La realidad según The Matrix

Por S. Bobenstein

¿Qué es la realidad? Quizás lo primero que te viene a la mente es que “lo real” es todo lo que existe en el mundo que se puede percibir con los sentidos, pero sabemos que los sentidos pueden ser engañados, incluso pueden ser adaptados para aceptar “realidades falsas”, y, cuando la realidad no es algo claro, ¿cómo podemos estar seguros de qué sigue siendo real y qué no? ¿Qué tal si todo lo que consideramos “la realidad” no fuera más que una ilusión, o peor, una prisión?

La película The Matrix de 1999, escrita y dirigida por los entonces hermanos Wachowski, nos presenta una visión particular de la realidad: en el futuro, máquinas con inteligencia artificial han sometido a la raza humana y la han confinado a una realidad simulada, llamada “Matrix”, para poder usar su calor y actividad eléctrica como energía. Neo, un programador y hacker, descubre la verdad y, junto a otros rebeldes, tratará de sacar a la humanidad de la esclavitud en que se encuentran.

La historia nos plantea una miríada de cuestiones filosóficas en sus 136 minutos de duración, pero la más importante, sin duda, es la cuestión acerca de qué es real y qué es ilusorio. Para The Matrix, la realidad es algo que se encuentra mucho más allá de los sentidos humanos, incluso más allá del mundo físico. Los seres humanos medimos el universo en base a nosotros mismos, a nuestras capacidades y percepciones, pero somos seres limitados e imperfectos, no podemos percibir la totalidad de lo que existe, sólo una parte en un espacio específico en un tiempo específico, por lo tanto, lo que para uno, en esa situación específica, es real, para otro puede mostrarse diferente. ¿Uno tiene la razón y otro está equivocado? No, simplemente percibieron las cosas de forma distinta. ¿Significa eso que hay más de una realidad? No, la realidad es lo que es, existe independientemente de nosotros, pero no podemos acceder a ella de manera pura, sino a una versión interpretada en términos humanos.

A la percepción limitada que tenemos de lo real hay que agregarle otra cuestión: la representación de la realidad. A los seres humanos no nos basta con contemplar la realidad, tenemos la necesidad de replicarla en un intento por conservarla; creamos signos y símbolos que permiten que la realidad pueda ser entendida y experimentada de una manera más práctica. ¿Pero qué sucede cuando nos acostumbramos a los símbolos y nos olvidamos de lo real? La nueva realidad se compondría de cosas creadas por los humanos que representan “algo”, pero no son “algo” en sí mismas, puede llegar el caso en que las cosas que representan ya ni siquiera existan y lo único que quede sea la sombra del constructo. Finalmente, terminaríamos envueltos en una simulación de la realidad, la cual puede no ser parecida a la verdad, puede que la verdad no exista actualmente, o, en un caso extremo, puede que la “verdad” detrás de la representación no haya existido nunca y sólo se trate de un intento de manipular la realidad que se percibe.

Si quieren culpar a alguien por dudar de que su perro existe, culpen a los filósofos Immanuel Kant y Jean Baudrillard, cuyas ideas inspiraron parte de la temática de la película.

Ya podemos estar seguros de una cosa: no es posible dejar de dudar acerca de la verdad de la realidad que percibimos, y así volvemos a la primera pregunta: ¿qué es la realidad?

Dejen sus respuestas en los comentarios y veamos a qué conclusiones podemos llegar.

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