El curioso caso de One-Punch Man

Por S. Bobenstein

En 2009, el misterioso mangaka conocido como “One” creó el webcomic “One-Punch Man”, cuya historia nos habla acerca de Saitama, un hombre de apariencia anodina que, en realidad, es un superhéroe con un poder tal que puede derrotar a cualquier oponente de un solo golpe. Uno pensaría que la vida de Saitama está resuelta, sin embargo, su casi omnipotencia no ha hecho más que dejarlo con una crisis existencial, puesto que ya nada representa un reto para él y, por consiguiente, las emociones de su vida se han vuelto increíblemente escasas. Bajo esta premisa, One nos introduce a un mundo de extraños y variopintos personajes, entre superhéroes y supervillanos, que, de una u otra manera, se ven atraídos hacia el inconmensurable poder de Saitama, el “One-Punch Man”.

La historia de Saitama, que ha trascendido del webcomic al manga formal y al animé, goza de extensa popularidad a nivel mundial, y es que la tragicomedia de “One-Punch Man” es un respiro de aire fresco entre las series japonesas de “héroes superpoderosos” gracias al tratamiento satírico que One le da a los estereotipos encontrados tradicionalmente en el género.

No todo en la vida es ser el más fuerte

En el animé y el manga, el personaje principal que inicia su viaje del héroe con el propósito de convertirse en “el más fuerte”, sea cual sea el motivo, a través del poder de la voluntad y, en algunos casos, de la amistad, es un estereotipo por demás cliché, aunque goza de extrema popularidad. Regularmente, las historias de estos personajes terminan cuando logran su objetivo, pero One plantea la pregunta “¿qué sucede después?”. El sueño de Saitama era convertirse en un superhéroe, entrenó “arduamente” para conseguirlo (relatar en qué consistió su entrenamiento sería un spoiler imperdonable para quienes deseen adentrarse en la serie), se convirtió en un ser casi omnipotente y… su vida no hizo más que empeorar. Al haber alcanzado la cúspide de sus capacidades, al no tener rival ni obstáculo alguno, el propósito de su vida desaparece y da lugar a un vacío existencial. Saitama se convirtió en el non plus ultra, ya no hay nada más a lo que pueda aspirar y aún le queda mucha vida por delante. El aburrimiento, la monotonía y la cotidianeidad son la norma de su existencia, y su misión como héroe se ve reducida a un mero pasatiempo frustrante en espera de encontrar de nuevo la emoción de enfrentarse a una situación que le represente un verdadero desafío.

Saitama es la deconstrucción del estereotipo de “el más fuerte”, es el resultado lógico y realista de un personaje que alcanza esa meta y también resulta lógico y realista que la renta, los víveres y las diversas vicisitudes de la vida no pueden ser enfrentadas con puñetazos. Saitama es el hombre más fuerte sobre la faz de la Tierra, aun así, tiene que administrar su vida y su hogar al mismo nivel que una persona promedio de su ciudad, regateando por ofertas de supermercado, llevando su uniforme de superhéroe y su ropa a la lavandería, pagando las cuentas de su pequeño departamento; incluso tiene que lidiar con los molestos mosquitos que se resisten a sucumbir a sus palmadas de potencia cósmica. Un gran poder… no te exenta de pagar tus mensualidades, como cierto héroe arácnido nos ha demostrado.

Así, tenemos al superhéroe más poderoso del mundo sumido en una crisis existencial, aburrido y deprimido, combatiendo supervillanos más por costumbre que por un ideal, paradójicamente desvalido ante los aspectos mundanos de la vida y encontrando sosiego en pequeñeces como jugar videojuegos o encontrar los víveres al dos por uno.

No importa qué tan poderoso seas, Saitama siempre lo hará mejor que tú.

El universo de “One-Punch Man” está lleno de seres con habilidades increíbles, repartidos entre el bando de los villanos y los héroes, estos últimos, en su mayoría, se encuentran organizados en una asociación de superhéroes profesionales conformada en su base por miembros sin ninguna habilidad sobrehumana y que simplemente quieren hacer el bien, hasta los héroes que se encuentran en la cúspide, poseedores de habilidades que rayan en lo divino (o ridículo). Todos tienen historias profundas y dramáticas que justifican su adherencia a la asociación, tienen motivos muy personales y sensibles para querer dedicarse a proteger al mundo y, pese a que están lejos de ser infalibles y muchas veces el ego se lleva lo mejor de ellos, trabajarán desde el primer día y hasta el último para alcanzar su máximo potencial y convertirse a su vez en los más fuertes, sin importar que su vida peligre día a día. “Ese es su camino del héroe”. Con la aparición de Saitama, todos sus esfuerzos, simple y sencillamente, carecen de sentido. No importa cuánto entrenen, cuán poderosos sean, qué tanto hayan sufrido, cuánta sangre hayan derramado o cuántas veces hayan estado al borde de la muerte, nunca podrán equipararse al One-Punch Man, quien de un solo golpe y sin ponerle mucho esfuerzo elimina cualquier amenaza. 

Aquí radican los aspectos fundamentales en la sátira de One, que convierten la serie en una tragicomedia. En el famoso estereotipo, los héroes y villanos cuentan el drama de su vida y hacen alarde de sus poderes durante episodios enteros antes de que se desate una batalla apoteósica en la que, regularmente y después de mucho sacrificio, el héroe resulta vencedor; en la serie de One también sucede esto, hay batallas espectaculares, exhibiciones de poder increíble, drama y momentos épicos, todo gracias a los esfuerzos del resto de los héroes, de los personajes secundarios, quienes son los que realmente enriquecen la historia y la hacen emocionante, puesto que ellos son los que están en peligro real y pueden, en un descuido, verse superados por sus enemigos y poner en peligro la seguridad de la gente que buscan proteger, ellos son los que tienen mucho qué perder. En este escenario, Saitama resulta anticlimático, pues vuelve insignificantes todas las proezas de los demás, todo el drama, toda la palabrería, todo el ego, todo el “increíble poder”, todo se ve pulverizado por un solo golpe dado por alguien a quien apenas le importa lo que está sucediendo, quien no hizo más que el esfuerzo mínimo y quien, realmente, no tiene nada qué perder. Es en el contraste entre la seriedad con que los personajes secundarios se dan a ellos mismos y el choque con su propia insignificancia en el gran diseño de la historia, donde radica el éxito de la sátira detrás de “One-Punch Man”.

Al final, todos podemos ser un héroe para alguien

Pese a que no los toma tan en serio como ellos creen merecerlo, Saitama percibe perfectamente las intenciones detrás de todos cuantos se cruzan en su camino, sabe identificar en quién no vale la pena perder el tiempo, pero, más importante, entiende las motivaciones y los ideales de quienes de verdad luchan por la justicia, por proteger a los desvalidos y por cuidar de aquello que más aman, incluso los aprecia y los encuentra dignos de respeto y admiración ya que, dentro de sus limitaciones, dan todo de sí, como él una vez hizo. No importa qué tan ridículo sea un disfraz, el nombre de un superhéroe, los poderes que posea (o la falta de ellos) o el ideal que persiga, es la pasión y la perseverancia por conseguir su meta lo que le recuerda a Saitama por qué decidió convertirse en un superhéroe él mismo. De esta forma, al estar en contacto con estos “compañeros de armas”, el indiferente y deprimido One-Punch Man es capaz de volver a experimentar la emoción de la cruzada interminable contra las fuerzas del mal, aunque sea a través de otros héroes y, estos, a su vez, ven en Saitama la nueva meta máxima de su viaje del héroe, obligándolos a perfeccionar sus poderes y a refinar su carácter para convertirse en “el más fuerte”.

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