Crítica social en “El demonio de dos centímetros”

Por Jonathan Novak

“El demonio de dos centímetros” es un cuento corto escrito por Isaac Asimov, de corte fantástico. La narración comienza con el encuentro de dos desconocidos, el narrador, quien es escritor, y un hombre llamado George Bitternut. Llevados por la plática, el narrador decide invitar a George a cenar y es en este intercambio donde la verdadera historia comienza.

En medio de la charla, George revela su origen, descendiente de una familia aristócrata con un trasfondo místico que les concede la habilidad de convocar demonios. Cómo es de esperarse, el narrador se muestra escéptico ante la revelación, sin embargo, decide escuchar el resto de la plática. Con esto, George revela la existencia de Azazel, que aunque en ese momento se ha desmaterializado, ha compartido una especie de amistad con George.

Estos tres personajes, son recurrentes en las historias de Asimov, existe incluso una recopilación en un libro llamado “Azazel”, en éste, se nos narran otras historias donde Azazel termina ayudando a algún conocido de George y donde la historia es narrada por el mismo personaje sin nombre.

Como se puede entender del párrafo anterior, la historia no termina siendo acerca de George ni de Azazel, ni siquiera del narrador. En el caso de “El demonio de dos centímetros”, George cuenta la historia de su sobrina, quien, durante la universidad, se enamora de un chico que juega baloncesto, pero que no es muy bueno en ello. El sueño de la chica es crecer y casarse con aquel joven y que, por medio del baloncesto, le de una vida llena de lujos. George rápidamente le hace ver que, con la falta de habilidad del joven aquello será imposible, sin embargo, Azazel se interesa en el asunto y luego de estudiar cómo funciona el baloncesto, decide ayudar.

El problema surge cuando, al aplicar su magia, Azazel no distingue entre la canasta propia y ajena, por lo que el joven termina encestando indistintamente tanto para su equipo como para el contrario, causando que sea expulsado y acabando definitivamente con su carrera.

Hasta este momento, el cuento es muy tradicional, uno podría comprender el sentido de la narración como una con tonos humorísticos, el giro al final, por otra parte, genera una sensación de extrañeza. George cuenta que habría comprendido que el joven, luego de su garrafal fracaso, se arrojara al alcohol, pero, en palabras de George, el joven cae en algo peor, se vuelve físico, uno de renombre de hecho, George cuenta cómo su sobrina decidió casarse con él porque necesitaba apoyarlo. Cayeron tan bajo, al menos en opinión del hombre, que el joven, ahora un reconocido físico, estaba cercano a ganarse un Nobel.

Esta parte final cae como un balde de agua fría, en el sentido de lo inesperado y no tanto en el impacto, pues, al leer estas palabras, no puedes sino sentir que algo no está bien, la decisión de Asimov de demeritar la labor de un par de científicos, parece responder a una crítica, una tan válida entonces como lo es ahora. 

Sabemos que la labor científica es una poco valorada (a pesar de ser tan necesaria) y que, en comparación a otras, puede palidecer en cuanto a su remuneración, lo que vemos en este cuento de Asimov, quien también pertenecía al mundo científico, es su inconformidad ante esta falta de valoración a las ramas de la ciencia.

Este tipo de narrativa nos recuerda que el arte puede tener tanto un sentido estético, como uno de reclamo. En este caso, Asimov no se limita a contar una historia, sino a apuntar a un elemento social el cual él considera como incorrecto.

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