El salto de Mandela

Por Jonathan Novak

Le invito a considerar la imagen de un árbol, el inicio del tiempo correspondería al tronco, pero, a medida que éste avanza y la aleatoriedad se apodera del rumbo del universo, el tiempo, inevitablemente, se ramifica. Es aquí donde encontramos la llamada compatibilidad universal. Dos universos jamás serán iguales, la existencia de ambos es, por sí misma,una prueba inequívoca de diferencia, sin embargo, la elección de desayuno de un hombre aunque es una clara diferencia, no representa un cambio tan significativo como lo podría ser la muerte de una persona, este último evento, aunque más relevante, seguirá siendo mínimo, finalmente, la variación de una ley física haría incompatibles dos universos. Habiendo entendido la compatibilidad universal, podemos hablar del salto de Mandela, Hace algunos años, podríamos haber confundido estos eventos con malos entendidos, problemas de memoria o incluso con el conocido “deja vu”. La realidad resulta más interesante, se ha demostrado que estas eventualidades pueden ser atribuidas a saltos inter-universales, es decir, dos individuos de dos universos compatibles intercambian lugares debido a una anomalía aún imposible de explicar. Ambos individuos experimentarán los efectos del salto. En principio, el concepto puede sonar aterrador, ¿quiere decir esto que las personas que conozco no serán las mismas? todo lo contrario, el cambio suele ser tan minúsculo, que cualquiera  puede seguir con su vida, sus amigos y familiares, aunque pertenecientes a otro universo, en esencia, los mismos…

Así empezaba mi primera plática acerca del salto de Mandela, en esos momentos creíamos entender las reglas de este fenómeno, pero entonces, el caso 304 apareció. Adrian, de treinta años, llegó a mi oficina en un deplorable estado, llevaba meses asistiendo a terapia, una terapia que demostró ser poco útil ante su situación.

—No estoy loco, doctor —El joven frotaba, nervioso sus manos contra su rostro—, ella no debería estar aquí.

El conocimiento acerca de “el salto” era aún muy escaso cuando Adrián me encontró, creíamos que la compatibilidad universal dependía del sujeto que saltaba, así pues, una persona jamás se encontraría en un mundo que resultara por completo alienígena, claro, este era un pensamiento muy humano, era casi una esperanza, Adrián, sin embargo, derribo tal teoría.

—¿Puedes explicarme qué era diferente?

Adrián movía nervioso una pierna y pasaba, sin cesar, una mano a través de su negro cabello. Comenzó lento, como cansado de hablar, cansado de contar la misma historia.

Adrián fue el primero de dos hijos, su hermana nacería siete años después. La diferencia de edad, en palabras del propio Adrián, les impidió llevarse de mejor manera. Una lástima según recuerda él, pues, a la edad de diez años, la niña murió, o al menos eso es lo que Adrián recuerda.

—Estoy seguro que su cuerpo pesaría menos que el ataúd donde la pusieron. —comentó mientras cubría parte de su rostro con sus manos—. Debería estar feliz ¿no? Renata ha vuelto, debería estar feliz.

No respondí, todo los casos que había analizado, los que demostraron ser reales, resultaron ser inofensivos para la persona que realizó el salto, antes de Adrián, hubiera creído que aquel evento era imposible o al menos, que las posibilidades eran tan bajas, que nadie tendría que preocuparse por una eventualidad semejante, sin embargo tenía frente a mi, al sujeto prueba de lo imposible y mientras él se lamentaba por tener a su hermana de vuelta, no podía pensar en su contraparte, quien ahora se encontraba en un mundo donde la chica tenía ya años muerta.

El salto sucedió luego de trece años de la muerte de Renata, Adrián se percibió desorientado durante todo el día, algo común entre las personas que saltan, quizás fue por esta razón que, al regresar a su hogar, no se sorprendió del todo al encontrar la puerta sin cerrojo.

—Al atravesar la puerta, pude escuchar a alguien en la segunda planta… 

La pausa que siguió a esto, se prolongó durante varios minutos. Yo me limité a contemplar al hombre frente a mí, quienes lo trataron antes se encargaron de descartar cualquier tipo de problema psicológico e incluso psiquiátrico. No Había nada malo con Adrián, su malestar sólo era producto de la aleatoriedad, podría decirse que de la mala suerte.

—”¿Cómo te fue?” me preguntó, y yo me quedé pasmado, deseaba preguntarle quién era, pero el rostro de la chica que bajó a recibirme, aunque mayor, era sin duda el de mi hermana. No recuerdo nada más acerca de ese día.

Adrián se desmayó, el impacto fue demasiado, para su mala fortuna, toda su familia se encontraba en el cuarto de hospital cuando recuperó la consciencia, incluida Renata.

Lo que siguió en su vida fueron días de terapia, nadie en su familia recordaba la enfermedad que le arrebató la vida a su hermana, curiosamente, su vida sin ella no había sido del todo distinta.

—Mis recuerdos y los de mi familia son muy parecidos, experiencias similares, viajes familiares a los mismos lugares, las mismas alegrías y las mismas tristezas, la única diferencia es que en mi mente, todas esas memorias son más grises, durante estos trece años siempre faltó Renata.

Con los años, Adrián se mudaría a una pequeña casa cerca del centro de la ciudad, y, en este universo, Renata lo seguiría con la excusa de vivir más cerca de la universidad.

—Terminamos siendo unidos —comentó sin una pizca de alegría— ¿por qué nada de esto me hace feliz?

De nuevo evité contestar, mi conocimiento sobre “el salto” me permitía explicarle lo ocurrido, pero jamás pensé encontrarme en aquella situación, era evidente el trauma causado por aquella experiencia, pero como físico, yo no era la persona adecuada para tratarlo.

Seguí el procedimiento como haría con cualquier persona, quizás con un análisis más detallado de las memorias de Adrián, en efecto, ambos universos lograron llegar a estados sumamente similares a pesar de la ausencia de una persona. Luego de esto, me despedí de él, lamentando no poder hacer más.

Lo último que supe del joven, fue que se quitó la vida, los medios sensacionalistas se dividieron, unos hablaron de “el salto“ como un suceso sobrenatural el cual podría arrebatarte la vida, otros se limitaron a retratar a Adrián como un enfermo mental, un hombre solitario que sufría de algún trastorno extraño.


… Considere entonces las ramas de este árbol, se solía creer que el salto ocurría entre divergencias contiguas, universos que surgen de una misma línea temporal, donde los cambios no han logrado generar grandes impactos a sus respectivos universos y, por tanto, son aún compatibles, no obstante, como el caso 312 nos ha permitido observar, la compatibilidad universal puede ser, adquirida, es decir, la aleatoriedad puede darnos, con el paso del tiempo, dos universos compatibles aun y cuando provienen de líneas separadas, esto es similar a hojas que se tocan en la copa del árbol aunque se originan de ramas distintas. 

Renata, el sujeto del caso 312, parecía conocer de mi. En sus palabras, yo hablé con su hermano unos meses atrás por un “salto” que él había sufrido, y el cual lo llevó a quitarse la vida. Al menos eso recordaba Renata, quien nerviosa, relató su experiencia, una experiencia que ha obligado a replantear lo que sabemos sobre “el salto”.

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