El Cirujano

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Por Oscar Valentín Bernal

 

I

Michael Wuh abrió los ojos lentamente, luchando por alejar aquella bruma de inconsciencia que lo mantuvo en un mundo oscuro de irrealidad durante un lapso de tiempo imposible de determinar. La cabeza le punzaba con espasmos que nacían en las sienes y le recorrían el cráneo hasta clavarse hondo detrás de sus oídos. Miró a su alrededor sintiendo arder los febriles globos oculares y examinó la habitación bien iluminada en la que se encontraba: una pequeña camilla acolchada, sobre la cual su cuerpo flotante se encontraba tendido y cubierto con una manta que se le adhería como una segunda piel; cuatro paredes beiges totalmente lisas y de aspecto pulcro. Junto a la puerta, un sillón para dos personas, una televisión de pantalla plana que colgaba de la pared frente a él y un buró al lado izquierdo de la camilla, delante de un montón de instrumentos médicos que permanecían apagados y cuya función era por completo desconocida para Michael. 

En el ambiente flotaba ese peculiar hedor a desinfectante y alcohol que probablemente tienen todas las habitaciones de hospital en el mundo. El sitio era cálido por obra de un calefactor, ubicado en alguna parte del cuarto, fuera de su campo de visión. 

A través de la puerta, se filtraban de cuando en cuando los sonidos monótonos característicos de un hospital: pasos que sonaban a lo largo de un pasillo, los murmullos de enfermeras y el ocasional rechinido de las ruedas de algún carrito de mantenimiento.   

Michael giró un poco la cabeza, percibiendo una pesadez en los músculos, seguramente producto de algún anestésico que poco a poco iba abandonando su sistema.

“¿Donde estoy?”, se preguntó. No era capaz de recordar cómo terminó en esa habitación, se acordaba de haber salido del despacho jurídico de la Darlen Corporation en el centro de Duvhök, para luego tomar el ascensor hacia el estacionamiento subterráneo del edificio. Después de eso, nada.  Leer más “El Cirujano”

Arthur Conan Doyle y la vida eterna.

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Por Oscar Valentín Bernal

Doyle

Sir Arthur Conan Doyle fue un médico y escritor escocés, cuya obra se enfocó casi en su totalidad en la narrativa de misterio. Alcanzó el reconocimiento mundial al crear al detective más famoso en la historia de la literatura, personaje basado en un profesor forense de su escuela de medicina en Edimburgo.

Doyle trabajó como cirujano en un barco ballenero que viajó hacia el Ártico y vivió la Primera Guerra Mundial, durante la cual fue rechazado al intentar enlistarse como soldado raso.

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¡El pasado armoniza! 11/22/63 y Stephen King

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Por Oscar Valentín Bernal 

Cuando hablamos de Stephen King todo puede suceder: perros rabiosos asesinos, autos con voluntad propia, domos que aíslan pueblos enteros sin previo aviso, enfermedades letales. Era justo que le llegara el turno a una historia sobre viajes en el tiempo. Y es así que, el buen Steve, se aleja por un rato del terror para traernos una de sus obras más complejas en cuanto a desarrollo e investigación se refiere. 

11/22/63 es una novela muy emocional y nostálgica con giros interesantes y un final que nos deja con sentimientos encontrados. En ella se nos presenta una recreación cultural, política y social de una época que el autor vivió y que es de suma importancia para su obra y vida personal.

Todo lo que King recuerda de los sesentas, desde la música, los olores, los sabores, los peinados, los autos, se encuentra contenido en este libro. A la vez nos habla de problemas de la vida diaria;  cosas como el alcoholismo, el maltrato familiar, el racismo, el fanatismo político y el amor. 

Stephen King intentó escribir 11/22/63 en 1973, pero descubrió que no estaba preparado para ello, además, temía que las heridas dejadas por los acontecimientos tratados por la novela siguieran demasiado abiertas. Menciona a menudo que le alegra haber esperado el tiempo adecuado.  Leer más “¡El pasado armoniza! 11/22/63 y Stephen King”

El color de Lovecraft

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Por Oscar Valentín Bernal

“Viene de algún sitio donde las cosas no son como aquí…”.

Antes de que “la cosa” de Campbell rompiera los hielos perpetuos de la Antártida y mucho antes de que el Alien de Ridley Scott saliera del huevo para aferrarse a la cara del primer ser humano, “el color” de Lovecraft cayó del cielo.

Publicado en el año de 1927, “The Colour Out of Space”, pasó a convertirse rápidamente en una de las narraciones cortas más icónicas del género del terror.

La historia nos ubica en un poblado cerca de Arkham, al que un ingeniero ha acudido para afinar los detalles en torno a la construcción de una presa. Sin embargo, en su viaje se topa con un misterioso erial yermo en medio del bosque, donde la vida no parece florecer. Leer más “El color de Lovecraft”

La pesadilla aérea de Richard Matheson

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Por Oscar Valentín Bernal

La leyenda original de los gremlins dista enormemente de la versión cinematográfica de 1984, en la que vemos a esos pequeños seres peludos que no deben alimentarse después de la media noche ni entrar en contacto con el agua.
El mito cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial los gremlins aterrorizaron a los pilotos aliados en el frente europeo. Aparecían a bordo de las aeronaves y manipulaban sus componentes hasta producir serias averías que muchas veces decantaban en terribles accidentes de aviación.
Hay quienes decían que estas criaturas eran aliadas de los alemanes, sin embargo, existen historias que las describen únicamente como seres traviesos que realizan sus fechorías únicamente por diversión.

Richard Matheson fue uno de los escritores más importantes de la literatura estadounidense de terror y ciencia ficción. Su trabajo ha servido de inspiración para varios escritores de nuestros tiempos, caracterizándose en algunas ocasiones por dar un giro distinto a leyendas del folclore mundial. Su obra más conocida es quizá “I Am Legend”, no obstante

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La descripción como recurso narrativo

Por Oscar Valentín Bernal

En narrativa la descripción es una herramienta fundamental, mediante la cual transmitiremos de manera detallada, cómo son los lugares, personajes, objetos y sentimientos que aparecen a lo largo de nuestra obra, buscando con ello nutrir la atmósfera para envolver al lector, dar credibilidad a los hechos narrados y desarrollar de manera acertada a nuestros personajes.

El método y la profundidad de la descripción varía según el estilo del autor y la impresión que éste quiera producir sobre sus lectores.

Si bien, el tipo de descripción empleado durante el proceso creativo depende totalmente de las preferencias del escritor, al final llegará a ser un factor determinante para varios aspectos esenciales del trabajo construido, por lo que su desarrollo debe ser llevado a cabo de manera meticulosa para generar congruencia y armonía con los demás aspectos de la obra y conseguir crear el efecto deseado.
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Who goes there? Hielo, monstruos y el principio de The Thing

Por Oscar Valentín Bernal

Los hielos perpetuos del continente antártico han sido una gran fuente de inspiración para un sinnúmero de obras de ciencia ficción en sus distintas facetas, debido a la enorme cantidad de misterios que encierra como una de las regiones mas inhóspitas sobre la faz de la tierra, donde la vida se ha abierto camino de las maneras mas increíbles.
Es cuna de toda clase de leyendas sobre seres de otros mundos, civilizaciones perdidas en la noche de los tiempos y criaturas que desafían a la imaginación. Por otra parte, es la sede de estaciones científicas de varios países que se dedican al estudio de su clima, su geología y su fauna, así como el papel que juega el polo sur en el equilibrio geotérmico y la estabilidad de la tierra misma.
Por las cuestiones anteriores y muchas otras más, han sido varios los escritores cautivados por estos parajes congelados en la orilla del mundo, estando entre ellos grandes figuras como H. P. Lovecraft, Julio Verne y Edgar Allan Poe.
“Who Goes There?” es una novela corta escrita por John W. Campbell y publicada en el año de 1938, la cual nos narra la historia de un grupo de

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The Last of Us y una nueva forma de narrativa

Por Oscar Valentín Bernal

Desde hace ya un par de décadas, con la llegada de consolas cómo el Nintendo 64 y el primer PlayStation, los videojuegos comenzaron a ofrecer mucho más que el cumplimiento de un simple objetivo, convirtiéndose en una nueva forma de narrativa totalmente inmersiva, mediante la cual los jugadores podían interactuar con historias de gran complejidad de una forma sin precedentes. Con el paso de los años, y los avances tecnológicos de las consolas de última generación, algunos videojuegos y sus historias se han vuelto tan envolventes que solo pueden ser comparados con la prosa de una novela altamente descriptiva.

Un claro ejemplo es, sin duda, “The Last of Us”, escrito por Neil Druckman, uno de los videojuegos mejor narrados que existen, con personajes de una complejidad asombrosa que no dejan de evolucionar a lo largo de la historia, haciéndonos ver una parte muy real y cruda de la humanidad.
Esta historia parte de una temática bastante exprimida por el cine y los videojuegos en los últimos años. Un apocalipsis a causa de una enfermedad que convierte a la humanidad en seres violentos. Quizá no es del todo correcto catalogar a dichos seres como zombies, a pesar de que los infectados se ven y actúan de manera muy similar a ellos.
Una de las cuestiones interesantes del planteamiento de esta entrega es el hecho de que no nos ofrece una burda historia de terror o acción, se trata más bien de un western melancólico que nos mantendrá en todo momento al filo del asiento .

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La muerte de Nøme

Por Oscar Valentín Bernal

I

A finales de 1942, la guerra en Europa viraba a favor de la Alemania Nazi. Hitler se encontraba ya tocando a las puertas de Stalin, ganando cada vez más poder, mientras los norteamericanos se batían con los japoneses en el Pacífico. En aquel entonces, los fjällandeses no querían alemanes, ni estadounidenses, ni tampoco británicos en sus tierras. Sin embargo, en medio de la carrera por asegurar las mejores posiciones estratégicas, los deseos de los habitantes de un pequeño país insular del atlántico, poco les importó a las tres potencias, quienes irrumpieron en las playas, apostándose sobre las cuatro islas y convirtiéndolas rápidamente en un tablero de trincheras, donde la tensión se respiraba en el aire cada vez más gélido del invierno.

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También por la madre Rusia

Por Oscar Valentín Bernal

“Para nosotros, los soldados y oficiales
del ejército 62, más allá del Volga no hay tierra.
Vamos a luchar hasta la muerte”.
—Vassili Zaitsev—

Vassili Zaitzev estaba sentado junto a una ventana en el edificio en ruinas que habían tomado por cuartel. Tenía el cañón del rifle apuntando a la calle y un cigarrillo a medio consumir descansando sobre un cenicero improvisado con una lámina retorcida, la cual permanecía al alcance de su mano. Cuando escuchó el ronroneo creciente de un motor, sus dedos se tensaron sobre la culata del arma y el gatillo. Aquel sonido lo ponía nervioso.
De pronto, vio pasar fugaz al bombardero Túpolev, sobre su escondite; iba perdiendo altitud demasiado rápido. El piloto forcejeaba con el motor en llamas, intentando elevar el enorme pájaro moribundo que se negaba a obedecerle.
El aterrizaje sobre la avenida fue catastrófico. No pasó mucho antes de que Mijhail entrara a la habitación, se aclarara la garganta y le hablara:
—Zaitzev… ¿sabes quién va en ese avión?
Vassili lo sabía. La llegada de aquel hombre a Stalingrado había sido un secreto pésimamente guardado desde hacía días.
—Tú y tus francotiradores son la última división que queda en la zona, esta ciudad se está yendo al infierno —dijo Mijhail sin poder ocultar en su voz el nerviosismo que las implicaciones de la caída de aquel avión le provocaban.
Vassili lo evaluó unos momentos y se dio cuenta de que no tenían opción, negarse a acudir al rescate sería considerado por sus superiores traición a la patria, sin importar lo riesgoso que fuera cruzar el campo de batalla.
—Vamos para allá, camarada Capitán —dijo con la voz enronquecida.
Dio una última calada al cigarrillo, luego atravesó la puerta con el rifle colgado del hombro.

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