La extracción

Ilustración por Jeremy Fenske

Por Oscar Valentín Bernal

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Yo tenía cinco años cuando llegaron a nuestro mundo, surgidos de la oscuridad de la nada. Nadie sabe quiénes son, ni qué método utilizaron para venir hasta aquí. Los estudiosos del universo no detectaron nada inusual acercándose a nuestro planeta ni ninguna clase de señal hasta el día en que ya estaban sobre nosotros. Fue como si simplemente hubiesen abierto una puerta y cruzado desde alguna otra parte, un sitio tan lejano que nosotros ni siquiera éramos conscientes de su existencia.
Unas gigantescas estructuras de forma piramidal compuestas de un material similar al diamante, con varios cientos de kilómetros de extensión, se materializaron de pronto por todo el mundo, sepultando bosques, montañas, campos y ciudades. Se dice que los gobiernos del mundo intentaron reaccionar, pero fue inútil, pues en el preciso momento en el que ellos aparecieron, liberaron una especie de pulso que dejó inutilizados todos los aparatos eléctricos sobre la faz de la tierra. En un instante todos los aviones que se encontraban en el cielo se vinieron abajo sin control, las computadoras y teléfonos quedaron reducidos a pedazos de plástico inservibles. Todas las vías de comunicación, radares y vehículos que requerían de componentes electrónicos vitales para su funcionamiento, no volvieron a servir jamás.

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The Last of Us y una nueva forma de narrativa

Por Oscar Valentín Bernal

Desde hace ya un par de décadas, con la llegada de consolas cómo el Nintendo 64 y el primer PlayStation, los videojuegos comenzaron a ofrecer mucho más que el cumplimiento de un simple objetivo, convirtiéndose en una nueva forma de narrativa totalmente inmersiva, mediante la cual los jugadores podían interactuar con historias de gran complejidad de una forma sin precedentes. Con el paso de los años, y los avances tecnológicos de las consolas de última generación, algunos videojuegos y sus historias se han vuelto tan envolventes que solo pueden ser comparados con la prosa de una novela altamente descriptiva.

Un claro ejemplo es, sin duda, “The Last of Us”, escrito por Neil Druckman, uno de los videojuegos mejor narrados que existen, con personajes de una complejidad asombrosa que no dejan de evolucionar a lo largo de la historia, haciéndonos ver una parte muy real y cruda de la humanidad.
Esta historia parte de una temática bastante exprimida por el cine y los videojuegos en los últimos años. Un apocalipsis a causa de una enfermedad que convierte a la humanidad en seres violentos. Quizá no es del todo correcto catalogar a dichos seres como zombies, a pesar de que los infectados se ven y actúan de manera muy similar a ellos.
Una de las cuestiones interesantes del planteamiento de esta entrega es el hecho de que no nos ofrece una burda historia de terror o acción, se trata más bien de un western melancólico que nos mantendrá en todo momento al filo del asiento .

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La muerte de Nøme

Por Oscar Valentín Bernal

I

A finales de 1942, la guerra en Europa viraba a favor de la Alemania Nazi. Hitler se encontraba ya tocando a las puertas de Stalin, ganando cada vez más poder, mientras los norteamericanos se batían con los japoneses en el Pacífico. En aquel entonces, los fjällandeses no querían alemanes, ni estadounidenses, ni tampoco británicos en sus tierras. Sin embargo, en medio de la carrera por asegurar las mejores posiciones estratégicas, los deseos de los habitantes de un pequeño país insular del atlántico, poco les importó a las tres potencias, quienes irrumpieron en las playas, apostándose sobre las cuatro islas y convirtiéndolas rápidamente en un tablero de trincheras, donde la tensión se respiraba en el aire cada vez más gélido del invierno.

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Lory

Por Oscar Valentín Bernal

Toda mi niñez viví en un enorme castillo lleno de torres, recovecos y escaleras adheridas a los grandes muros de metal que ascendían hacia las plataformas más altas, conectadas por pasarelas oxidadas desde donde alcanzaba a ver las montañas y llanos que en primavera semejaban océanos verdes que corrían interminables, hasta fundirse con el horizonte; luego venía el verano y con él, ese vapor que se alzaba desde el suelo, producto del calor mismo de la tierra. Cuando llegaba el otoño convertía ese verdor en tonos opacos de café y marrón, volviendo el paisaje más melancólico, pero no por eso menos impresionante. Finalmente con el invierno caía la nieve, la blancura perpetua se alzaba sobre las praderas, reflectando el sol y haciendo que el frío calara hondo en los huesos.

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También por la madre Rusia

Por Oscar Valentín Bernal

“Para nosotros, los soldados y oficiales
del ejército 62, más allá del Volga no hay tierra.
Vamos a luchar hasta la muerte”.
—Vassili Zaitsev—

Vassili Zaitzev estaba sentado junto a una ventana en el edificio en ruinas que habían tomado por cuartel. Tenía el cañón del rifle apuntando a la calle y un cigarrillo a medio consumir descansando sobre un cenicero improvisado con una lámina retorcida, la cual permanecía al alcance de su mano. Cuando escuchó el ronroneo creciente de un motor, sus dedos se tensaron sobre la culata del arma y el gatillo. Aquel sonido lo ponía nervioso.
De pronto, vio pasar fugaz al bombardero Túpolev, sobre su escondite; iba perdiendo altitud demasiado rápido. El piloto forcejeaba con el motor en llamas, intentando elevar el enorme pájaro moribundo que se negaba a obedecerle.
El aterrizaje sobre la avenida fue catastrófico. No pasó mucho antes de que Mijhail entrara a la habitación, se aclarara la garganta y le hablara:
—Zaitzev… ¿sabes quién va en ese avión?
Vassili lo sabía. La llegada de aquel hombre a Stalingrado había sido un secreto pésimamente guardado desde hacía días.
—Tú y tus francotiradores son la última división que queda en la zona, esta ciudad se está yendo al infierno —dijo Mijhail sin poder ocultar en su voz el nerviosismo que las implicaciones de la caída de aquel avión le provocaban.
Vassili lo evaluó unos momentos y se dio cuenta de que no tenían opción, negarse a acudir al rescate sería considerado por sus superiores traición a la patria, sin importar lo riesgoso que fuera cruzar el campo de batalla.
—Vamos para allá, camarada Capitán —dijo con la voz enronquecida.
Dio una última calada al cigarrillo, luego atravesó la puerta con el rifle colgado del hombro.

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El bloqueo

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Por Oscar Valentín Bernal

Jonathan huía de noche por el bosque, totalmente exhausto. Sentía los latidos de su corazón igual que los golpes de un tambor que tocara contra su cerebro.
Se detuvo en seco, jadeando, con las manos en las rodillas, sintiendo el camino del sudor helado que le corría por la espalda y la frente. Tuvo el tiempo suficiente para preguntarse, “¿cómo era posible que una maldita pesadilla se sintiera tan viva?” antes de escuchar el leve murmullo, casi inexistente, producido por su perseguidor entre la hierba. Sabía quién venía por él esta noche, reconocía el escenario; ese bosque escandinavo que le había costado tanto trabajo recrear, horas y horas de ver películas suecas y noruegas, de leer las novelas negras de Johan Theorin para entrar en materia. Y entonces casi sonrió, al pensar que no podía ser de otro modo.
Había sido de la misma manera cada noche, desde que se dio cuenta que no podía escribir. Siempre era un personaje diferente; primero el asesino del faro, luego esa niña poseída por el demonio, después el aluxe. Ahora era el cazador, tenía que serlo.

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El Diablo

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Por Oscar Valentín Bernal

 

“The scientist of darkness older than the constellations.

The mysterious jinx and the error in heavens masterplan”.

VINTERSORG

 

Cuando entré corriendo en la sacristía para advertirle al obispo, que el Diablo caminaba sobre la tierra, nadie me creyó. Llevaba la frente perlada de sudor bajo el gorro del hábito de monje.

Les conté cómo el padre Nuño decidió practicar un exorcismo clandestino a una pequeña de cinco años, pues la iglesia, le había negado la autorización por falta de pruebas en su caso. Comenzó con el ritual en la sala, después de pedirles a los padres de la pequeña que salieran de la casa. Yo presencié todo el enfrentamiento, mientras asistía a Nuño. Dijo las oraciones necesarias, pronunció cada conjuro, invocó a todas las fuerzas de dios para salvar el alma de la pequeña, que yacía atada en una silla con gruesas amarras, debatiéndose contra sus ataduras y rugiendo cosas en idiomas incomprensibles. Cuando el padre por fin ordenó, “¡dime tú nombre!”, el demonio con forma de niña soltó una carcajada gutural. Luego, con un movimiento grácil, carente de todo esfuerzo, arrancó sus manos de la silla de un tirón, haciendo volar trozos de madera astillada y se puso de pie de un salto. Un pequeño engendro de cinco años, que en aquel momento pareció tan tierno como cualquier otra niñita de esa edad, lo que lo volvió mucho más monstruoso, demencial. El padre horrorizado, trastabilló y cayó al suelo.

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El vuelo de Fokker

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Por Oscar Valentín Bernal

“No puede ser real, no puedes estar aquí, no tiene sentido
que estés aquí, además, me niego a creer que estés aquí…”
—Doctor Emmet Brown—

I

«Cathay 603 Pesado, autorizado a despegar en la pista 09, en el aire contacte terminal de radar 120 decimal 7, buen viaje».

Les indicó la controladora de la torre del Aeropuerto Internacional de Tokio, por la frecuencia de radio.

—Autorizado a despegar en la pista 09 y en el aire contactaremos con radar en 120.7. Cathay 603 Pesado. Buenas tardes —contestó Hoji Fujita, el copiloto del Boeing 747 de Cathay Pacific Cargo.

Mientras el Capitán James Fokker soltaba los frenos y aceleraba, les llegó el zumbido ascendente de los cuatro motores General Electric, dispuestos en ambas alas.

Eighty knots —dijo Fujita en el primer tercio de la pista, luego, al pasar la intersección con la pista 03—: V1… Rotate

Ésa era la señal para que Fokker levantara el avión. Jim bajó los flaps y la aeronave de trescientas cuarenta toneladas se despegó del suelo, flotando igual que una pluma.  Leer más “El vuelo de Fokker”

Kukulkalli

 

Por Oscar Valentín Bernal

“Solicitamos su ayuda para localizar a Jorge Esteban Martínez Mendoza, de catorce años. Fue visto por última vez saliendo de su salón de clases, en la escuela secundaria técnica número 4.”

Eran las primeras palabras del cartel que estaba pegado precariamente con cinta adhesiva a una banca del parque. Debajo, estaba la foto a color de un niño, el cual parecía demasiado grande para tener catorce. Cabello peinado hacia atrás y una sonrisa burlona en la cara llena de pecas. Bajo la foto, el anuncio continuaba:

“Vestía el uniforme de la secundaria. Cualquier información sobre su paradero, favor de contactar al 3314139579.”

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