Scary Stories to Tell in the Dark: cuéntame un cuento de terror

Por Oscar Valentín Bernal

A todos les gusta una buena historia, pero todos reverencian una buena historia de terror. Ya seamos asustadizos o valientes, cualquiera puede recordar por lo menos una historia escuchada bajo el velo de la noche durante la infancia o la juventud temprana, acompañado de amigos, que lo ha hecho mirar sobre sus hombros, ahí en las esquinas oscuras y detrás de las sombras, en busca de criaturas horribles acechando, esperando el momento exacto en que baje la guardia para llevarlo a un mundo de miedo y pesadillas. Todos podemos visualizar el momento exacto en que sentimos miedo al dejar volar la imaginación con las historias de terror, ya sea alrededor de una fogata o aluzados por una linterna, pero eso no bastó para purgar de nosotros la fascinación que nos mantenía con los oídos muy abiertos, siendo partícipes de algo fantástico, oculto y terrible. Quizá algunos trataron de convencerse de que lo que escuchaban eran sólo patrañas, pero, creyentes o no, todos llegamos a temer que el delgado velo entre la realidad y la ficción no fuera lo suficientemente resistente para contener aquellos horrores. Esa es la experiencia que todos nosotros hemos vivido y eso es lo que “Scary Stories to Tell in the Dark” se esfuerza por evocar.

El director André Øvredal es el encargado de traer a la gran pantalla “Scary Stories to Tell in the Dark” (Historias de miedo para contar en la oscuridad, en los países hispanohablantes), película de 2019 co-producida y co-escrita por Guillermo del Toro, la cual a su vez está basada en las antologías de cuentos de terror infantiles del autor estadounidense Alvin Schwartz. La historia nos presenta a un pequeño grupo de amigos que encuentran por accidente un libro legendario perteneciente a una mujer recluida en la oscuridad, quien solía contar, a quien se lo pedía, las historias de terror escritas por ella misma y contenidas en ese volumen, sólo para después desaparecer en circunstancias misteriosas. Al leer el manuscrito, se percatan de que nuevas historias con ellos como protagonistas se están escribiendo por sí solas, las cuales hablan de su propia perdición. Para poder salvarse, los amigos deben investigar acerca del libro y sus secretos para evitar sus funestos desenlaces.

La película, dirigida principalmente a un público juvenil, en general resulta disfrutable y satisfactoria. Los puntos más memorables son las historias particulares, el diseño de las criaturas presentes, el genial manejo de la tensión y el desarrollo de la atmósfera adecuada; mientras cada historia se escribe, los eventos relatados en ella empiezan a sucederles a los involucrados y la interpretación que el director hace de estos nos regala momentos espeluznantes muy bien logrados que acceden a esa parte de nuestra mente la cual, si bien entiende la ficción frente a ella, no puede evitar volver a provocar que se nos pongan los pelos de punta, justo como cuando éramos más jóvenes. Mención especial es meritoria para las criaturas, a las que se les prestó una minuciosa atención para cada uno de sus detalles y que coronan cada escena en la que aparecen con una visión directamente sacada de las ilustraciones que Stephen Gammell creó para los libros. 

Aunque se trata de una película bien hecha, no es carente de fallas, siendo las que más afectan su calidad el uso excesivo del jump scare, la previsibilidad de la historia general, el poco desarrollo de los personajes y el desbalance entre escenas verdaderamente escalofriantes y escenas de las que se puede dudar sobre su aporte narrativo, por no llamarlas llanamente “de relleno”. Aun así, estas fallas no son lo suficientemente abismales como para arruinar la experiencia.

“Scary Stories to Tell in the Dark” goza de altos valores de producción que harán al público diana quedar encantado sin lugar a dudas y el público adulto podrá recordar la fascinación infantil que las historias de terror le causaban. Se trata de un viaje a lo oscuro de la infancia, a los recuerdos de los miedos casi olvidados por la edad, a mirar debajo de la cama y dentro del armario, al temor de encontrar respuesta cuando preguntamos “¿quién está ahí?”, y a la nostalgia y añoranza de creer en la fantasía del mundo tan cotidiano que nos rodea.

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