El “MacGuffin”: un recurso narrativo para gobernarlos a todos

Por Aledith Coulddy

Alfred Hitchcock, aclamado director y productor de cine, entre muchas de las novedades que le otorgó al legado del séptimo arte, logró popularizar un término cuyo significado pasaría a la posteridad como uno de los recursos narrativos más peculiares y reconocidos de la ficción.

El origen del MacGuffin se remonta a un diálogo en una supuesta cinta que Hitchcock miró allá por los años 30, en donde dos hombres que viajan en un tren mantienen la siguiente conversación:

“—¿Qué es ese paquete que llevas ahí?

—Oh, es un MacGuffin.

—¿Qué es un MacGuffin? —responde el hombre, intrigado.

—Es un aparato que sirve para atrapar leones en las praderas escocesas.

—Pero si no hay leones en las praderas escocesas.

—Bueno… entonces esto no es un MacGuffin”.

De esta forma, Alfred Hitchcock ejemplificaba la esencia de este elemento. Pero, ¿qué es realmente?

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Hanging Blimp: Un ejemplo del terror de Junji Ito

Por Jonathan Novak

“Hanging Blimp”, en ocasiones traducido también como “The Hanging Balloons“, es un “one-shot” (historieta de un solo capítulo) de Junji Ito, uno de los artistas de manga más representativos del género de terror. 

De las historias de Junji Ito se puede hablar largo y tendido. Con un estilo único, este autor ha logrado posicionarse a nivel mundial, algo de reconocerse dada la temática y el medio utilizado por el autor.

Lograr la sensación de miedo es un arte en sí mismo, hacerlo en un medio como el cómic es especialmente difícil. En el cine, la música en conjunto de la escena puede generar tensión de manera relativamente sencilla, lo mismo ocurre en el teatro y en los videojuegos; por su parte, la literatura tiene a su alcance a la mayor herramienta de inmersión: la imaginación. 

Entonces, ¿cómo creamos terror en un medio que se limita únicamente a la vista? en esta entrada exploraremos algunas de las técnicas usadas por el maestro Junji Ito para transmitir miedo a sus lectores.

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“Finales felices”: un ejercicio narrativo de la autora Margaret Atwood.

Por Aledith Coulddy

En menos de dos días, la Academia Sueca dará a conocer públicamente los ganadores del Premio Nobel de Literatura. Este año, y por única ocasión, dos escritores serán galardonados. Esto se debe a que en el año 2018, se canceló la ceremonia de premiación debido a escándalos sexuales e irregularidades dentro de la Academia, por lo que se postergó dicho reconocimiento al presente año.

Una de las autoras favoritas para recibir el Nobel este 2019 es Margaret Atwood, prolífica escritora canadiense, nacida en 1939, que es ampliamente conocida por su trabajo dentro del campo de la literatura, además de sus acciones en el activismo en defensa de las aves y por ser la autora de una de las obras más reconocidas de los últimos años: “El cuento de la criada”.

Si bien son muchas las razones por las que alguien como Atwood podría ser la galardonada el próximo jueves, este día les presentamos un ejercicio narrativo conciso pero brillante que la autora publicó en el año de 1983.

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Joker: Las peculiaridades que la vuelven una película sobresaliente y la clave en su escena final

Por Aledith Coulddy
Asesoría de S. Bobenstein

CONTIENE SPOILERS MAYORES

Hablar del Joker es hablar de lo incognoscible. Es saltar a una piscina de desechos tóxicos y esperar a que, al salir de ésta, el resultado nos de una pista del qué o el cómo y aun así terminar sorprendidos.

Hablar del Joker supone un encuentro con la misma fuerza de la naturaleza que oculta la sanidad para dar paso a la incongruencia y la manía. No se debe tratar de entender el fenómeno que lo representa sino simplemente contemplarlo.

¿Cómo es entonces que una película sobre el mismo origen del Joker es tan atractiva y poco a poco se convierte, en la opinión general, en un referente en el cine de películas basadas en cómics?

Porque no lo es. 

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Drácula: el espíritu de la época a finales del siglo XIX

Por S. Bobenstein

La luna llena imperaba en el cielo nocturno, su luz, tan penetrante como fantasmal, apenas era opacada por las sombras de unos cuantos jirones de nubes que se desplazaban parsimoniosamente al ritmo del silbido del frío viento del este. Bañada por la fuente plateada del astro, en la cima de una colina escarpada, la silueta de un magnífico y derruido castillo coronaba un paraje desolado, poblado por rocas puntiagudas, cadáveres de árboles que otrora fueron frondosos y el tenue sonido de las criaturas de la noche a lo lejos. Un viajero incauto, imprudente al haberse dejado sorprender por la noche durante su viaje, se acercaba por el sendero principal de la entrada del castillo en busca de refugio contra los peligros de la intemperie, no sin cierta reserva, temeroso de esa sensación detrás de su cabeza y dentro de su abdomen, esa certeza de que “algo no está bien”, mas era preferible la protección de los muros y la oscuridad a la merced de las bestias y el clima.

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La trompeta del juicio final: Filosofando con Asimov

Por Jonathan Novak

“La trompeta del juicio final” es un cuento del gran maestro de la ciencia ficción, Isaac Asimov. En este relato, sin embargo, no nos sitúa en futuros distantes sino en el desarrollo de un suceso fantástico visto a través de la óptica de un habitante, aparentemente común, del siglo XX.

La historia aborda dos tramas paralelas, la de Etheriel, un serafín joven encargado de cuidar de nosotros, los habitantes de la tierra y la de R. E. Mann un hombre que se encuentra vivo al tiempo del toque de la trompeta del juicio final y durante el día de la resurrección. El arco de Etheriel trata del serafín abogando por nuestro universo, el cual se encuentra de alguna manera detenido en un singular momento de existencia perpetua. Por su parte, R. E. Mann es el encargado de mostrarnos, por así decirlo, la reacción de los seres humanos ante esta existencia eterna pero estática.

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El sonido de la oscuridad del cosmos: La música de Erich Zann

Por S. Bobenstein

La música es uno de los lenguajes universalmente entendidos por todos en el planeta Tierra, capaz de evocar ideas, emociones, imágenes e intenciones tanto o más como todas las otras expresiones artísticas. Podríamos dar la vuelta al globo y, en cada rincón donde habitan humanos, encontraremos desde los más rudimentarios ritmos de percusión hasta las más complejas y cautivadoras sinfonías, pasando por todos los géneros autóctonos de cada región y país, incluso de cada época y grupo sociocultural; existe música tan variada como cuantos humanos han existido y ritmo, melodía y armonía son tan parte de nosotros que podemos encontrarlos hasta en nuestro propio cuerpo, en los latidos del corazón y en la acompasada respiración.

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El arma de Chéjov: un recurso narrativo indispensable

Por Aledith Coulddy

Anton Chéjov, nacido en Rusia, fue uno de los dramaturgos y cuentistas más prolíficos del siglo XIX. Con gran experiencia narrativa, le regaló al mundo literario obras cargadas de calidad, pero no sólo eso, sino que otorgó uno de los recursos literarios más conocidos y que, a pesar de parecer obvio, aún es motivo de tropiezos en algunos escritores.

El arma de Chéjov habla acerca de los elementos que conforman una narración ficticia en cualquiera de sus formas; en específico, nos dice que todos los elementos que han de encontrarse en una historia deben servir a un propósito, de otro modo es mejor quitarlos.

En sus palabras, Chéjov recalca lo siguiente: “Si en el primer capítulo hay un arma colgada en la pared, en el segundo o tercero debe ser disparada. De otro modo, el arma no debería estar ahí”.

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“Eso es arte… ¿verdad?”: Avelina Lésper y el fraude del arte contemporáneo

Por S. Bobenstein

Desde la época de las cavernas, los seres humanos hemos tenido la necesidad de expresarnos artísticamente, puesto que dentro de todos existe un universo de ideas y experiencias, entremezcladas con sentimientos y emociones, que bullen y luchan por pasar al mundo real y por expandirse a otras mentes afines… o porque, simplemente, necesitan ser expresadas por el bien del alma del artista. Si revisamos la historia y evolución del arte, desde las pinturas rupestres hasta las obras generadas por medios digitales, podemos encontrar grandes ejemplos de lo que algunos alcanzaron gracias a su genialidad, obras insignia de la potencialidad humana y prueba inmutable de la riqueza mental y espiritual del artista, sin embargo, si la estética existe como rama de la filosofía es porque tenemos un gran problema: cada uno tiene su propia y muy particular definición de “arte”, de lo “hermoso”, de lo “horrible”, de lo que nos gusta y nos disgusta, de lo que nos hace reflexionar al contemplarlo o nos pone a bostezar. Y es que, finalmente, todos sabemos qué es lo que nos agrada y qué nos disgusta, todos tenemos derecho a ello, pero, parafraseando a Hume, aunque todos podamos admitir con honestidad lo que nos gusta (y no podemos equivocarnos en ello, puesto que se trata de algo meramente subjetivo) debemos tener cuidado en no confundir “me gusta” con “está bien hecho”.

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Tetris: su travesía a través de la Guerra Fría

Por Aledith Coulddy

La Guerra Fría fue un conflicto político e ideológico que se suscitó unos años después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 aproximadamente y cuyos participantes principales fueron Estados Unidos y la Unión Soviética, con sus respectivos aliados.

Lo último que podemos asociar a esta clase de eventos históricos es la creación de videojuegos, pero fue precisamente Tetris aquél que se desarrolló dentro de este contexto y que logró expandir su fama y reconocimiento a lugares más lejanos y años posteriores.

Creado en 1984 por el ruso Alexey Pajitnov, este videojuego fue nombrado como tal por una combinación de dos términos: “Tetra” que hacía referencia a los cuatro cuadrados de los que estaba compuesta cada ficha del juego y “tenis” el deporte favorito de Pajitnov. 

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