Hanging Blimp: Un ejemplo del terror de Junji Ito

Por Jonathan Novak

“Hanging Blimp”, en ocasiones traducido también como “The Hanging Balloons“, es un “one-shot” (historieta de un solo capítulo) de Junji Ito, uno de los artistas de manga más representativos del género de terror. 

De las historias de Junji Ito se puede hablar largo y tendido. Con un estilo único, este autor ha logrado posicionarse a nivel mundial, algo de reconocerse dada la temática y el medio utilizado por el autor.

Lograr la sensación de miedo es un arte en sí mismo, hacerlo en un medio como el cómic es especialmente difícil. En el cine, la música en conjunto de la escena puede generar tensión de manera relativamente sencilla, lo mismo ocurre en el teatro y en los videojuegos; por su parte, la literatura tiene a su alcance a la mayor herramienta de inmersión: la imaginación. 

Entonces, ¿cómo creamos terror en un medio que se limita únicamente a la vista? en esta entrada exploraremos algunas de las técnicas usadas por el maestro Junji Ito para transmitir miedo a sus lectores.

En el cine, como otros medios audiovisuales, el “jumpscare” ha ganado mala fama por ser una técnica barata que logra sólo momentáneamente infundir el sentimiento de terror al espectador, por otro lado, cuando se sabe aplicar puede, de hecho, ofrecer resultados interesantes. Es difícil imaginar esta técnica fuera de los medios audiovisuales, sin embargo, Junji Ito utiliza constantemente una variante de esta herramienta narrativa, pero, ¿cómo se utiliza el “Jumpscare” en una historieta? Sencillo, con el pasar de la hoja. 

En nuestro caso de estudio, podemos observar un buen número de “jumpscares”, el ejemplo que abordaré corresponde a la primera ilustración de estos globos asesinos. Sólo una hoja antes se nos narran los aparentes suicidios de algunos jóvenes, esta situación añade tensión antes de continuar, como es usual, dada la forma de girar la página, el primer cuadro que aparece en nuestra vista es el superior de la página izquierda (recordemos que un manga se lee de derecha a izquierda) este cuadro corresponde a la ominosa visión de una cabeza flotante aparentemente sin vida. Ejemplos de estos “jumpscares” pueden ser observados a lo largo de la obra de Junji Ito.

Si bien en el acervo de historias del autor es posible encontrar ejemplos de realismo, la mayoría corresponden a la fantasía. Habiendo dicho esto, podemos decir que casi sin excepción, todas sus historias comienzan en el ámbito del realismo. De hecho, sus historias suelen ocurrir en medio de la cotidianeidad de la vida, no hay un gran viaje o mudanza, no ha llegado alguien nuevo a la ciudad, no se ha efectuado un extraño rito, no. El terror de Junji Ito llega en medio de la rutina y en el caso de “Hanging Blimp” el suicidio de una joven perturba a la pequeña ciudad en la que habita la protagonista. A pesar de esto, la vida sigue su rumbo de manera relativamente normal, es hasta la aparición del primer “globo” que la historia realmente comienza a caer en picada hacia la locura. Esta inclusión de la vida común hace curiosamente creíbles las historias de Junji; es similar a aquellas series televisivas como “Historias de la cripta” o “La dimensión desconocida” donde un evento ocurre usualmente con la menor de las provocaciones. En este sentido, para Junji Ito, el terror puede aparecer en cualquier momento y a cualquier persona.

Por último, tomaremos un poco el tema de la ilustración. El estilo de Junji Ito es fácil de reconocer, cuando no dibuja algo horrendo sus personajes suelen tener una buena cantidad de definición, el estilo anime/manga está presente, pero con algunos elementos menos exagerados (véase los ojos de tamaño más natural). En contraste, cuando intenta infundir terror, suele mostrar figuras vagamente humanas formadas de líneas gruesas y oscuras. Junji Ito utiliza estos monstruos usualmente humanoides para añadir a la idea de la cotidianeidad abordada anteriormente, además de colocar a sus “antagonistas” en el conocido “uncanny valley”. De esta manera, el sentimiento de inseguridad es transmitido aun cuando lo mostrado en la escena no intenta representar una amenaza inmediata para los protagonistas. En este caso, volvemos al primer encuentro con los “globos”, la imagen de una cabeza gigante flotando sin rumbo ofrece una sensación enervante, por un lado lo que observamos posee claramente atributos humanos y aun así, sabemos que su naturaleza dista de cualquier cosa conocida, ubicándonos en esa zona de confusión e inseguridad.

Al final, Junji Ito logra su cometido al transmitir el miedo de sus personajes al lector, quien, llevado de la mano, sólo puede seguir pasando las páginas en busca del, en muchas ocasiones, terrible final. 

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