Shiki y su dilema moral

Por Jonathan Novak

-Incluye spoilers-

Shiki es un anime adaptado de la novela del mismo nombre, escrita por Fuyumi Ono en 1998. La historia nos coloca en Sotoba, un pequeño pueblo Japonés donde la vida transcurre tranquila y, como suele suceder en este tipo asentamientos, todo el mundo se conoce. Esta situación cambia cuando llega al pueblo una familia que se muda a una mansión a las afueras de Sotoba. A partir de este acontecimiento, una serie de muertes, aparentemente naturales, pone en alerta al pueblo, sin embargo, el médico Toshio Ozaki atribuye los fallecimientos a una extraña epidemia causada por la picadura de algún insecto.

La realidad, sin embargo, resulta ser más intrigante que una simple enfermedad. Contrario a sus primeras suposiciones, el doctor Toshio descubre con ayuda del joven Natsuno Yuuki, que los responsables de las muertes son los «shiki» muertos vivientes, que dadas sus características y, para facilitar la lectura de este análisis, llamaremos «vampiros».

Muchas historias se han escrito de vampiros, sin embargo, lo que separa a «Shiki» de otras obras con esta temática, es el manejo de un dilema moral ¿quién es el verdadero monstruo?

A lo largo del primer acto, se va haciendo claro que la familia recién llegada es el origen de las muertes. Durante los primeros capítulos son mostrados como personas excéntricas que parecen ocultar un par de secretos. Durante esta primera parte de la historia, es evidente que cualquier espectador estará del lado de los vivos, después de todo se nos muestra el dolor de los familiares de las víctimas y la impotencia de los habitantes, entre ellos el doctor Toshio, que como el doctor del pueblo solo puede ver morir a sus conocidos.

El doctor Toshio Ozaki

El personaje de Toshio Ozaki resulta muy interesante en el desarrollo de Shiki, después de todo es de los primeros en descubrir lo que sucede y debe aceptarlo a pesar de que no resulta lógico. Posterior al descubrimiento, es también el doctor quien debe encontrar una forma para «tratar» con el problema y, finalmente, cuando ha conseguido suficientes evidencias, es él quien revela la verdad a todo el pueblo, lo que desata la guerra contra los vampiros.

Seishin Muroi

Seishin Muroi, el sacerdote del templo del pueblo, funge como contrapeso al doctor Toshio. Seishin es un hombre de mente abierta, que rápidamente se relaciona con Sunako Kirishiki, la pequeña hija de la familia de extranjeros. A pesar de ser amigo de Toshio, Seishin se establece como el único vivo del lado de los vampiros, esto debido a su cercanía con Sunako y al salvajismo con el que los humanos parecen tratar a los que unos días atrás llamaban familia.

Sunako Kirishiki

En un inicio, podríamos creer que el vampiro original es el padre de Sunako, sin embargo la historia nos revela lo contrario y el hecho de darle a Sunako, una niña de trece años (edad que tenía cuando se convirtió) esta importante posición, es otra de las razones de que Shiki funcione tan bien. En la gran revelación, Sunako menciona que cuando ella se percató de su condición estaba asustada, sólo quería estar con su familia, pero al no poder hacerlo «creó» una nueva familia.
Esta idea es el centro de la obra, si bien no todos «vuelven» luego de morir a causa de las mordidas de los vampiros (al menos no en esta historia), los que lo hacen sólo quieren reencontrarse con sus familias. El intentar convertir a sus seres queridos es sólo la manera de los muertos para recuperar lo que aman y hacerlo de manera permanente, lo mismo que Sunako hizo en un principio. Puede parecer cruel o irracional, pero como humanos el ser irracional es algo normal, además para Sunako, una chiquilla de trece años, la idea es perfectamente justificable; es una niña que no desea estar sola y, convertir a cada vez más personas, significa que tendrá una familia cada vez más grande.

El dilema moral

Es aquí donde converge la historia, Toshio Ozaki está caminando en contra de algo que es antinatural, esos seres son distintos y, aunque sus razones pueden no ser malignas, lo cierto es que están matando gente con motivaciones egoístas. Por otro lado, Seishin Muroi ve claramente que los vampiros a los que se está ajusticiando, son personas inocentes que no decidieron el lugar donde se encuentran, esos seres no dejan de ser antiguos familiares y amigos y, por si fuera poco, la líder (si es que podemos considerarla una líder), es solo una niña inocente que no pretendía causar dolor.
Finalmente la guerra culmina con días de matanza. Los vampiros (la mayoría) no intentan pelear, aquellos que blanden improvisadas armas en su contra, son sus seres queridos.
Poco a poco, la población de vampiros mengua ante la crueldad de los vivos quedando solo Sunako y Seishin.

Shiki es una obra interesante, al inicio, te atrapa por ver cómo los vivos solucionarán el problema de los vampiros, pero al ver el remedio, el cual es el más obvio, no sabes realmente cómo sentirte. Al final de la historia debo decir que sentía una cierta molestia en el estómago y, aunque una parte se la atribuyo a lo gráfico de algunas escenas, lo principal fue un sentimiento de tristeza. Como muchas situaciones reales, no hay una respuesta correcta y en Shiki es este amplio espacio gris en donde el espectador navega a lo largo de la historia

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