Invasor Zim y el poder de una serie de culto

Por S. Bobenstein

Cuando la serie animada “Invasor Zim” (“Invader Zim”, en inglés) vio la luz en el 2001, a través de Nickelodeon, sorprendió a propios y extraños, y es que el estilo de su creador, Jhonen Vasquez, tanto en narrativa como en dibujo, distaba mucho de ser el esperado para las animaciones que tradicionalmente se transmitían en el canal. Oscuro, mórbido, grotesco y con una grandísima dosis de humor negro, el mundo del invasor irken Zim, GIR, Dib, Gaz y todos los demás personajes de la serie, dividió a las audiencias entre los que consideraban que la caricatura era repulsiva y no apta para los niños asiduos al canal (salvo que se viera sometida a una implacable censura) y los que la aclamaron como una de las mejores producidas hasta la fecha.

Sea cual sea la postura que uno tenga con respecto a la animación, “Invasor Zim” se convirtió en una serie de culto pese a su corto paso por televisión, alcanzando un lugar en el panteón de Nickelodeon y dando origen a tres ediciones de la convención de fans “InvaderCON”, las cuales contaron con más de diez mil participantes, así como a una serie de cómics que continúa con la historia de la caricatura y se sigue publicando mensualmente hasta el día de hoy. Dado el nivel de éxito y aceptación que la serie finalmente se ganó entre el público, Vasquez y Netflix, en 2019, presentaron al mundo “Invasor Zim y el poder del florpus” (“Invader Zim: Enter the Florpus!”, como título original), película que funge como secuela de la animación, con el beneplácito de críticos y audiencia por igual.

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