La filosofía del existencialismo en el arco «La noche más oscura» de Linterna Verde.

Por: Aledith Coulddy

La noche más oscura: Panorama general.

“Hubo oscuridad. Luego, se hizo la luz y la lucha entre ambas comenzó”. Esta es la cita inicial de “La noche más oscura” y, con ella, el escritor Geoff Johns realiza el preludio de lo que el lector encontrará en los siguientes nueve números de uno de los arcos más importantes del superhéroe Linterna Verde.
    En esta historia, se ha creado una nueva facción de linternas negras, liderada por dos antagonistas principales, Nekron, que es la personificación del nihil o la nada y por Black Hand, su más leal súbdito.
    Ambos tratarán de revivir a todos aquellos que han muerto, para hacerlos parte de un séquito de seres que viven a merced de la voluntad de Nekron. Su único propósito es aniquilar y dejar al universo desprovisto de todo cuanto existe.
    Los superhéroes del universo DC, tratarán entonces, de contrarrestar esta fuerza creciente que va consumiendo a los personajes y los hace parte de la nada. Y con la unión de todas las facciones de linternas del universo, enemigas y amigas, intentarán derrotar a Nekron para volverle a dar un sentido al universo.

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Pokémon: Detective Pikachu

Regresando al mundo Pokémon

Por Jonathan Novak

Aún recuerdo el día que emitieron por primera vez la serie de Pokémon. En aquellos entonces, aunque ya dedicaba una buena cantidad de horas a los videojuegos, desconocía en absoluto la existencia del juego de RPG, creado para la GameBoy. Sin embargo, los comerciales de una nueva serie de anime que se transmitiría por televisión abierta no me pasaron por alto. Yo tendría seis o siete años el día del estreno, mi hermano y yo, salimos a jugar con los amigos de la cuadra, no sin antes pedirle a nuestra madre que nos hablara a la hora del nuevo programa. Así lo hizo, la tarde ya estaba entrada y no faltaba mucho para que anocheciera, mi hermano y yo nos dirigimos a nuestro cuarto y encendimos el televisor. Por un breve momento escuchamos la canción del inicio y, la voz de un narrador, nos inició en el mundo Pokémon.

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Una mirada al mundo de Battle Angel Alita

Por Jonathan Novak

Battle Angel Alita, manga creado por Yukito Kishiro entre los años 1991 y 1995, es una obra de ciencia ficción que relata las aventuras de Alita (o Gally, como se le llamaría antes de la traducción occidental), una chica Cyborg, dulce y con un alto grado de moralidad, la cual es encontrada en el “basurero” por el doctor Daisuke Ido. Luego de una lenta reconstrucción, Ido toma una posición paternal con Alita, quien a pesar de su inocencia, y llevada por el deseo de saber quién fue antes de acabar en el basurero, deberá buscar, a través de la ciudad de la chatarra, pistas que le ayuden a recuperar aquello que ha perdido.

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El cuerpo

Por Aledith Coulddy

Pablo tuvo un cuerpo. No era un cuerpo destacado en ninguna de sus formas; era más bien regordete y apenas lograba sostenerse. Lucía pliegues en las muñecas y tobillos y poseía una piel muy tersa y pálida. Del cuerpo salían sonidos guturales y Mamá venía corriendo a ver qué le sucedía al pequeño Pablo. Entonces Mamá le daba leche o le tarareaba alguna canción de cuna. Era un cuerpo que ciertamente cumplía su función y satisfacía las necesidades básicas de Pablo.

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La realidad según The Matrix

Por S. Bobenstein

¿Qué es la realidad? Quizás lo primero que te viene a la mente es que “lo real” es todo lo que existe en el mundo que se puede percibir con los sentidos, pero sabemos que los sentidos pueden ser engañados, incluso pueden ser adaptados para aceptar “realidades falsas”, y, cuando la realidad no es algo claro, ¿cómo podemos estar seguros de qué sigue siendo real y qué no? ¿Qué tal si todo lo que consideramos “la realidad” no fuera más que una ilusión, o peor, una prisión?

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Violencia

Por Jonathan Novak

Y antes de que la última pieza de compuerta metálica cayera por completo, el chillido agudo, como de cerdos siendo sacrificados, se intensificó. Tan pronto la placa metálica de diez centímetros de espesor cayó hacia el lado opuesto de donde nos encontrábamos, fuimos capaces de verlos. Seres de pieles negruzcas corrieron presurosos hasta el extremo opuesto de la sala a la que habíamos accedido. Con cuatro extremidades inferiores y dos más superiores, los seres corrían horrorizados.

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Precipitación

Por Jonathan Novak

Nana mira desesperada la espalda de la dama sentada en la ladera de cristal del edificio. Su cuerpo que se encontraba cayendo desde el piso cuarenta y dos, se detuvo súbitamente a pocos instantes de haber dado el salto.

—No entiendo, eres una niña muy linda. —La delgada dama reposada sobre una fina silla de caoba con tapicería de color carmín, mece la pierna derecha cruzada sobre la izquierda de manera nerviosa. Nana logra ver que su acompañante tiene un delgado cigarrillo a medio fumar entre el dedo índice y el corazón—. Con diecisiete años y de esta manera señorita… —continuó la dama—. ¿No pudiste haber elegido algo menos… agresivo?

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También por la madre Rusia

Por Oscar Valentín Bernal

“Para nosotros, los soldados y oficiales
del ejército 62, más allá del Volga no hay tierra.
Vamos a luchar hasta la muerte”.
—Vassili Zaitsev—

Vassili Zaitzev estaba sentado junto a una ventana en el edificio en ruinas que habían tomado por cuartel. Tenía el cañón del rifle apuntando a la calle y un cigarrillo a medio consumir descansando sobre un cenicero improvisado con una lámina retorcida, la cual permanecía al alcance de su mano. Cuando escuchó el ronroneo creciente de un motor, sus dedos se tensaron sobre la culata del arma y el gatillo. Aquel sonido lo ponía nervioso.
De pronto, vio pasar fugaz al bombardero Túpolev, sobre su escondite; iba perdiendo altitud demasiado rápido. El piloto forcejeaba con el motor en llamas, intentando elevar el enorme pájaro moribundo que se negaba a obedecerle.
El aterrizaje sobre la avenida fue catastrófico. No pasó mucho antes de que Mijhail entrara a la habitación, se aclarara la garganta y le hablara:
—Zaitzev… ¿sabes quién va en ese avión?
Vassili lo sabía. La llegada de aquel hombre a Stalingrado había sido un secreto pésimamente guardado desde hacía días.
—Tú y tus francotiradores son la última división que queda en la zona, esta ciudad se está yendo al infierno —dijo Mijhail sin poder ocultar en su voz el nerviosismo que las implicaciones de la caída de aquel avión le provocaban.
Vassili lo evaluó unos momentos y se dio cuenta de que no tenían opción, negarse a acudir al rescate sería considerado por sus superiores traición a la patria, sin importar lo riesgoso que fuera cruzar el campo de batalla.
—Vamos para allá, camarada Capitán —dijo con la voz enronquecida.
Dio una última calada al cigarrillo, luego atravesó la puerta con el rifle colgado del hombro.

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Debí saber que así Luciría el presente

Por Aledith Coulddy

Voy a arriesgar por ti todo.
Sin reproche al destino, sin reproche al pasado. Ni a nuestros caminos que un buen día se vieron unidos. Aunque no fuera plausible el amarnos, en un tiempo donde no lo entienden, en un lugar donde no lo permiten.

—Aledith Coulddy

Debí saberlo. Desde el momento en el que te paseabas por los pasillos del colegio con tu cabellera roja ardiendo al viento, debí saberlo.
Nadie tiene un cabello tan rojo solo porque sí, pero, Lucía Almeida, tú lo tienes. Y tienes también unos ojos tan azules que podía ver mi reflejo a través de ellos.

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El espíritu del universo

Por S. Bobenstein

Un tono grisáceo teñía al pueblo y a todos sus habitantes pese a que el sol ya estaba en posición de mediodía, las nubes eran demasiado densas para dejar pasar la luminosidad del astro, contribuyendo a que las tétricas casas y los rostros curtidos de las personas semejaran a las formas monstruosas de las gárgolas. Había una aglomeración en la plaza principal, frente al templo de piedra en el que, en la cima de su campanario, se elevaba una cruz de hierro; se había dispuesto el lugar de honor a la derecha del templo para los nobles y el pequeño clero encargado de la parroquia, consistente de un sacerdote añejo y un fraile no mayor de veinte años. Todos descansaban en una tarima de madera elevada con asientos tallados y mullidos cojines. La muchedumbre se apiñaba alrededor de la plaza, en donde un verdugo hacía los últimos preparativos para la ejecución: en una esquina alejada refulgía una antorcha mientras él acomodaba paja seca alrededor de una estaca central con sumo cuidado, regando con brea aquí y allá, para que todo ardiera correctamente, según las instrucciones de sus superiores.

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