Reseña: Una voz silenciosa

Por Jonathan Novak

Koe no Katachi (聲の形), conocida en latinoamérica como “Una voz silenciosa”, es una película de animación japonesa del año 2016 dirigida por Naoko Yamada con el guión de Reiko Yoshida, basado en el manga del mismo nombre escrito por Yoshitoki Ouima. Este largometraje nos narra la historia de Shoya Ishida, quien al inicio de la película se encuentra decidido a quitarse la vida, pero se retracta en el último momento. Luego de mostrarnos a un chico observando más allá de la barrera de un puente, la película da un paso atrás con la intención de mostrarnos cómo es que llegamos hasta ese momento.

Rápidamente el tono cambia de uno serio por otro infantil. Nos encontramos en la niñez de Shoya, unas escenas nos muestran la feliz vida del chico, disfrutando con sus amigos, pasando de la escuela a la aventura y de la aventura a su hogar donde se muestra jugando videojuegos. Shoya, en este sentido, se muestra como cualquier otro joven de su edad, quizás menos responsable que la media, pero no al grado de pensar mal del pobre muchacho; sin embargo, la llegada de una nueva compañera, Shouko Nishimiya, cambia la mecánica de su vida, pero, ¿como está recién llegada puede alterar a Shoya? Lo cierto es que no lo hace ella directamente, Shouko es sorda y su condición obliga a sus compañeros a enfrentar esta desconocida situación.

La premisa anterior da suficiente para una historia de amistad y de crecimiento, no obstante, lo que hace distinta a esta trama es su enfoque en el conocido bullying. Shoya aparece en una primera escena decidido a suicidarse y en una segunda como un niño a todas luces feliz. El camino del punto A al punto B es uno que avergüenza tanto a nuestro protagonista que quitarse la vida es, al menos para él, una buena idea.

Todos sabemos de la capacidad de los niños para ser crueles, es esta crueldad el verdadero impulso inicial de esta historia. Luego de unos días intentando adaptarse, Shouko comienza a sufrir los abusos de sus compañeros, los cuales son detonados en primera instancia por Shoya, quien toma la “iniciativa” al burlarse de la forma de leer de la chica. Todas las escenas que siguen muestran con un sabor agrio la crueldad antes mencionada y, como resultado, Shouko se ve obligada a cambiar de escuela, pero ésta es sólo la mitad de la historia. 

Al anunciar la salida de Shouko de la escuela, el grupo es confrontado por los abusos ejercidos contra la chica. En esta confrontación, se culpa de todo a Shoya, quien, por supuesto, guía la mayoría de abusos y funge como detonador, pero que, por otro lado, no es responsable del actuar de sus compañeros cuando le siguen la corriente. Shoya, al verse acorralado, intenta compartir la culpa con los otros “bullies”, a lo que el profesor de cabecera del grupo responde reiterando su responsabilidad como único transgresor.

A raíz de esta aparente traición, el grupo se pone en contra de Shoya, quien pasa a ser el objetivo de los distintos actos violentos. Esta situación lo marca no sólo durante esos años, sino que la fama de “bully” lo sigue hasta el presente.

“Una voz silenciosa” es una historia de bullying, de abusos, de redención y de los peligros de las enfermedades psicológicas. Tan pronto regresamos al presente, podemos ver a un Shouya devastado por su propia realidad, escapando de todo, interactuando lo menos posible con quienes lo rodean e imaginando constantemente que todo el mundo está en su contra. Posteriormente, conoceremos a una Shouko de mayor edad quien, aunque no lo demuestra en la misma medida, se encuentra de igual manera marcada por su infancia.

“Una voz silenciosa” trata, como muchas otras películas parecidas, de la amistad y del crecimiento en la juventud, temas clásicos en la narrativa. Añadir el abuso como un tema medular, no la aleja de esta senda de los lugares comunes.

La verdadera propuesta de “Una voz silenciosa” es tomar el camino del bully, de darle una oportunidad de redención, así mismo, busca profundizar en la mente del agresor y del agredido. No condona por supuesto el fenómeno del abuso, en este caso Shoya pasa de un papel a otro y es esta misma óptica lo que le permite apreciar lo verdaderamente oscuro de sus actos. Su redención, además, no es del todo egoísta, él no busca el perdón de Shouko, de hecho, está tan convencido de no merecerlo que la única solución es la muerte. Es esta premisa la que le otorga a “Una voz silenciosa” la fuerza para consolidarse como una gran película.

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