Hereditary: una clase magistral de cine de terror

Por S. Bobenstein

Es costumbre pensar en el terror como un género cinematográfico “de segunda”, destinado a ser entretenimiento formulaico para satisfacer la demanda de un público que busca emociones intrascendentes y diversión pasajera. Nada más alejado de la verdad. En manos de alguien que la entienda, aprecie y respete, una película de terror puede convertirse en una verdadera obra de arte y en una cátedra sobre narrativa. Tal es el caso de Hereditary (El legado del diablo, en Hispanoamérica), película de 2018 escrita y dirigida por Ari Aster en su debut directorial.

Luego de la muerte de la abuela, una familia comienza a pasar por situaciones difíciles y perturbadoras que, en apariencia, tienen relación con la reservada vida de la finada y con las manifestaciones de enfermedad mental que se han presentado en generaciones pasadas. A partir de esta simple premisa, Aster estructura hábilmente una historia acerca de las consecuencias de los traumas transmitidos de padres a hijos, de la desconfianza que puede generarse al interior de la familia que debería “mantenernos seguros”, del resentimiento y la culpa que no se coartan aun después de la muerte y de la aprensión que provoca el dudar sobre la propia aptitud para responder ante la realidad.

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