Hereditary: una clase magistral de cine de terror

Por S. Bobenstein

Es costumbre pensar en el terror como un género cinematográfico “de segunda”, destinado a ser entretenimiento formulaico para satisfacer la demanda de un público que busca emociones intrascendentes y diversión pasajera. Nada más alejado de la verdad. En manos de alguien que la entienda, aprecie y respete, una película de terror puede convertirse en una verdadera obra de arte y en una cátedra sobre narrativa. Tal es el caso de Hereditary (El legado del diablo, en Hispanoamérica), película de 2018 escrita y dirigida por Ari Aster en su debut directorial.

Luego de la muerte de la abuela, una familia comienza a pasar por situaciones difíciles y perturbadoras que, en apariencia, tienen relación con la reservada vida de la finada y con las manifestaciones de enfermedad mental que se han presentado en generaciones pasadas. A partir de esta simple premisa, Aster estructura hábilmente una historia acerca de las consecuencias de los traumas transmitidos de padres a hijos, de la desconfianza que puede generarse al interior de la familia que debería “mantenernos seguros”, del resentimiento y la culpa que no se coartan aun después de la muerte y de la aprensión que provoca el dudar sobre la propia aptitud para responder ante la realidad.

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¿Cómo es una buena película de terror?

Por S. Bobenstein

Uno de los sentimientos primordiales y primitivos de los seres humanos, responsable en muchas ocasiones de nuestra supervivencia y, en otras tantas, de acontecimientos terribles, es el miedo. A lo largo de la historia de la humanidad y del desarrollo de todas nuestras diversas culturas, la causa del miedo ha variado enormemente, pero todos, absolutamente todos los seres humanos, hemos experimentado temor: esa sensación de algo acechándonos, la “certeza” que sentimos en el estómago de que algo no está bien, el deseo imperioso de salir corriendo de un lugar por ser “amenazante”, la repulsión cuando vemos algo o a alguien que “sabemos” es malo, el corazón latiendo rápidamente, la respiración haciéndose corta y apresurada, el sudor frío recorriendo nuestra frente, el pecho siendo presionado por tenazas, el temblor involuntario de los músculos, el deseo de gritar… El miedo ha sido parte de nosotros desde el principio de nuestra existencia y sólo desaparecerá cuando hayamos muerto (posiblemente).

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¿Cuál es el rostro del miedo? It, una novela de Stephen King

Por Oscar Valentín Bernal

Para la etología, el miedo es un instinto primario de supervivencia, inherente a los seres vivos desde la existencia misma de la predación. De este modo, la gacela escapa del león porque sabe que puede matarla; se trata de un comportamiento aprendido mediante la observación directa de los padres, pero a la vez es algo que está programado en el código genético de todas las especies.
Sin embargo, cuando nos adentramos en el apasionante e incierto campo de la psicología humana, podemos observar que el miedo no se limita únicamente a la autopreservación física del individuo sino que ha evolucionado junto a la mente humana, hasta el punto que podemos tener miedo de situaciones, sensaciones, lugares y cosas que no tienen por qué significar necesariamente nuestra destrucción de manera literal, pero pueden suponer repercusiones negativas desde nuestro punto de vista.
“It” es una de las novelas más representativas de Stephen King, en la cual el concepto del miedo juega un papel importante y es explorado desde diversas perspectivas. No obstante, este no es el único tema de la psique humana que aborda la novela, la cual ha sido clasificada dentro del género de terror gótico.
Contrario a lo que puede pensar gran parte de la audiencia de la miniserie, la novela de King no es una simple historia de terror sino una sobre la fuerte amistad de unos niños que terminará por hacerte sentir parte de su grupo; sufrirás cuando ellos sufren, temerás por sus vidas en cada encuentro que tienen con esa cosa que no es un payaso, porque verás a esos pequeños personajes de papel y tinta como a verdaderos amigos.

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