Jiro Dreams of Sushi: las maravillas ocultas detrás del pescado y el arroz

Por S. Bobenstein

Todos los seres humanos requerimos alimentarnos invariablemente, necesitamos elementos externos para proporcionar energía y sustancias indispensables a nuestro cuerpo con el fin de mantener su correcto funcionamiento y, por lo tanto, continuar con vida. Esto es fácilmente asequible, la buena naturaleza nos ha provisto de una prodigiosa variedad de alimentos en infinidad de formas, colores y sabores, en diferentes climas y en diferentes regiones, cada uno adecuado para la estación en curso y los modos de vida de las personas.

Efectivamente, podemos nutrirnos de formas bastante simples, es fácil llevarnos una manzana a la boca, mascar un pedazo de carne o beber el jugo de una naranja, pero, los seres humanos, somos todo menos simples, siempre buscamos ir más allá, disfrutamos de transformar lo que nos rodea y de encontrar nuevas y emocionantes formas de expresar nuestro agrado (o desagrado) hacia las experiencias al comer. No obstante, el mundo material no es lo único que podemos transformar y expresar, sino también nuestros pensamientos, nuestras ideas y las memorias que creamos a partir de nuestras experiencias emocionales.

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Hemingway y los asesinos.

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Por Oscar Valentín Bernal

 

Argo

Ernest Hemingway nació en Illinois, el 21 de julio de 1899. Durante su vida, participó en las dos guerras mundiales –durante la segunda estuvo presente en el desembarco de Normandía y en la liberación de París– y en la guerra civil española. 

Trabajó como espía para la embajada de Estados Unidos en Cuba, para la inteligencia naval norteamericana, para la OSS; y al mismo tiempo, espiaba para la NKVD soviética, antecesora de la KGB, utilizando el nombre código de Argo. 

El escritor organizó un servicio de inteligencia, con varios agentes, al que llamó “la fábrica de ladrones”.

Solía frecuentar la isla de Cuba, hasta que un día la abandonó de prisa, tras enterarse de que Fidel Castro pretendía nacionalizar las propiedades de los extranjeros en el país. Al marcharse, el escritor y doble agente, dejó atrás más de dos mil manuscritos, que hasta la fecha continúan en posesión del gobierno cubano.

El 2 de julio de 1961, Hemingway se pegó un tiro con su escopeta de caza.

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Pedro Páramo: los susurros de los muertos a través del tiempo

Por Aledith Coulddy

Pedro Páramo, una de las novelas más importantes de la cultura mexicana, referente de la literatura de habla hispana y cuyo autor es jalisciense, se convirtió, a través de los años, en una historia que sobrepasa los confines del tiempo, de la vida y de la muerte.

Esta novela le da voz a los olvidados y a los que poco a poco se van perdiendo en el inevitable pasar de las primaveras, en medio de una época que demuestra mucho cómo era la vida allá en el México de la revolución y la posrevolución.

Juan Rulfo, que escribió sólo dos novelas y una recopilación de cuentos, le otorga un espacio en su magnum opus a una serie de personajes y anécdotas que son reflejo de la cotidianeidad de ese México. La historia que cuenta en las líneas de Pedro Páramo es simple. Es la historia de un terrateniente de un pueblo mexicano ficticio que expía sus culpas, que fueron muchas, a través de un amor que jamás fue correspondido. Su salvación y perdición viven, cual dualidad, dentro de una misma carne y se cuenta a través de las voces de un recuerdo colectivo custodiado en las tierras y edificios de Comala, el sitio donde todo ocurre.

Es una historia que, aunque simple, es extraordinaria, adjetivo cuyo valor recae enteramente en la pluma de Juan Rulfo.

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La leyenda de los lobos de invierno

Por Aledith Coulddy

Nadie sabe de dónde llegaron los lobos.

Nadie, vivo o muerto, supo cuándo exactamente o por qué un buen día, de la nada, como un retoño que surge en el áspero blanco de la nieve otoñal, aparecieron de pronto en los bosques de nuestro hogar.

Lo único de lo que estábamos seguros era de que papá, Natuk y yo fuimos los primeros en avistarlos. Corrían como sombras que acechan en la espesura del bosque, escondiéndose entre ramas y pasto seco. 

Era una mañana de mediados de noviembre y mamá se había quedado en casa mientras nosotros íbamos al bosque a conseguir leña para la fogata. El invierno había hecho su arribo más pronto de lo esperado y a todo el pueblo tomó por sorpresa. La primera noche, sin reservas de un fuego que nos calentase, la pasamos bien abrigados, juntos, guareciéndonos de la helada tormenta que afuera de la cabaña caía.

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¿Es la animación un medio para niños?

Por Jonathan Novak

Cuántos de nuestra generación no hemos escuchado, en tono despectivo debo agregar, la frase: “¿Por qué ves caricaturas? esas son cosas de niños”. La frase como tal no lleva insulto alguno, lo que resulta molesto no es que se considere infantil un cierto gusto, lo molesto es que se hable desde el desconocimiento. La animación ha tenido, durante mucho tiempo, el estigma de ser un medio infantil y si bien es cierto que muchas “caricaturas” están destinadas al consumo de los más pequeños, juzgarlas a todas por esta razón es ciertamente un error.

Aunque me gustaría explorar la razón por la cual la animación cayó en este prejuicio, en esta pequeña entrada me limitaré a dar unos cuantos ejemplos de series y películas animadas que rompen con el estereotipo antes mencionado. Leer más “¿Es la animación un medio para niños?”

La suspensión de la incredulidad: un esfuerzo (in)voluntario para creer lo improbable

Por S. Bobenstein

Imaginemos que es la noche de Halloween (de hecho, esta noche) y te dispones a ver (o volver a ver, si eres un fanático de la película, como un servidor) “El aro” (Gore Verbinski, 2002), el remake de la película japonesa de 1998. Inicias la reproducción y rápidamente te empapas de la premisa: un video maldito está circulando entre grupos de jóvenes, quienes dicen que provocará que mueras siete días después de verlo, no sin antes recibir una llamada con la voz de una niña diciendo: “siete días”. La leyenda del video se conecta con la muerte de la sobrina de una periodista, quien se da a la tarea de investigar a fondo lo sucedido, eventualmente encontrando dicha grabación en un VHS. Haciendo caso omiso de los rumores, la periodista mira las perturbadoras y caóticas imágenes del video y, justo en el momento en que la reproducción se detiene, su teléfono timbra… y el tuyo también. Saltas en tu asiento, miras en dirección a ese aparato aparentemente inofensivo y un escalofrío te recorre la espalda. También viste el video y la leyenda decía que el teléfono sonaría al terminarlo, pero no sólo eso… Dudas, los segundos parecen minutos, mantienes la mirada fija en el auricular y te debates entre contestar o no. Finalmente, te armas de valor, tomas el auricular, atiendes la llamada, esperas escuchar a una niña y… es tu mamá diciéndote que ya le regreses los “tuppers” que te llevaste la semana pasada. Respiras con alivio, no sin cierta vergüenza por tu credulidad, y le dices que se los darás mañana. Al colgar, regresas a tu asiento y a volver a creer que en verdad existe la maldición del video… aunque sea por las casi dos horas que dura la película.

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Agatha a bordo del Orient Express

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Por Oscar Valentín Bernal

Cuando hablamos de los pioneros del género del misterio y policíaco, se nos vienen a la cabeza nombres como Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe y, claro, Agatha Christie. Christie se crió en el campo y trabajó como enfermera durante las dos guerras mundiales, fue aficionada a Robinson Crusoe, a los relatos de Jules Verne y de Charles Dickens, obras que le sirvieron de inspiración para la suya, sin embargo, es curioso que, en el caso de Christie, su carrera detrás de la máquina de escribir haya comenzado con un reto. 

«No puedes escribir una historia de detectives, donde el final sea inesperado». Dijo Madge, la hermana de Agatha y fue así que nació “The Mysterious Affair of Styles”, su primera novela publicada en la cual ve la luz el famoso detective belga, Hercule Poirot (Pronunciado Puagó en francés). 

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El valor del arte: ¿Scorsese y Coppola tienen razón?

Por Aledith Coulddy

En La Puerta Falsa, aunque somos parte y consumidores activos de muchos medios de expresión artísticos, es cierto que nos desenvolvemos más en el camino de la literatura.

Justo hace unos días, los cuatros miembros de este grupo analizábamos en una charla casual, el linchamiento colectivo que se les da a algunas obras literarias por parte de los que son llamados “expertos” o “estudiados” de este ámbito.

Obras que tratan temas como la fantasía y la ciencia ficción o incluso el colectivo policiaco son usualmente menospreciados por quien considera que lo verdaderamente relevante en el arte de la palabra escrita es sólo lo clásico, el realismo, o la no ficción.

Estos sujetos, sin embargo, se olvidan que dentro del enorme campo de las obras de ficción, en específico las antes mencionadas, nos encontramos con ejemplares tales como “El señor de los anillos”, la obra completa de Isaac Asimov y los atisbos de narraciones detectivescas en los cuentos de Poe que más tarde se consolidaron en grandes como Agatha Christie o Arthur Conan Doyle.

¿Qué pasa entonces con autores como Dan Brown, Stephen King y J. K. Rowling? ¿Son acaso el Marvel de la literatura? ¿Estarán siempre bajo el lente de la mediocridad y la duda artística por hombres y mujeres que no dan valor a sus obras?

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No habrá final feliz: Una ventana a la realidad

Por Jonathan Novak

Escrita en 1989 por Paco Ignacio Taibo II, “No habrá final feliz” es una novela negra ubicada en el México de los 80’s. En esta obra, el autor trae nuevamente a su conocido personaje Héctor Belascoáran Shayne, un detective privado muy diferente a los descritos en las novelas policíacas clásicas. “No habrá final feliz” es la cuarta novela de la serie de Belascoáran y, en esta entrega, se cuenta el desafortunado encuentro entre el detective y los restos del grupo paramilitar conocido como “los Halcones”.

A lo largo de la trama, Belascoáran será enfrentado a un misterioso asesinato, el cual poco parece tener que ver con él. Si bien el desconocido asesino advierte al detective de mantenerse alejado del caso, éste sólo logra intrigar a Belascoáran por lo que, a pesar de las amenazas, decidirá llegar al fondo del asunto. 

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Invasor Zim y el poder de una serie de culto

Por S. Bobenstein

Cuando la serie animada “Invasor Zim” (“Invader Zim”, en inglés) vio la luz en el 2001, a través de Nickelodeon, sorprendió a propios y extraños, y es que el estilo de su creador, Jhonen Vasquez, tanto en narrativa como en dibujo, distaba mucho de ser el esperado para las animaciones que tradicionalmente se transmitían en el canal. Oscuro, mórbido, grotesco y con una grandísima dosis de humor negro, el mundo del invasor irken Zim, GIR, Dib, Gaz y todos los demás personajes de la serie, dividió a las audiencias entre los que consideraban que la caricatura era repulsiva y no apta para los niños asiduos al canal (salvo que se viera sometida a una implacable censura) y los que la aclamaron como una de las mejores producidas hasta la fecha.

Sea cual sea la postura que uno tenga con respecto a la animación, “Invasor Zim” se convirtió en una serie de culto pese a su corto paso por televisión, alcanzando un lugar en el panteón de Nickelodeon y dando origen a tres ediciones de la convención de fans “InvaderCON”, las cuales contaron con más de diez mil participantes, así como a una serie de cómics que continúa con la historia de la caricatura y se sigue publicando mensualmente hasta el día de hoy. Dado el nivel de éxito y aceptación que la serie finalmente se ganó entre el público, Vasquez y Netflix, en 2019, presentaron al mundo “Invasor Zim y el poder del florpus” (“Invader Zim: Enter the Florpus!”, como título original), película que funge como secuela de la animación, con el beneplácito de críticos y audiencia por igual.

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