Born Again: la quintaesencia de Daredevil, el hombre sin miedo

Por S. Bobenstein

Gracias a la tristemente cancelada serie de Netflix, el personaje de Daredevil aumentó su popularidad considerablemente, y es que, desde su introducción en 1964, nunca había sido considerado como un superhéroe de primera categoría a la par de Spider-Man, los X-Men o los Cuatro Fantásticos, tampoco ayudó mucho su adaptación cinematográfica del 2003; fue hasta su encarnación en la piel de Charlie Cox en la serie estrenada en 2015 que la gente pudo darse cuenta de la verdader valía del Diablo de Hell’s Kitchen.

Matt Murdock, el abogado ciego oculto bajo el manto de Daredevil, con el resto de sus sentidos aumentados al máximo y con habilidades físicas llevadas al pico de la capacidad humana, en definitiva, no es un superhéroe: sus “poderes” surgen de una discapacidad, su día a día se ve plagado de limitaciones económicas y sociales, su trabajo público como abogado defensor no le da más gratificaciones que el agradecimiento de sus clientes… Si descontamos su vida secreta como vigilante, Matt Murdock es una persona común y corriente que está tratando de hacer una diferencia y de ganarse el pan de cada día, es alguien que siente los embates de una vida difícil y del mundo del crimen, es alguien que tiene una brújula moral inamovible y que, sin embargo, no deja de sentir la frustración y la furia por todas las pérdidas que su cruzada personal le han hecho pasar, que, incluso, lo han llevado a errar el camino, a perder la fe y lo han dejado al borde de la locura.

Born Again, arco narrativo de 1986 escrito por Frank Miller e ilustrado por David Mazzucchelli, aborda precisamente el punto más bajo al que el personaje ha caído. Luego de que una persona muy cercana al abogado/vigilante vendiera su identidad secreta al mundo criminal, Wilson Fisk, el Kingpin, mueve todas sus influencias, no para matar a Daredevil, sino para acabar con la vida de Matt Murdock. Así, de una manera vertiginosa, Matt, impotente, mira cómo su dinero, su casa, su trabajo, sus relaciones, sus amigos, su reputación y todo por cuanto se ha esforzado se esfuma, dejándolo desposeído y al mismo nivel de los hampones que ha puesto tras las rejas. Sin mucho más qué perder, Matt busca al Kingpin, quien lo esperaba de antemano, para enfrentarlo cara a cara en una pelea mano a mano, no obstante, con la mente trastornada por la amargura y la ira desmedida, Murdock sucumbe ante los golpes de la mole de Fisk, que termina por quebrar su cuerpo, reflejo de su mente, entregándolo a las profundidades de un río para que languidezca hasta la muerte. Pero si de algo se puede estar seguro acerca de Matt Murdock es que, mientras tenga vida, hay una oportunidad más para luchar.

Con esta premisa nos sumergimos en lo que puede considerarse la historia por excelencia de Daredevil, el hombre sin miedo, y entendemos por qué el Diablo de Hell’s Kitchen no es un superhéroe. Él lo ha perdido todo, está roto física y mentalmente, sumido en un pozo de miseria y tormento, fácilmente podría abandonarse al odio, la locura y al frío consuelo de la muerte, unos cuantos latidos de su corazón lo separan de su tan anhelado descanso y su tan añorada paz, él considera dejarse llevar. Pero él vive y, con él, viven los esfuerzos y la valentía de todos los que algunas vez se han visto oprimidos por la injusticia, por el miedo y la desesperación, con él viven las esperanzas de quienes tienen fe en que la gente buena puede hacer la diferencia, con él vive el alma de una comunidad que, todos los días, lucha incansablemente por vivir pese a toda la maldad y todas las adversidades que la rodean. En busca del valor para continuar, Matt mira a su alrededor, más allá de él mismo, mira a los demás, a la gente buena, honesta, trabajadora, personas que son un héroe para alguien en alguna parte, él recuerda por qué empezó todo esto… y se levanta una vez más para iniciar el tortuoso ascenso a la montaña de Hell’s Kitchen. Él ha peleado gran parte de su vida para defender al indefenso, ahora es el momento en que debe pelear para defenderse a sí mismo y para volver a tomar su honroso lugar al lado de todos los luchadores cotidianos, quienes, con pequeños actos de valentía diarios, parafraseando a Tolkien, mantienen la oscuridad a raya.

En Born Again nos damos cuenta de que Daredevil no es un superhéroe. Sí, tiene habilidades superiores a las de un humano común, pero ahí no es donde radica su poder. Daredevil no es una entidad por sí misma, es sólo una faceta de Matt Murdock, aquel niñito que se quedó ciego por tratar de salvar a alguien, que quiso hacer la diferencia, que creció para convertirse en abogado y combatir la injusticia, quien se puso un traje de diablo rojo para enfrentarse al crimen y al mal personalmente, quien nunca, jamás, pese a todas sus caídas y a todos sus defectos, dejará de luchar. El superhéroe no es Daredevil, Matt Murdock sí lo es.

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