El cuerpo

Por Aledith Coulddy

Pablo tuvo un cuerpo. No era un cuerpo destacado en ninguna de sus formas; era más bien regordete y apenas lograba sostenerse. Lucía pliegues en las muñecas y tobillos y poseía una piel muy tersa y pálida. Del cuerpo salían sonidos guturales y Mamá venía corriendo a ver qué le sucedía al pequeño Pablo. Entonces Mamá le daba leche o le tarareaba alguna canción de cuna. Era un cuerpo que ciertamente cumplía su función y satisfacía las necesidades básicas de Pablo.

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La guardiana de las memorias

Por S. Bobenstein

En un lugar bastante cercano y bastante común vivía una niña con sus padres. Desde el momento de su nacimiento, del cual no había pasado mucho tiempo aún, papá y mamá la amaron con todo su ser y colmaron su existencia con todo lo que una pequeña recién nacida pudiera necesitar, aunque, a esas alturas, lo único indispensable para ella eran la comida, la limpieza, el abrigo y el amor… O eso pensaría uno dejándose llevar por el sentido común, sin embargo, la pequeña no era del todo común. Su padre, un literato consumado, había decidido empezar a enriquecer la imaginación de su bebé leyéndole diversas historias desde la primera noche que pasaron juntos en casa. En la mente de la pequeña, primero resonaron simples sonidos, luego estos dieron paso a la voz ininteligible de su padre, luego a palabras aisladas, luego a frases, y así, conforme su lengua materna se convirtió en el lenguaje de sus pensamientos, su mente empezó a llenarse con personas de todos los tiempos, con criaturas reales y fantásticas, con aventuras increíbles, con tragedias, romance y risas.

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