C27

Por Jonathan Novak

—No vale la pena, Steve, no volverá a andar. —El androide de modelo C27 intentaba mantener enfocados los sensores oculares, sin embargo sólo uno permanecía acoplado a los servomotores faciales, el otro se encontraba unido a su unidad central solo por un cable plano.

Steve había obtenido el modelo C27, que ahora intentaba reparar, en una venta de garaje a las afueras de la ciudad. C27 se encontraba en malas condiciones aun entonces, para ese momento había sobrepasado las 76,000 horas de funcionamiento y su dueño original había conseguido un modelo más reciente.

“Serás una maravilla”, le había dicho Steve ni bien llegaron al taller. Con unas semanas de trabajo, C27 había recobrado gran parte de sus capacidades originales, Steve había cambiado juntos pistones y fluidos. La fuente de poder que residía donde un hombre tendría el estómago, había sido intercambiada de la tradicional de calcio a una de ácido plomo con el objetivo de darle más potencia a sus movimientos.

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Ero Den

Por Jonathan Novak

Era poco común ver un rostro desconocido en Ero y aunque los años y la distancia había hecho ariscos a sus habitantes, en Ero jamás se negaba ayuda a algún extraño.

Charles Gezur arribó al final del invierno, a bordo de un autobús cuya oxidada estructura había visto tiempos mejores. Su rostro marcado con arrugas mostraba un semblante prematuramente envejecido.

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Así hoy y el año que viene

Por Jonathan Novak

Dos de la tarde, jueves 24 de diciembre, en la oficina hicimos una pausa para llevar a cabo la ceremonial comida de navidad e intercambio de regalos. Doscientos pesos mínimo dijo Lupita, la secre del jefe, quien poco importa en el trajín del día a día; y es que la verdad, si no estuviera tan buena no tendría trabajo. Pero no importa, todos aceptamos con aparente gusto la propuesta, porque no hay nada mejor para levantar el compañerismo que invertir doscientos pesos. Sí, doscientos pesos porque ese es el mínimo y nadie va a gastar más. Por eso, todos con regalo en mano, llegamos al comedor burdamente decorado por Lupita, su otra habilidad. Todos entramos al cuartucho con sonrisas en el rostro, no por el intercambio o la comida, sino porque al terminar tenemos permiso para ir a casa temprano.
Los grupitos se forman, esos grupitos salidos de la secundaria. Los vulgares por un lado, soltando carcajadas estridentes. Por otro los jefes, tomando coca cola en copa de vino borgoña, como si aquello fuera una cena de gala; ahí al ladito de los jefes están el Omar, el Andrés, y la Socorro, el trío de monigotes, expertos en lamer botas y en reír de chistes malos. Allá en el fondo, las secres, admirando a Lupita por su finísimo gusto en la decoración. De momento, la única sentada es doña Silvita, la más trabajadora, la que le ha dado la vida a la empresa y probablemente recibirá un «gracias» en unos meses cuando se jubile. Leer más “Así hoy y el año que viene”

Singularidad

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Por Jonathan Novak

“Sólo hace falta un año estudiando inteligencia artificial para empezar a creer en Dios”.
Alan Perlis

—Sobresaliente. —Karaz se encontraba frente a ella mientras revisaba las desordenadas notas que Ada había acumulado con los años. Ella, por su parte, descubría al escuchar el cumplido, que el sentimiento que aparecía siempre que alguien alababa su último trabajo no era orgullo personal, sino que éste debía ser el mismo que el de un padre al ver a su hijo anotar un tanto en algún deporte. Umelí ya no era suya, y le entristecía saber que no todos comprendían aquel hecho.

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Son Hermanos

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Por Jonathan Novak

Hubiera sido difícil saber cuando perdió la consciencia. Sin dirección, el caballo siguió el sendero conocido por donde había caminado un día antes.
—Emperador, señor. —Primero, el sonido de las botas del joven guardia del este le trajo de vuelta al mundo. Sentía la garganta seca, pudo en esa mañana, sentir un dolor intenso, dolor que se negaría a abandonar su cuerpo durante algunos días.
El pequeño hombre, indeciso, miraba intercaladamente entre el cuerpo magullado del jinete, y el mismo caballo que apenas podía seguir caminando. Su mirada, llena de confusión intentaba hilar una parte de la historia aún perdida.

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El reloj del último día

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Por Jonathan Novak

El sonido de una sirena lejana se cuela por entre los maderos que tapian mi casa. Observo el extraño reloj de pulsera para comprobar el tiempo restante: doce minutos y treinta segundos. Alcanzo a escuchar el bullicio fuera, cristales rompiéndose, y gente gritando. En ocasiones, la fuente de dichos sonidos parecen provenir de apenas unos metros fuera de mi hogar.
—Este maldito reloj —pronuncio en un susurro.

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Media cara

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Por Jonathan Novak

Ya hacía un mes del inicio del invierno, los vientos gélidos azotaban la ciudad, las calles se encontraban bajo un silencio impuesto por gruesas bufandas y pesados abrigos, todos se preocupan de sus propios asuntos. Para Ellen aquello, aunque monótono, le parecía ideal. Nada la sacaba más de su zona de confort que atender a algún desconocido debido a simples nimiedades ajenas a ella. Por esta razón despreciaba tanto a la señora Lamb; la anciana ya retirada, era amante de regalar problemas a los habitantes de los departamentos del 1443 en North Prospect Avenue. Su última gracia había sido sacar a Nápoles, el gato de Lamb, a la escalera de incendios con el pretexto de ser «alérgica», una alergia claro, que todos en el edificio aceptaron desconocer.

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Ya nos toca

2017-11-15 Ya nos toca

Por Jonathan Novak

El abuelo Samuel siempre me acaricia la cabeza cuando voy a verlo, yo me siento a su lado y le platico cómo he jugado en el día; le cuento que me escondí de la señora grandota, y ella como siempre, enojada que porque no debería estar ahí.

El abuelo me pregunta «¿por qué has venido?», yo le digo que voy a verlo, y con sus ojitos cerrados sonríe.

Aquí todos llevamos las mismas ropas, a mí me gusta, aunque es raro ver al abuelo Samuel con su vestidote azul; el otro día le pregunté por qué usábamos esas ropas y él me dijo que eran para estar más cómodos. Yo le creo, a mí me gusta mi vestidito, es cómodo y rosa, y tiene muchos dibujitos de Minnie Mouse por todos lados.

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