1917: Cuando una historia sencilla se vuelve extraordinaria

Por Aledith Coulddy

Las películas bélicas, específicamente las relacionadas a La Gran Guerra o a la Segunda Guerra Mundial, siempre conllevan un gran atractivo dado las hazañas épicas de sus protagonistas o el ya famoso “basado en hechos reales”. 

Mirar los estragos de algo tal como esos eventos y los hechos heroicos de sus protagonistas embargan de empatía, euforia y sentido de justicia. Al final de cuentas, en muchas narraciones, el clímax y punto álgido se alcanza en escenarios de batallas; una película cuyo contexto entero se desenvuelve dentro de una guerra, por lo tanto, si no posee momentos de descanso, se percibe como un acúmulo de emociones que se van acrecentando.

1917, de Sam Mendes, es una muestra de lo anterior. Un viaje de apariencia simple dentro de un mundo al que lo ha invadido el desorden y la barbarie de la guerra.

Abordar esta obra maestra es hablar de dos aspectos principales: el guion y la cinematografía.

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