El único problema es la elección: Una mirada a “El huésped” de Camus

Por S. Bobenstein

Albert Camus se sorprendía tanto como el mismo Jean-Paul Sartre cuando los ponían a ambos en el mismo saco, el de los existencialistas. Si bien Camus negó rotundamente su adherencia a esta corriente filosófica, es innegable que su obra literaria está impregnada de ideas que, cuando menos, coinciden en ocasiones con las expuestas por Sartre y los precursores del existencialismo, más específicamente el “absurdismo” que el Premio Nobel de Literatura de 1957 enarbolaba como estandarte.

El cuento “El huésped”, publicado como parte de la colección “El exilio y el reino” en 1957, puede ser usado para ejemplificar la “confusión” de encasillar a Camus como un existencialista, puesto que el tema de la obra, además de las alusiones hacia las posturas que él tenía sobre los conflictos de la época, se centra en la elección, la única forma de tomar alguna clase de control sobre la aterradora inevitabilidad de la existencia.

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La batalla de Point Pleasant

Por S. Bobenstein

Ya no faltaba mucho para que la rotación nocturna de la doctora Amelia Callahan terminara. La unidad de urgencias médicas del pequeño hospital general de Point Pleasant no recibió ninguna eventualidad esa noche, como casi todas las demás, aunque el personal de guardia hubiera agradecido algo de acción para que las horas pasaran con mayor rapidez en aquel ambiente aséptico, monocromático y monótono. Amelia, ataviada con bata blanca y traje quirúrgico azul marino, con su largo cabello oscuro recogido, se encontraba en su cubículo/consultorio inmersa en una antología de Camus, sentada con las piernas extendidas apoyadas sobre un banquillo para exploración, ya había dormido un par de horas luego de la medianoche y no le gustaba que el «amanecer hospitalario» la encontrara todavía inconsciente en un charco de su propia saliva, debido a su costumbre de mantener la boca abierta durante el sueño profundo. A través de las persianas de la pequeña ventana rectangular del cubículo, la oscuridad del cielo nocturno aún no era perturbada por el alba, ya no se veía la luna, pero las estrellas refulgían en todo su esplendor por encima de la vegetación boscosa que rodeaba a aquel pueblo de Virginia Occidental.

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“Finales felices”: un ejercicio narrativo de la autora Margaret Atwood.

Por Aledith Coulddy

En menos de dos días, la Academia Sueca dará a conocer públicamente los ganadores del Premio Nobel de Literatura. Este año, y por única ocasión, dos escritores serán galardonados. Esto se debe a que en el año 2018, se canceló la ceremonia de premiación debido a escándalos sexuales e irregularidades dentro de la Academia, por lo que se postergó dicho reconocimiento al presente año.

Una de las autoras favoritas para recibir el Nobel este 2019 es Margaret Atwood, prolífica escritora canadiense, nacida en 1939, que es ampliamente conocida por su trabajo dentro del campo de la literatura, además de sus acciones en el activismo en defensa de las aves y por ser la autora de una de las obras más reconocidas de los últimos años: “El cuento de la criada”.

Si bien son muchas las razones por las que alguien como Atwood podría ser la galardonada el próximo jueves, este día les presentamos un ejercicio narrativo conciso pero brillante que la autora publicó en el año de 1983.

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Drácula: el espíritu de la época a finales del siglo XIX

Por S. Bobenstein

La luna llena imperaba en el cielo nocturno, su luz, tan penetrante como fantasmal, apenas era opacada por las sombras de unos cuantos jirones de nubes que se desplazaban parsimoniosamente al ritmo del silbido del frío viento del este. Bañada por la fuente plateada del astro, en la cima de una colina escarpada, la silueta de un magnífico y derruido castillo coronaba un paraje desolado, poblado por rocas puntiagudas, cadáveres de árboles que otrora fueron frondosos y el tenue sonido de las criaturas de la noche a lo lejos. Un viajero incauto, imprudente al haberse dejado sorprender por la noche durante su viaje, se acercaba por el sendero principal de la entrada del castillo en busca de refugio contra los peligros de la intemperie, no sin cierta reserva, temeroso de esa sensación detrás de su cabeza y dentro de su abdomen, esa certeza de que “algo no está bien”, mas era preferible la protección de los muros y la oscuridad a la merced de las bestias y el clima.

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Sully Sullenberger: un héroe llevado a la pantalla grande

Por Aledith Coulddy

El 15 de enero del año 2009 el capitán Chesley Sullenberger, acompañado del copiloto Jeff Skiles despegaron del aeropuerto de LaGuardia en la ciudad de Nueva York con destino a Charlotte.

Era una típica mañana de invierno en la Gran Manzana con las condiciones, si no ideales, necesariamente adecuadas para un vuelo sin contratiempos. El cielo despejado y los pilotos experimentados no auguraban más que otro vuelo de rutina y, sin embargo, una parvada de gansos canadienses entretejía en sus alas un plan que distaba mucho de lo predicho anteriormente.

Ese día de enero, se escribió una de las hazañas aéreas más conocidos de la época moderna cuando el vuelo 1549 de la US Airways logró amerizar exitosamente a manos del entonces piloto de 57 años y su copiloto de 49 en uno de los ríos más conocidos y transitados del mundo, el Hudson.

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El sonido de la oscuridad del cosmos: La música de Erich Zann

Por S. Bobenstein

La música es uno de los lenguajes universalmente entendidos por todos en el planeta Tierra, capaz de evocar ideas, emociones, imágenes e intenciones tanto o más como todas las otras expresiones artísticas. Podríamos dar la vuelta al globo y, en cada rincón donde habitan humanos, encontraremos desde los más rudimentarios ritmos de percusión hasta las más complejas y cautivadoras sinfonías, pasando por todos los géneros autóctonos de cada región y país, incluso de cada época y grupo sociocultural; existe música tan variada como cuantos humanos han existido y ritmo, melodía y armonía son tan parte de nosotros que podemos encontrarlos hasta en nuestro propio cuerpo, en los latidos del corazón y en la acompasada respiración.

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El arma de Chéjov: un recurso narrativo indispensable

Por Aledith Coulddy

Anton Chéjov, nacido en Rusia, fue uno de los dramaturgos y cuentistas más prolíficos del siglo XIX. Con gran experiencia narrativa, le regaló al mundo literario obras cargadas de calidad, pero no sólo eso, sino que otorgó uno de los recursos literarios más conocidos y que, a pesar de parecer obvio, aún es motivo de tropiezos en algunos escritores.

El arma de Chéjov habla acerca de los elementos que conforman una narración ficticia en cualquiera de sus formas; en específico, nos dice que todos los elementos que han de encontrarse en una historia deben servir a un propósito, de otro modo es mejor quitarlos.

En sus palabras, Chéjov recalca lo siguiente: “Si en el primer capítulo hay un arma colgada en la pared, en el segundo o tercero debe ser disparada. De otro modo, el arma no debería estar ahí”.

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“5cm por segundos”: Hablemos de distancia

Por Jonathan Novak

Lanzada en 2007, “5 centímetros por segundo” es uno de los primeros largometrajes de Makoto Shinkai. 

En esta colección de tres historias cortas, Makoto Shinkai hace una analogía entre la velocidad con la que caen los pétalos del árbol de cerezo y la distancia entre los individuos. En “5 centímetros por segundo”, se nos cuenta la historia de Takaki Tōno y Akari Shinohara, dos jóvenes que se conocen en la primaria y los cuales conectan de una manera especial.

La temática, sin embargo, es la distancia y con cada episodio de esta historia, el espacio entre los chicos crece.

De una duración relativamente corta, unos minutos por encima de la hora, esta película cumple con el objetivo de transmitir su mensaje, al abordar tres etapas de la vida, la primaria, la preparatoria y la vida de adultos.

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“Eso es arte… ¿verdad?”: Avelina Lésper y el fraude del arte contemporáneo

Por S. Bobenstein

Desde la época de las cavernas, los seres humanos hemos tenido la necesidad de expresarnos artísticamente, puesto que dentro de todos existe un universo de ideas y experiencias, entremezcladas con sentimientos y emociones, que bullen y luchan por pasar al mundo real y por expandirse a otras mentes afines… o porque, simplemente, necesitan ser expresadas por el bien del alma del artista. Si revisamos la historia y evolución del arte, desde las pinturas rupestres hasta las obras generadas por medios digitales, podemos encontrar grandes ejemplos de lo que algunos alcanzaron gracias a su genialidad, obras insignia de la potencialidad humana y prueba inmutable de la riqueza mental y espiritual del artista, sin embargo, si la estética existe como rama de la filosofía es porque tenemos un gran problema: cada uno tiene su propia y muy particular definición de “arte”, de lo “hermoso”, de lo “horrible”, de lo que nos gusta y nos disgusta, de lo que nos hace reflexionar al contemplarlo o nos pone a bostezar. Y es que, finalmente, todos sabemos qué es lo que nos agrada y qué nos disgusta, todos tenemos derecho a ello, pero, parafraseando a Hume, aunque todos podamos admitir con honestidad lo que nos gusta (y no podemos equivocarnos en ello, puesto que se trata de algo meramente subjetivo) debemos tener cuidado en no confundir “me gusta” con “está bien hecho”.

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Tetris: su travesía a través de la Guerra Fría

Por Aledith Coulddy

La Guerra Fría fue un conflicto político e ideológico que se suscitó unos años después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 aproximadamente y cuyos participantes principales fueron Estados Unidos y la Unión Soviética, con sus respectivos aliados.

Lo último que podemos asociar a esta clase de eventos históricos es la creación de videojuegos, pero fue precisamente Tetris aquél que se desarrolló dentro de este contexto y que logró expandir su fama y reconocimiento a lugares más lejanos y años posteriores.

Creado en 1984 por el ruso Alexey Pajitnov, este videojuego fue nombrado como tal por una combinación de dos términos: “Tetra” que hacía referencia a los cuatro cuadrados de los que estaba compuesta cada ficha del juego y “tenis” el deporte favorito de Pajitnov. 

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