La puerta falsa es un proyecto dirigido por cuatro escritores mexicanos, cuyo objetivo es la difusión, creación y análisis de literatura, cine y todo arte relacionado con la ficción y narrativa. Desde Guadalajara, Jalisco para todo el mundo.
Algernon Blackwood fue un escritor inglés, considerado uno de los mejores en el género del horror y la fantasía y cuya obra inspiró al mismo H. P. Lovecraft.
Durante su vida, Blackwood viajó por el mundo desempeñando diversos trabajos, desde el periodismo en Nueva York, hasta la minería en Alaska.
Su estilo de escritura es sugerente, encaminado a producir asombro en el lector, mediante el uso de atmósferas bien desarrolladas en las que se advierte la admiración del escritor por el mundo natural y se vale de su conocimiento del mismo para infligir verosimilitud a su prosa.
Las películas bélicas, específicamente las relacionadas a La Gran Guerra o a la Segunda Guerra Mundial, siempre conllevan un gran atractivo dado las hazañas épicas de sus protagonistas o el ya famoso «basado en hechos reales».
Mirar los estragos de algo tal como esos eventos y los hechos heroicos de sus protagonistas embargan de empatía, euforia y sentido de justicia. Al final de cuentas, en muchas narraciones, el clímax y punto álgido se alcanza en escenarios de batallas; una película cuyo contexto entero se desenvuelve dentro de una guerra, por lo tanto, si no posee momentos de descanso, se percibe como un acúmulo de emociones que se van acrecentando.
1917, de Sam Mendes, es una muestra de lo anterior. Un viaje de apariencia simple dentro de un mundo al que lo ha invadido el desorden y la barbarie de la guerra.
Abordar esta obra maestra es hablar de dos aspectos principales: el guion y la cinematografía.
Tanto la ciencia ficción como la fantasía son géneros de la narrativa de ficción. Ambos poseen un buen número de subgéneros y un repertorio amplio de obras de renombre y, aunque parecen mundos muy distintos, suelen encontrar temas en común donde la línea de uno y otro se vuelve borrosa.
Probablemente habrán escuchado decir que la saga de “Star Wars” no pertenece al género de la ciencia ficción, la primera vez que uno escucha esto suele extrañarse pues, con elementos de la ciencia ficción como: naves espaciales, cañones de protones, o sables láser, estas películas deberían, sin duda, pertenecer al género. Entonces ¿qué hace que “Star Wars” no sea realmente una película de ciencia ficción? Para llegar a la respuesta a esta pregunta, usaré una de mis películas favoritas que contiene elementos tanto de fantasía como de ciencia ficción.
Los estudios Marvel, pese a lo que cualquiera pueda opinar de ellos, son los responsables de popularizar los universos cinematográficos compartidos. Veintitrés películas y miles de millones de dólares en ganancias son la prueba de que dichos ardides son, por decir lo menos, redituables. No resulta raro que otros dueños de personajes y franquicias potencialmente miscibles hayan tratado de imitar el éxito del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), así, tenemos los intentos de DC (con personajes tales como Superman, Batman y la Mujer Maravilla), Sony (con Spider-Man, Venom y, próximamente, Morbius), Fox (X-Men y Deadpool) y Legendary (Godzilla y King Kong); si algo tienen en común todos estos competidores es que no han logrado ni por asomo la cohesión ni la calidad narrativa que el UCM ostenta, mucho menos han alcanzado la altísima marca de recaudación.
Quizá el ejemplo más lastimoso y condensado de los errores que evita que haya algo que se le compare a “La saga del infinito” puede encontrarse en el intento de Universal Studios con su efímero Universo Oscuro, el cual sólo contó con una sola entrada, “La momia” (Alex Kurtzman, 2017), antes de ser cancelado. ¿Cómo es que algo con tanto potencial, con una rica base histórica y narrativa, con monstruos clásicos y queridos por todos como Drácula, la momia, Frankenstein, el hombre invisible, el hombre lobo, entre otros, se haya venido abajo con tan sólo una película? La respuesta es sencilla y aplicable a todos los ejemplos antes mencionados: “quien mucho abarca, poco aprieta”.
Underwater es una película reciente de suspenso, terror y ciencia ficción, con un tono muy parecido a Alien, dirigida por William Eubank y protagonizada por Kristen Stewart. La cinta trata de una estación de excavaciones submarina que sufre una misteriosa falla y su tripulación se ve obligada a buscar una salida.
El pasado domingo, el comediante, guionista y director británico Ricky Gervais, fue el presentador de una nueva edición de los Golden Globes, una de las ceremonias de premios menos fidedignas a la hora de reconocer el verdadero talento.
Como todos los años, de las partes más atractivas de este tipo de eventos, que cada vez pierden más audiencia y credibilidad, está la polémica que gira en torno a la misma entrega de los premios: ver quién, según el público conocedor, merece o no un galardón siempre es interesante, puesto que inunda las redes sociales de material qué comentar. Luego están los discursos de los ganadores, que a veces son aprovechados para enfatizar aspectos de sus propias posturas políticas y sociales, un tema que muchos han encontrado cuestionable a lo largo de los años y, finalmente, los monólogos de los presentadores en turno.
Nadie puede negar que la tecnología ha cambiado para bien un sinnúmero de campos. Los videojuegos, dependientes eternos de la tecnología de su tiempo, no han sido la excepción, pero el avance rara vez es un proceso blanco o negro, por esta misma razón, entre las gamas de grises se suele perder parte de la experiencia, así pues, de la misma manera que extrañamos el olor distintivo de un libro en los modernos e-readers, algunos elementos clásicos de los videojuegos se han extraviado en gran medida con el avance de la tecnología.
Si hay algo por lo que vale la pena el inicio de un nuevo año y que puede hacer más llevadera la “cuesta de enero”, eso es la temporada de premios hollywoodenses. Para los fanáticos y los que hacen su vida en el séptimo arte, las fechas de las entregas de los “Globos de Oro”, los “SAGs” y los “Oscar” son prácticamente días sagrados; si bien es cierto que se le da mucha importancia al glamour y a las frivolidades del mundo de la farándula, es la apreciación de la excelencia en el desarrollo de las ciencias y las artes cinematográficas lo medular en estas ceremonias y, aunque estos premios no son precisamente los más prestigiosos o fidedignos en la industria, sí son los que tienen mayor impacto en las carreras y el éxito de todos los galardonados, ya que tienen una influencia sin parangón a nivel mundial. Además, ¿por qué no reconocerlo?, siempre es divertido ver las faramallas que suceden durante las entregas y los escándalos que pudieran ocurrir (seguro que los responsables de La La Land aún siguen soñando con ese error…).
Este año han visto la luz estrenos muy esperados para la pantalla grande, hemos tenido cierres de grandes ciclos como la saga de Skywalker de Star Wars y la batalla de los Avengers contra el titán loco y sus gemas del infinito. Tuvimos un par de live actions de Disney, el cierre de la versión de It de Muschietti, entre muchas otras. Algunas de las películas que vimos este año fueron obras maestras del séptimo arte, otras, como es inevitable, nos quedaron a deber.
Estas son las películas que en lo personal más disfruté este 2019, cintas en las que encontré además de un rato de diversión, algo de inspiración:
Pese a que tanto «Parásitos» y «El faro» ya han sido estrenadas previamente en diversos festivales de cine y salas de arte, donde adquirieron el reconocimiento generalizado, las cadenas de cine comercial, apenas hace unos días, las hicieron parte de su catálogo. En México, la primera tuvo su primera función el pasado 25 de diciembre y la segunda tuvo su debut este 1 de enero.
Siendo consideradas dos de las mejores producciones del 2019 y con un fuerte augurio de múltiples nominaciones en la próxima temporada de premios, podemos entender, después de haberlas visto, el por qué es así.