Joker: Las peculiaridades que la vuelven una película sobresaliente y la clave en su escena final

Por Aledith Coulddy
Asesoría de S. Bobenstein

CONTIENE SPOILERS MAYORES

Hablar del Joker es hablar de lo incognoscible. Es saltar a una piscina de desechos tóxicos y esperar a que, al salir de ésta, el resultado nos de una pista del qué o el cómo y aun así terminar sorprendidos.

Hablar del Joker supone un encuentro con la misma fuerza de la naturaleza que oculta la sanidad para dar paso a la incongruencia y la manía. No se debe tratar de entender el fenómeno que lo representa sino simplemente contemplarlo.

¿Cómo es entonces que una película sobre el mismo origen del Joker es tan atractiva y poco a poco se convierte, en la opinión general, en un referente en el cine de películas basadas en cómics?

Porque no lo es. 

No es una historia que narre los inicios de uno de los villanos más conocidos de todos los tiempos. Es decir, lo hace, ¿pero es acaso que lo que nos fue contado es real?

Muy pronto en la cinta, podemos ver a un hombre, que lleva por nombre Arthur Fleck, asediado por una sociedad podrida, inmoral y llena de vicios. 

La victimización del personaje y el sentido de compasión que la narración logra crear en el espectador es preocupante y no por el hecho de que debamos ser insensibles al sufrimiento de un ser que cae, de fotograma en fotograma, cada vez más bajo en la locura, sino porque el director de la cinta acerca al espectador a un terreno peligroso: el de empatizar con un personaje que más tarde se convierte en psicópata. 

Esto le da un tono oscuro y cuestionable a la película desde un inicio pues nos vemos envueltos en los hilos de la curiosidad y enajenación, como si tratáramos de permanecer y huir, al unísono, de una relación que antemano sabemos dañina, y no sólo eso, sino que nos hacemos parte de la enfermedad. Con cada minuto que el espectador se mantiene atento a la trama, entiende bien —si no incluso justifica— lo que lleva a Arthur a convertirse en el Joker… y lo analiza y después de unos minutos hasta es capaz de pensar “bueno, ya está, la sociedad pudrió a un tipo en lucha en un producto tóxico de sus propios males”.

¿Pero es que realmente es así?

La respuesta es no y las claves están en escenas sutiles pero muy significativas que son trascendentales para entender este hecho y reconocer el esplendor que el director y el guionista de la cinta han creado.

No muy adentrada en la historia, podemos ver a un Arthur Fleck que, dadas las circunstancias de su vida, ha parado en una terapia psiquiátrica que intenta, sin mucho éxito, salvarlo del abismo de la demencia. 

En una de sus tantas sesiones la médico a cargo le cuestiona “Qué es lo que hizo para haber terminado en un hospital psiquiátrico” a lo que él responde con un simple “Quién sabe”. Inmediatamente después de este diálogo procede una escena en “flashback” en donde Arthur, encerrado en un cuarto de hospital, golpea repetidamente su cabeza contra la puerta, para inmediatamente volver al escenario con la psiquiatra.

Por primera vez en la historia sabemos que Arthur fue hospitalizado en el pasado, sin embargo, cuando acude a Arkham State Hospital a consultar el archivo de hospitalización de su madre y verificar si, en efecto, es verdad lo que Thomas Wayne le dijo, nadie parece reconocer que él mismo fue un antiguo interno del lugar.  

La película continúa con una serie de tomas que persisten en arrojarle combustible a un de por sí ya resentido Arthur, cuya estabilidad mental pende de un hilo que está sujeto de los errores y malas intenciones de sus congéneres.

Finalmente, Arthur se quiebra después de múltiples intentos fallidos en una sociedad que lo ha defraudado una y otra vez y, de este modo, se deshace de los preceptos morales que lo tenían atado a una mente enferma que poco a poco lo carcomía. 

En la última escena, después de ser aclamado con un héroe, vemos el verdadero atisbo del Joker. Uno desprendido enteramente de la poca bondad que antaño aún corría por sus venas. Ahora sólo se dedica a crear caos porque puede y porque sí.

Esta última toma, sin embargo, devela que todo lo que hemos visto en la cinta de más de dos horas de duración, no es más que una de las tantas historias que el Joker inventa como parte de la creación de su propio personaje.

La prueba está precisamente en la escena anterior, la única, en donde vemos a Arthur en el psiquiátrico. Las características del lugar dan a entender que esa escena en retrospectiva, en la cual no quiso revelar el motivo de su estancia en el hospital, es la misma que vemos al final de la cinta.

El Joker, cuyo nombre no sabemos si en realidad es Arthur Fleck, una vez más se ha inventado una historia que le cuenta como verdadera a su psiquiatra y al espectador. Es una estratagema más para dar a conocer sus orígenes. Lo que ha dicho no es certero, no se puede verificar aunque hay atisbos de que lo que ha revelado es mentira. Es un cuento que queríamos oír para entender el por qué de su locura. Una historia llena de razones para justificar la demencia y la enfermedad; el Joker conoce la psicología humana y la utiliza en nuestra contra para, una vez más, jugarnos una broma y manipularnos a su entera disposición.

El Joker de Joaquin Phoenix nos entrega a cambio un descubrimiento impresionante sobre su carácter y una confirmación de su obsesión por Batman: él ha creado al Caballero de la Noche.

Justo en esa última toma, antes de que se perpetre la masacre hacia la persona que intenta entender su demencia, Arthur comienza a reír nuevamente de forma desmesurada. “¿Qué te ha parecido tan gracioso?” le pregunta la psiquiatra y, enseguida, observamos la toma de Bruce Wayne joven en el callejón oscuro con sus padres muertos tendidos a sus pies. 

¿Por qué Arthur sabría exactamente las características de esta escena y su relevancia en el mismo origen de Batman si NUNCA estuvo ahí? Porque todo es producto de su mente. La historia que ha contado Todd Phillips es una invención más del Joker y no sólo eso, sino que él mismo revela sus deseos de haber sido el culpable de la creación de Batman puesto que de no haber sido por los revuelos que ocasionó el asesinato de Franklin Murray, los padres de Bruce jamás habrían muerto y por consecuencia él jamás se habría convertido en Batman.

Gracias a estos detalles que parecen pequeños pero son enormes dentro de la narrativa, podemos entender toda la trama y darle una forma. El Joker se siente más fiel a sí mismo y logra conservar ese enigma que tanto lo caracteriza.

“Joker” de Todd Phillips es el mismo Joker contándonos una más de sus historias y esto es lo que hace a la película una obra maestra dentro de su género. Una cinta que cruza las barreras de la ficción y convierte al espectador en un personaje más de la historia. Uno que participa activamente y que sufre, lucha, llora y, sobre todo, ríe al lado de él.

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