Horacio Quiroga y su gallina degollada.

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Por Oscar Valentín Bernal

El maestro de artes, un tipo joven y enclenque de traje y zapatos que rechinan, entra al salón para suplir al profesor de español. Los alumnos de tercer grado lo siguen con la mirada. “¿Qué carajos puede saber el loco de artes sobre literatura?”. El tipo en cuestión, que parece sacado de un episodio de Los Simpson, los observa uno a uno, con su graciosa ceja alzada y, tras mover de un lado a otro su ridículo bigote, dice:

—Niños. Hoy les toca leer un poema de Sor Juana.

El coro de abucheos se eleva desde las cabezas amodorradas en los pupitres. Buscan provocarlo, y el maestro lo sabe, así que se deja llevar y, al continuar, deforma su cara en una siniestra sonrisa, cierra las cortinas, apaga las luces y dice:

—Pero. Si supieran guardar un secreto… —Saca una lámpara de su mochila y la enciende bajo su barbilla—, podría contarles una historia de terror.

Fue así que escuché por primera vez la historia de “La gallina degollada”, y que conocí a Horacio Quiroga y a Edgar Allan Poe. Fue también la primera vez que pensé que los libros podían ser divertidos si los contaba la persona adecuada.

“La gallina degollada”, es un cuento corto del uruguayo, Horacio Quiroga, contenido en la antología “Cuentos de amor, de locura y de muerte”.

Esta historia toca varios temas importantes en pocas páginas, el principal —que se encuentra presente durante toda la narrativa— es la manera de reaccionar de un matrimonio ante el nacimiento de varios hijos con problemas mentales y cómo, a través de los años, este problema va evolucionado desde la tristeza y la desdicha, hasta el deterioro de la relación y la agresión entre ambos padres, quienes terminan por deliberadamente culparse el uno al otro por su desgracia.

Por otra parte, también percibimos un aumento en la falta de cuidado y atención que reciben los hijos enfermos, hecho que alcanza su punto cumbre con la llegada de la hija, y la manera en que esto termina, detonando en un evento macabro que el autor presenta como la consecuencia directa de la desatención sufrida por los enfermos mentales, y los estímulos a los que estos se ven expuestos.

Maestro Rabí, gracias por haberse pasado el programa de español por el arco del triunfo. Fue un lindo detalle.

 

Autor: Oscar Valentín Bernal

Cetrero y escritor

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