La filosofía del existencialismo en el arco “La noche más oscura” de Linterna Verde.

Por: Aledith Coulddy

La noche más oscura: Panorama general.

“Hubo oscuridad. Luego, se hizo la luz y la lucha entre ambas comenzó”. Esta es la cita inicial de “La noche más oscura” y, con ella, el escritor Geoff Johns realiza el preludio de lo que el lector encontrará en los siguientes nueve números de uno de los arcos más importantes del superhéroe Linterna Verde.
    En esta historia, se ha creado una nueva facción de linternas negras, liderada por dos antagonistas principales, Nekron, que es la personificación del nihil o la nada y por Black Hand, su más leal súbdito.
    Ambos tratarán de revivir a todos aquellos que han muerto, para hacerlos parte de un séquito de seres que viven a merced de la voluntad de Nekron. Su único propósito es aniquilar y dejar al universo desprovisto de todo cuanto existe.
    Los superhéroes del universo DC, tratarán entonces, de contrarrestar esta fuerza creciente que va consumiendo a los personajes y los hace parte de la nada. Y con la unión de todas las facciones de linternas del universo, enemigas y amigas, intentarán derrotar a Nekron para volverle a dar un sentido al universo.

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Violencia

Por Jonathan Novak

Y antes de que la última pieza de compuerta metálica cayera por completo, el chillido agudo, como de cerdos siendo sacrificados, se intensificó. Tan pronto la placa metálica de diez centímetros de espesor cayó hacia el lado opuesto de donde nos encontrábamos, fuimos capaces de verlos. Seres de pieles negruzcas corrieron presurosos hasta el extremo opuesto de la sala a la que habíamos accedido. Con cuatro extremidades inferiores y dos más superiores, los seres corrían horrorizados.

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El suicidio de los departamentos de la calle doce

Por Jonathan Novak

Adam Stoney solía ser el nombre del cadáver frente a la Policía Investigador Charlene Northcote. La habían llamado a las 15:30 tres días atrás. «Hombre caucásico, cuarenta y seis años, presunto suicidio por precipitación desde un edificio de departamentos en la calle doce».
La llamada había venido directamente de su jefe, quien hizo hincapié en la palabra «presunto». Y es que para ese momento, Charlene era el tercer investigador solicitado en la escena, los otros dos habían entregado informes completos, sin embargo, en voz de los mismos, el caso tenía demasiados detalles.

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El ascensor

Por Oscar Valentín Bernal

I

—Dante, no estoy seguro de que sea una buena idea —dijo Víctor a su mejor amigo, mientras caminaban rumbo al ascensor por los pasillos del hospital general de Newport, donde el papá de Dante era encargado del área de urgencias.
El niño acostumbraba ir al hospital todos los días saliendo de la escuela para esperarlo hasta la conclusión de su turno e ir a casa juntos. Aquel día, fue el último del curso y Víctor pidió permiso a su abuela para ir a casa de Dante a jugar Gears of War toda la tarde. Ya había acompañado en otras ocasiones a su amigo al trabajo de su padre, generalmente el tiempo de espera pasaba rápido. Siempre que uno se divertía con los amigos el tiempo volaba y eso estaba bien para Víctor porque detestaba los hospitales desde que su madre falleció en uno, tres años antes.

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AMERA


Por Aledith Coulddy

¿Cómo podía haber cambiado tan profundamente su vida con experiencias que habían acontecido en un lugar que era, en esencia, un espejismo?
—Jonathan Coe

Como manifiesto del progreso de la humanidad, se hizo asequible a un grupo selecto de seres humanos, la nueva invención de la Neurological Enhancement Program company, un neurochip adherido a la corteza cerebral frontal cuyo fin sería otorgarle mayor capacidad de memoria y rendimiento a los procesos mentales del portador del aditamento en cuestión.

La selección de aquellos individuos que tendrían la fortuna de probar la versión beta del producto, no había sido organizada en base a los ingresos monetarios del usuario, sino de ciertas características anatómicas y químicas que hacían propició el implante cerebral con la mínima posibilidad de rechazo del mismo.
Es decir, era como buscar el receptor perfecto a un órgano que estaba a punto de ser trasplantado.

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También por la madre Rusia

Por Oscar Valentín Bernal

“Para nosotros, los soldados y oficiales
del ejército 62, más allá del Volga no hay tierra.
Vamos a luchar hasta la muerte”.
—Vassili Zaitsev—

Vassili Zaitzev estaba sentado junto a una ventana en el edificio en ruinas que habían tomado por cuartel. Tenía el cañón del rifle apuntando a la calle y un cigarrillo a medio consumir descansando sobre un cenicero improvisado con una lámina retorcida, la cual permanecía al alcance de su mano. Cuando escuchó el ronroneo creciente de un motor, sus dedos se tensaron sobre la culata del arma y el gatillo. Aquel sonido lo ponía nervioso.
De pronto, vio pasar fugaz al bombardero Túpolev, sobre su escondite; iba perdiendo altitud demasiado rápido. El piloto forcejeaba con el motor en llamas, intentando elevar el enorme pájaro moribundo que se negaba a obedecerle.
El aterrizaje sobre la avenida fue catastrófico. No pasó mucho antes de que Mijhail entrara a la habitación, se aclarara la garganta y le hablara:
—Zaitzev… ¿sabes quién va en ese avión?
Vassili lo sabía. La llegada de aquel hombre a Stalingrado había sido un secreto pésimamente guardado desde hacía días.
—Tú y tus francotiradores son la última división que queda en la zona, esta ciudad se está yendo al infierno —dijo Mijhail sin poder ocultar en su voz el nerviosismo que las implicaciones de la caída de aquel avión le provocaban.
Vassili lo evaluó unos momentos y se dio cuenta de que no tenían opción, negarse a acudir al rescate sería considerado por sus superiores traición a la patria, sin importar lo riesgoso que fuera cruzar el campo de batalla.
—Vamos para allá, camarada Capitán —dijo con la voz enronquecida.
Dio una última calada al cigarrillo, luego atravesó la puerta con el rifle colgado del hombro.

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Kyoto 1867

Por Oscar Valentín Bernal

Hay tierras impregnadas de sangre en las que los espíritus de los ancestros permanecen aferrados por décadas o incluso siglos, hablan con los vivos a través del silbido del viento que azota las hojas de los árboles, o el murmullo del río corriendo a través de los bosques y el tiempo.

Aquella noche los espíritus estaban ahí, lanzando sus susurros entre el bambú.

Los Tokugawa habían perdido. Sus cuerpos sin vida estaban colgados en las calles, o con el acero de sus katanas bien metido en las entrañas. Una nueva era comenzaba, una que aquellos fantasmas del bosque no entendían ni soportaban y por eso llenaron el campo de niebla esa noche y ocultaron a nuestros enemigos.

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