple sueño, una vil alucinación de mi subconsciente. Inmediatamente quise volver a dormir, a pesar de que el sol estaba ya alto, pero me fue imposible, corrí a la farmacia a comprar pastillas para dormir, pero lo único que conseguí con ellas fue caer en la inconsciencia hasta que su efecto pasó, sólo un abrir y cerrar de ojos en el que se me fueron horas enteras. Lloré el resto del día y la noche hasta la salida del sol.

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Un vistazo a “El homúnculo” de Robert Bloch

Por Jonathan Novak

El homúnculo es una historia corta escrita por Robert Bloch, en ella nos cuenta la historia de Simon Maglore a través de un narrador testigo el cual observa el horrendo destino de nuestro protagonista.

En este cuento podemos observar inmediatamente la influencia de Lovecraft sobre Bloch, no sólo en la mención de seres de la mitología Lovecraftiana, sino en la estructura general del cuento, éste comienza con un diálogo directo con el lector donde nos deja ver a un personaje a punto de caer en la locura, debido a un destino cruel que lo ha llevado a encontrarse con los horrores que esconde nuestro mundo. Este elemento es muy utilizado en las narraciones de Lovecraft. En ambos casos el objetivo es introducirnos a esta atmósfera de horror a la cual se llega desde la más mundana cotidianeidad.

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Otra vida

Imagen de Enrique Meseguer en Pixabay

Por Jonathan Novak

Edel había abandonado la iglesia hacía años, perdió la fe, aunque sus compañeros decían que lo extraviado era su camino. Cualquiera que fuera la realidad, Edel tornó la espalda a la vocación que un día muy atrás lo llamó con tanta intensidad. 

Ahora parecía pagar un precio exagerado, luego de su vida como sacerdote, Edel se dedicó a la bebida, a las apuestas, a los pleitos en las callejuelas escondidas, a los préstamos jamás pagados, a los cobradores malencarados y a las golpizas.

La mala vida, sin embargo, no lo preparó para aquel momento, No había razones para vivir, ya no y luego del bote de píldoras, creyó que todo terminaría.

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El Charlatán y Jack, un divertido relato sobrenatural

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Por Oscar Valentín Bernal

Clive Barker es uno de los autores contemporáneos más alabados en el género del terror, su estilo se caracteriza por no poseer límites a la hora de contar sus historias y como él mismo ha expresado: “no teme llegar hasta las últimas consecuencias”, un hecho que se refleja de manera intangible en su famosa antología de historias “Los Libros de Sangre”. Leer más “El Charlatán y Jack, un divertido relato sobrenatural”

EL ENCARGADO

Por Oscar Valentín Bernal

«I laughed and shook his hand,
and made my way back home.
I searched for form and land,
for years and years I roamed.
I gazed a gazeless stare.
We walked a million hills,
I must have died alone,
a long, long time ago.

Who knows?
Not me.
I never lost control.
You’re face to face,
with the man who sold the world… ».

David Bowie

I

Thomas McMurdock casi se quedaba dormido, con la frente sobre la fría ventanilla del asiento trasero del coche familiar, mientras veía los árboles del bosque de Gethurlem pasar veloces frente a él, cada vez más sombríos a medida que el sol descendía hasta perderse tras la franja montañosa que bordeaba el horizonte. El murmullo de «The Man Who Sold The World» le llegaba apagado desde un auricular que pendía medio flojo de su oído. El bajo volumen, aunado al sonido de la carretera dotaban a la voz de David Bowie de un efecto hueco, como si el tipo cantara bajo el agua. Los ojos de Thomas estaban casi cerrados cuando la voz de su padre, Erick, lo hizo espabilar:

—¿El límite de Grigsyard ha quedado atrás? No vi el letrero.

—No hemos pasado ninguno —aseguró Sandra, la madre de Thomas, desde el asiento del copiloto.  

—Pero debimos hacerlo, esa montaña ya ha quedado muy hacia el norte, no recuerdo esta parte del camino.

—Pues quizá no vimos el letrero por la… plática de hace rato. Pero no hemos pasado ninguna bifurcación, solo estas curvas que terminarán por volverme loca.

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Fitzgerald y el curioso caso de Benjamin Button

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Por Oscar Valentín Bernal

Francis Scott Fitzgerald fue un escritor norteamericano, considerado uno de los grandes exponentes de la literatura en la denominada “Era del Jazz”. Contemporáneo y amigo de Ernest Hemingway, Fitzgerald inició su carrera como escritor del mismo modo que muchos otros, con publicaciones de relatos cortos en revistas. Más tarde, sus novelas alcanzarían un éxito notable y lo colocarían entre los escritores estadounidenses más importantes del siglo XX.

Un dato curioso es que Hemingway culpaba a la esposa de su amigo, Fitzgerald, de ser un constante obstáculo para la escritura de su esposo, ya que ella quería que este se dedicara sólo a la escritura de relatos cortos, los cuales se vendían mejor, y se oponía a que perdiera el tiempo al escribir novelas. Leer más “Fitzgerald y el curioso caso de Benjamin Button”

El salto de Mandela

Por Jonathan Novak

Le invito a considerar la imagen de un árbol, el inicio del tiempo correspondería al tronco, pero, a medida que éste avanza y la aleatoriedad se apodera del rumbo del universo, el tiempo, inevitablemente, se ramifica. Es aquí donde encontramos la llamada compatibilidad universal. Dos universos jamás serán iguales, la existencia de ambos es, por sí misma,una prueba inequívoca de diferencia, sin embargo, la elección de desayuno de un hombre aunque es una clara diferencia, no representa un cambio tan significativo como lo podría ser la muerte de una persona, este último evento, aunque más relevante, seguirá siendo mínimo, finalmente, la variación de una ley física haría incompatibles dos universos. Habiendo entendido la compatibilidad universal, podemos hablar del salto de Mandela, Hace algunos años, podríamos haber confundido estos eventos con malos entendidos, problemas de memoria o incluso con el conocido “deja vu”. La realidad resulta más interesante, se ha demostrado que estas eventualidades pueden ser atribuidas a saltos inter-universales, es decir, dos individuos de dos universos compatibles intercambian lugares debido a una anomalía aún imposible de explicar. Ambos individuos experimentarán los efectos del salto. En principio, el concepto puede sonar aterrador, ¿quiere decir esto que las personas que conozco no serán las mismas? todo lo contrario, el cambio suele ser tan minúsculo, que cualquiera  puede seguir con su vida, sus amigos y familiares, aunque pertenecientes a otro universo, en esencia, los mismos…

Así empezaba mi primera plática acerca del salto de Mandela, en esos momentos creíamos entender las reglas de este fenómeno, pero entonces, el caso 304 apareció. Adrian, de treinta años, llegó a mi oficina en un deplorable estado, llevaba meses asistiendo a terapia, una terapia que demostró ser poco útil ante su situación.

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La “Parábola del trueque” de Juan José Arreola: Un juego entre lo moral e inmoral

Por Aledith Coulddy

Al grito de “Cambio esposas viejas por nuevas”, Juan José Arreola, mexicano de nacimiento, inicia este relato publicado en el Confabulario en 1952.

El cuento corto posee una premisa bastante sencilla, un mercader acude a un pueblo remoto para intercambiar las esposas de los habitantes por otras hechas de oro, perfectas en apariencia física, poseedoras de características que todo hombre estereotipado desearía en una mujer.

Y es que “Parábola del trueque” es eso: un juego de arquetipos casi obsceno en donde, mediante la construcción de cada personaje, se muestra una realidad considerada inmoral pero con aires de verídica.

Tenemos, así, a los hombres del relato quienes, en en su afán de satisfacer sus deseos primitivos, no se la piensan dos veces para hacer el cambio de sus mujeres “desgastadas” por el paso de los años y la vida por otras que luzcan hermosas, perfectas y llenas de una vitalidad que les sabe necesaria e imperiosa.

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Las inconveniencias de morir en tiempos de fe

Por Aledith Coulddy

Uno creería que la turbulencia de la vida diaria llega a su fin con el dulce descanso de la eterna muerte. Lo cierto es que, en ocasiones, no sucede así.

Morí por ahí de 1927, en algún lugar de Jalisco. No recordaba bien los detalles de lo sucedido hasta que semanas después de mi regreso a la Tierra los leí en uno de esos folletos que entregan afuera de las iglesias.

La obnubilación de haber estado muerto por años se despejó poco a poco cuando reconocí en esas hojas de imprenta barata mi cara dibujada en colores sepia. Vestía entonces una sotana negra y lucía un peinado relamido con aceite. Mientras leía las páginas, fui recordando que nací en Morelia en 1907; siempre quise tener estudios superiores y largarme a una ciudad enorme en donde pudiera seguirme preparando. Desafortunadamente, provenía de una familia de bajos recursos económicos. Poseíamos algunas hectáreas de tierra fértil, aprendí de agricultura con las enseñanzas de mi padre y cuando le conté mis ambiciones, me recomendó ingresar al seminario. Era la opción más barata y efectiva de lograr licenciarme en algún campo. Así que, como cualquier adolescente que mira a su padre como poseedor de la verdad absoluta, seguí su consejo y entré al seminario.

Sin embargo, si hubiera sabido que iba a morir por mis deseos de ser profesionista, me hubiera convertido en ateo. No quería recordar mi muerte, no andaba en busca de memorias dolorosas y humillantes, pero el maldito panfleto detallaba letra por letra cómo había sido fusilado, descuartizado e injuriado por el solo hecho de encontrarme en una posición de la que no podía escapar. Nunca he entendido esa fijación excesiva de los creyentes católicos por adorar a gente moribunda ensangrentada. ¡Es enfermizo!

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