En casa con mis monstruos: la mente y obra de Guillermo del Toro

Por S. Bobenstein

Cuando se habla de películas y cineastas mexicanos, seguramente uno imagina largometrajes realistas que retratan las crueldades sufridas por la gente menos favorecida del país, historias dramáticas (o melodramáticas) de amores imposibles, circunstancias draconianas o heroísmo popular y, en la actualidad, comedias románticas genéricas, sin estilo propio e insustanciales. Hay cierta razón en pensar así. Sin menospreciar a las obras maestras de la cinematografía mundial entre sus filas, como Vámonos con Pancho Villa (Fernando de Fuentes, 1935) o  Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), el cine hecho en México y hecho por mexicanos tradicionalmente se ha encasillado en estos temas, resultado de la dinámica social e histórica del pueblo, llegando a tal punto de pensar en el cine mexicano como un pseudo-género cinematográfico por sí mismo.

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