Honey and Clover: el cliché como herramienta primaria

Por Jonathan Novak

Honey and Clover es una serie de animación japonesa, basada en el manga del mismo nombre, escrita e ilustrada por Chika Umino (pseudónimo que adoptó la mangaka). En esta obra, la autora nos relata la vida universitaria de cinco jóvenes, Hagumi Hanamoto, Yuta Takemoto, Yamada Ayumi, Mayama Takumi y Morita Shinobu.

Cinco amigos

Desde el inicio podríamos decir que la historia de Honey and Clover luce mucho como cualquier otra, justo en el primer capítulo se nos dice que el protagonista Takemoto se ha enamorado de la más reciente adición al grupo de amigos, Hagumi. Así mismo, Morita muestra también interés por la chica, esto unido a las incontables escenas humorísticas, y las personalidades algo clichés de los personajes parecerían sólo indicar que hemos encontrado una serie común. Pero no es así, si bien la autora utilizó estos temas, que en efecto son ya bien conocidos, la manera de trabajar la historia es excelente, y es que ésta no es una historia que busque incansablemente el final feliz, sino retratar la realidad de las relaciones y cómo éstas no siempre toman el camino deseado.

Yamada y Mayama

Casi podríamos decir que la historia de Honey and Clover se divide en dos partes, el triangulo de Hagumi, Morita y Takemoto, y la historia de desamor de Yamada por Mayama. Yamada es una chica talentosa y apasionada por la alfarería y Mayama es un chico reservado, que de cierta manera funciona como el guía del grupo por ser el más maduro. Quizás es esta división el elemento que menos me gusta de la serie, no dejo de recordarlas casi como si fueran historias completamente separadas, y es que de momentos se nos presentan demasiadas situaciones, y aunque la unión es este mismo grupo de amigos, las dificultades que enfrentan, obedecen casi siempre a esta división.

Dejando atrás la disociación de esta historia, me gustaría hablar del principal elemento de la trama, el “triángulo amoroso” de Hagumi, Morita y Takemoto.

Hagumi

En esta historia casi podríamos identificar a Hagumi como el hilo conductor. Este personaje funge como la recién llegada, un elemento novedoso que cambia el estatus quo del grupo y que genera la gran evolución de los personajes. Elemento que es clave en esta historia.

Morita

Dado que se nos da usualmente el punto de vista de Takemoto, podríamos decir que Morita es su antagonista romántico, sin embargo, y aunque la temática principal es en efecto las relaciones, Morita cumple un papel más importante que solo darle forma al “triángulo amoroso”. Morita es un chico animado al que todos quieren y respetan a pesar de ser problemático y, en este sentido, la “rivalidad” está desequilibrada pues Takemoto es un chico torpe y algo retraído. Es aquí donde se rompe el cliché; por supuesto que se nos insinúa un triángulo amoroso, sin embargo éste es sólo una herramienta que es utilizada por la autora para mostrarnos el desarrollo del que finalmente resulta ser nuestro protagonista: Takemoto.

Takemoto

Si bien la historia vuela de uno de los personajes principales a otro, en definitiva el viaje es de Takemoto, él es quien se encarga de mostrarnos las relaciones de sus amigos, es su torpeza la que nos permite vivir a su lado cada experiencia y es, a través de él, que se nos ofrece una serie de mensajes. Takemoto, casi al contrario de Morita, es un personaje lleno de defectos, es bueno, claro, pero le hace falta experiencia y esta es la razón de que el triángulo amoroso que forma con Hagumi y Morita no tenga el sentido romántico de la búsqueda del amor y la pareja perfecta. Alejado de esto, nos enseña que es en la adversidad donde crecemos realmente y que el destino final no siempre es claro al inicio del camino.

Cuando comencé a ver Honey and Clover por primera vez, tuve ese presentimiento de que estaba viendo una serie cualquiera, y aunque esto no tiene nada de malo, debo decir que me sorprendió gratamente. A lo largo de sus dos temporadas toma riesgos que otros no están dispuestos a tomar y esto es de reconocerse. La evolución del protagonista es genial y tan bien llevada que, aunque haya cambiado, sabes que sigue siendo el mismo personaje. Al final, Chika Umino, nos enseña cómo utilizando incluso las herramientas más comunes se puede crear una gran historia.

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