Red herring

Por S. Bobenstein

El detective entró en el bar cuando la tormenta estaba en su punto más álgido. Dejando un rastro de gotas de agua que escurrían de su gabardina, se encaminó a apoyarse de espaldas en la barra para mirar a los presentes. Los pocos parroquianos que se encontraban ahí no trataron de disimular que lo examinaban de pies a cabeza, en especial un hombre que tenía un ojo de color azul y el otro oscuro, semioculto entre las sombras de un rincón. Sólo por las expresiones de los rostros de los presentes, el detective sabía que no se encontraba entre amigos.

—¿Qué le sirvo, camarada? —preguntó el bartender con voz ligeramente rasposa e inexpresiva.

—Whisky doble, en las rocas —respondió el recién llegado, sin molestarse en voltear a ver a su interlocutor.

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